II
A continuación, Mateo se adelantó y depositó sobre la mesa un dispositivo de almacenamiento encriptado.
Eran los archivos que había extraído de los servidores de la consultora.
Al proyectar los datos sobre la pared de piedra de la biblioteca, no aparecieron tramas de corrupción burda ni ilegalidades administrativas evidentes. Lo que revelaban los documentos era algo infinitamente más perturbador: la arquitectura completa y perfecta del modelo del Magnate.
Mostraban cómo la dependencia no se imponía mediante la fuerza policial ni el engaño primitivo, sino cómo se diseñaba milimétricamente para sintonizar con los deseos más íntimos de la psique humana: la necesidad de validación instantánea, el miedo al rechazo,
la pereza ante el conflicto y la búsqueda incesante de un refugio contra la incertidumbre.
Hipatia examinó los esquemas algorítmicos durante largos minutos. Por primera vez, comprendió al Magnate Digital con una claridad espantosa.
El sistema no funcionaba porque corrompiera a la fuerza la naturaleza humana. Funcionaba porque interpretaba y rentabilizaba deseos profundamente reales. El Magnate no era un invasor alienígena; era el administrador perfecto de la debilidad voluntaria de los hombres.