El poder oculto (Luna 2) Prólogo
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El poder oculto (Luna 2)

El poder oculto (Luna 2)

Por Marina Aguirre

© inepub.com

Prólogo

Chispeaba y hacía un buen rato que había caído la noche.

Lena se apretujó el plumas nuevo y maldijo una vez más mientras caminaba pegada a la pared, bajo los balcones, refugiándose de la lluvia.

¡Uma se había vuelto a escaquear de bajar a comprar arena para Tigre y Mochi!

Para jugar con ellos haciéndolos correr detrás de un palito con una pluma siempre tenía tiempo, pero cuando se trataba de cambiar el arenero…

—Ahora no puedo bajar, que tengo el pelo mojado —le había dicho con cara de inocencia cuando Lena le enseñó la bolsa de arena vacía. ¡Vaya morro tenía!

La lluvia amainó y la luna asomó por entre jirones de nube. El bazar estaba cerca y ella se había puesto el abrigo sobre la ropa de estar por casa, pero el frío de noviembre se le colaba en los pies. Apretó el paso y cruzó por delante del parque. No había ni un alma.

¿O quizá sí? De pronto sintió en la nuca que alguien la estaba observando entre los árboles. El corazón se le aceleró. Miró hacia atrás. No había nadie más en la calle.

Se obligó a respirar despacio. Podía ver el vaho que escapaba de su boca.

Sabía que eso pasaría, tarde o temprano.

Lo llevaba esperando desde semanas atrás, desde que las LUNA vencieron a Júpiter…

y este escapó. Los malos siempre regresaban.

Y, desde entonces, ella se sobresaltaba cada vez que le parecía ver un movimiento extraño por el rabillo del ojo.

Vivía en un estado de continua alerta. Claro que, a diferencia de sus amigas, tenía años de experiencia viviendo intranquila, entre orfanatos y casas de acogida.

Y de repente, estaba segura, había llegado el momento. Júpiter había ido a por ella.

Una cosa era enfrentarse a él con sus amigas, y otra muy diferente hacerlo sola y de noche.

Pero ella era la luna llena. Su poder era la luz.

Y la luz no teme a la oscuridad.

Lena se volvió hacia el parque con los puños apretados e iluminados. La negrura se extendía entre los árboles.

—¡Sé que estás ahí! —gritó—. ¡Y no tengo miedo!

Nadie respondió.

¿Quizá solo era su imaginación? ¿Se estaba trastornando?

Por si acaso, lanzó un pulso de luz hacia los árboles. Valía más asegurarse.

No había nadie.

Suspiró y se dio la vuelta sacudiendo la cabeza. Tenía que intentar serenarse…

Y entonces la vio.

Frente a ella, parada en medio de la carretera, había una figura encapuchada.

La reconoció al instante. No era Júpiter. Era una de las figuras encapuchadas que se lo habían llevado consigo.

Lena invocó de nuevo su poder y plantó los pies firmemente en el suelo. Si quería batalla, la tendría.

A su espalda, los árboles se estremecieron.

Sin embargo, la silueta no la atacó. Se limitó a inclinar la cabeza hacia un lado, estudiándola. Un perro ladró en la distancia.

Lena no pensaba esperar a que aquella sombra tomara la iniciativa.

Su luz palpitó.

Pero no tuvo ocasión de lanzar su ataque. Al verla levantar las manos, la figura se envolvió en su capa y se esfumó.

En la calle solo quedó una chica asustada.