El poder oculto (Luna 2) Capítulo 16
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Capítulo 16

Nada sucedió.

—¿En serio? —exclamó Uma—. ¿Dónde están nuestras cuatro espadas?

—¿En qué momento íbamos a tener espadas? —respondió Naia.

—No sé —dudó, encogiéndose de hombros—. Jess dijo que se transformaban en algo.

—Yo me lo imaginaba más bien como cuatro lanzas superafiladas…

—O cuatro pares de estrellas ninja —añadió Assia, fantasiosa.

Lena suspiró, aliviada. Le daba igual que los anillos no se convirtieran en nada. No les hacían falta. Ese era el verdadero aprendizaje que habían conseguido.

Y, sin embargo…, había algo que todavía la inquietaba. ¿No era demasiado trabajo para algo que habrían podido aprender de otra manera?

Se apartó de sus amigas, que seguían enumerando las armas con las que les gustaría contar, y miró a la oscuridad.

Y encontró un punto rojo. La señal de una cámara de vídeo.

—Chicas —advirtió—. Nos están grabando. ¡Apartaos!

De la oscuridad salió Júpiter, cargando una pequeña cámara portátil.

De inmediato las LUNA se agruparon delante de la chica inconsciente.

—¡Es como estar en un reality! —susurró Uma, y a Naia se le escapó una risita nerviosa.

—Sí, sí, reíd —les dijo él señalando a su espalda.

Lena se volvió sabiendo lo que iba a ver. Esperó sentir temor…, pero este no acabó de llegar. Las cosas habían cambiado.

—Hola, Mercurio —lo saludó haciendo un gesto para que él viera la joya en su dedo—. Como puedes ver, he recuperado mi anillo. Aunque imagino que ya lo sabes… Apuesto a que has estado mirando todo el tiempo.

—No lo sabes tú bien —respondió él con aquella sonrisa de cocodrilo que le ponía los pelos de punta.

—No nos das miedo —la apoyó Naia—. Somos cuatro y tenemos los anillos, y vosotros solo sois dos cobardes. ¡Podemos venceros!

—Eso es —asintió Lena—. Ahora no tienes un ejército de niñas que trabajen para ti.

—Uy, en eso te equivocas. ¡No habéis entendido nada! —respondió él haciendo un gesto hacia la chica que descansaba en el suelo tras ellas—. Ellas me importaban un pimiento. Vosotras sois lo que realmente quería conseguir. Mis presas, desde el principio.

—¡Jamás trabajaremos para ti! —bufó Lena.

—Uy, ya lo creo que sí. Júpiter, ¿quieres hacer el favor de enseñárselo?

Este le dio la vuelta a la pantalla y pulsó un botón.

Estaban lejos, pero no tanto como para no reconocer lo que les mostraba: la primera batalla que habían librado en el vestuario del polideportivo.

Después enseñó la pelea en el despacho de Mercurio en COSMO y, por último, las escenas sucedidas unos momentos antes.

—Disponemos de pruebas suficientes para mostrar al mundo entero quiénes sois en realidad.

Y, por muy monas que os creáis, no penséis que la gente a vuestro alrededor reaccionaría bien al saber que tenéis poderes…

paranormales —anunció Mercurio—. Ah, y antes de que se te ocurra intentarlo, Assia, las cámaras con las que os he grabado son como la que tiene Júpiter.

Antiguos cacharros sin conexión a internet, no se pueden hackear.

Assia apretó los dientes.

—No tenemos miedo de lo que pueda hacernos, ¿a que no, chicas? —se defendió Lena.

—Ah, pero ya contaba con eso —respondió Mercurio—. Aunque habrá otra gente a la que os preocupe que me acerque…

Sacó su teléfono móvil y les mostró en la pantalla otro tipo de imágenes: fotos de Xiomara y Jaime haciendo la compra, de los padres de Assia trabajando, de las madres de Naia en un avión, de Martín en el rocódromo…

—¡Eres una sucia rata! —gritó Lena.

Mercurio se rio.

—Tranquilas, chicas. Solo yo tengo acceso a este material, así que, mientras me tengáis contento y hagáis lo que os pida, todo irá bien.

Solo él…

—Uy, Mercurio —sonrió Lena imitando su irritante mueca. La sonrisa de él se ensanchó, disfrutando del momento—. Entonces nos lo has puesto muy fácil. Si eres el único que tiene acceso a todo este chantaje, solamente tenemos que acabar contigo.

—Mira que te gusta hacerlo difícil —le dijo Mercurio.

Ella se preparó para luchar.

—¡Los anillos! —gritó entonces Assia.

Las cuatro joyas celestes se habían iluminado. Y comenzaron a transformarse.