CAPÍTULO 26 EL PLANO DENSO
I
La mañana después llegó sin trompetas, sin celebraciones y sin señales visibles de victoria.
La megaciudad despertó como siempre.
Los tranvías recorrieron sus líneas con puntualidad geométrica.
Las pantallas permanecieron encendidas. Los anuncios continuaron prometiendo felicidad inmediata a cambio de una suscripción mensual.
Los mercados abrieron. Las cafeterías levantaron sus persianas.
Los ejecutivos cruzaron los vestíbulos de cristal con la mirada fija en sus dispositivos.
Nada parecía haber cambiado.
Y, sin embargo, algo había cambiado.
No podía medirse en índices económicos. No aparecía en los informes del gobierno. No figuraba en las bases de datos corporativas.
Era mucho más pequeño. Y precisamente por eso resultaba más difícil de eliminar.
Algo se había desplazado dentro de algunas personas. Una pregunta. Una incomodidad. Una grieta.