VII
Aquella noche, Hipatia se acercó al gran ventanal de la biblioteca.
La ciudad se extendía ante ella, inmensa e imperfecta.
Ya no pensaba en derrotar al Magnate.
Ya no soñaba con corregir una civilización entera.
Había abandonado la ambición de salvar a la humanidad.
Y, extrañamente, aquella renuncia le resultaba liberadora.
Tal vez el mundo no cambiara de golpe.
Tal vez las grandes estructuras siguieran dominándolo todo durante mucho tiempo.
Pero aún existían personas capaces de permanecer junto a otras personas.
Y quizá eso era más importante de lo que había creído.
Hipatia apoyó una mano sobre el cristal.
Las luces de la ciudad continuaban brillando bajo el cielo oscuro.
Por primera vez en mucho tiempo, no sintió desesperación.
Solo una decisión sencilla.
No abandonar.