El plano denso IV
81%

IV

En el Consejo Ciudadano, Olympe de Gouges ejecutó su retirada con la sobriedad de quien comprende por fin las reglas del verdadero poder.

No convocó una rueda de prensa ni emitió un comunicado victimista. Simplemente redactó su carta de dimisión irrevocable como vicepresidenta del área metropolitana, la firmó con pulso firme y la depositó sobre la mesa del presidente ejecutivo antes de que abriera la oficina.

En la nota no había reproches grandilocuentes, solo una frase seca y definitiva: «No se puede administrar la justicia con los instrumentos diseñados para perpetuar la injusticia».

Al salir a la calle por última vez, cruzando las puertas giratorias del edificio institucional que tanto había ansiado conquistar, Olympe dejó atrás los despachos de caoba, los asesores y la influencia política.

Sintió el frío viento de la plaza golpear su rostro y, por primera vez desde su llegada al Plano Denso, experimentó la ligera y embriagadora libertad de no deberle nada a nadie.