Mi espacio
Al llegar a casa, aluciné. Mi padre había hecho limpieza en el garaje y lo había dejado increíble. Al fondo, el piano de mi madre brillaba tanto que parecía nuevo; daban ganas de sentarse a tocar.
—Esta mañana ha venido el afinador —me informó con una sonrisa—, y ya puestos, mientras él afinaba, he arreglado el desastre.
Las estanterías estaban vacías, la mesa de mi madre despejada y, en medio de todo, había puesto una alfombra vintage chulísima.
También había llevado varias sillas que no usábamos en casa y unas lámparas geniales.
Lo mejor de todo era que, al lado de la ventana, justo donde yo lo había imaginado, había colocado un sillón viejo y desgastado que me encantaba; quedaba genial.
Me visualicé en él super a gusto con una mantita, hecha un ovillo y estudiando o escribiendo…
¡Qué fantasía!
—Estoy flipando, papá —dije emocionada—. Te ha quedado increíble.
—Gracias —contestó sonriente—. Te he dejado ahí un par de cajas con cosas tuyas, por si quieres rescatar algo.
—Claro —le dije, abrazándolo entusiasmada—. ¡Papá! ¡Eres el mejor!
—Ya lo sé —dijo guiñándome un ojo.
Me pasé la tarde llevando cosas de mi habitación al garaje, decorando cada rincón y poniendo detallitos top.
Al atardecer, me senté en el sillón para echar un vistazo al último par de cajas que quedaban.
En una encontré unas pulseras de hilo del Music Camp , unas pegatinas de Hello Kitty de hace mil años y, en el fondo, varias fotos de un par de veranos atrás, cuando a Lucy le regalaron la Polaroid.
Se me hizo un nudo en la garganta al verlas y, tonta de mí, se me ocurrió entrar en su perfil de Instagram.
¡¡¡ERROR!!!
Había subido varias historias. En todas salía con el uniforme de su cole nuevo —ni siquiera me había contado que no iba a un instituto como el mío, sino a un cole de uniforme—.
Había una en el parque con tres chicas que debían de ser sus nuevas amigas, otra en un cumpleaños abrazada a un chico y otra más con las de su clase.
Todas con comentarios del estilo La mejor , Reina , No cambies nunca .
Me quedé mirando la pantalla con una mezcla de rabia, celos, tristeza… y esa sensación horrible de que ella ya tenía una vida nueva y de que yo sobraba. Era como si hubiera borrado todo lo nuestro de un plumazo.
Era una mierda
Y lo peor era que, aunque quisiera hacerme la fuerte, no sabía cómo dejar de sentirme así. ¿Cuándo iba a dejar de dolerme tanto ver que Lucy estaba bien sin mí? ¿Cuándo iba a atreverme a escribirle de verdad y decirle lo que sentía?
—¿Se puede? —preguntó mi padre, golpeando la puerta con los nudillos.
—Sí, claro, está abierto, papá.
—¿Estás bien? —preguntó al verme los ojos llorosos.
—Sí, sí…, es que al sacar las cosas de la caja… el polvo…, ya sabes.
Sí, seguro…
—Ha quedado bien. —Agradecí que cambiara de tema, sin insistir.
—Lo hemos dejado brutal, ¿eh? —respondí, intentando que mi voz sonara normal.
—Pues toca celebrarlo —sonrió—. ¿Qué tal si pido unas pizzas y vemos una peli en el sofá?
—¡Planazo!
—Llamemos a mamá primero —dijo, sacando el móvil para hacer una videollamada. Ella alucinó con el garaje; nos repitió varias veces que había quedado espectacular.
—Ya ves —contesté, parándome junto al piano—. Y ya está afinado.
—¡Qué ilusión, Bequi! Me encanta, cariño. Lo necesitabas, ¿no?
—Sí…, será mi lugar para componer, estudiar, para pensar… y para no pensar también —añadí, riéndome.
—Entonces ya tiene todo lo que necesitas —dijo.
—Solo me falta un perro que se tire aquí, en la alfombra, mientras toco.
—Bueno… —sonrió con esa cara, mezcla entre seria y alegre, que ponía siempre que sacaba el tema del perro.
Estaba preparada para que me dijera que tener una mascota era toda una responsabilidad, que teníamos que dedicarle tiempo y mucho cariño, pero esa vez no me lo dijo—.
Me alegra verte tan contenta, mi vida. Os quiero.
Antes de apagar las luces y salir detrás de mi padre, hice una foto del garaje. En cualquier otro momento se la habría mandado a Lucy, porque ella siempre era la primera a la que le enseñaba todo. Pero esta vez me di cuenta de que la persona a la que de verdad me apetecía enseñársela era Pablo.
Yo
Miraaa.
Pablo
Guau, ¿es el garaje? Está guapísimo.
Yo
Aquí voy a componer mis hits.
Pablo
¡¡Espero que me invites a los ensayos!!
Yo
Obviooo, tú eres público VIP.
Pablo
¿VIP? Me muero. Ya no tienes excusa para no sacar temazos.
Yo
Literal, no tengo escapatoria.
Sonreí, apagué las luces, con la sensación de que en ese garaje-estudio- chill iban a empezar a pasar cosas importantes.