V
Una noche, incapaz de ignorar la inquietud que lo perseguía, Mateo llamó a la puerta del apartamento de Tomás.
Lo encontró sentado en la oscuridad.
—Tomás... ¿qué ocurre?
El anciano tardó en responder.
—Estoy cansado.
Nada más.
No habló de política.
No habló del Magnate.
No habló de ideales.
Solo cansancio.
Mateo escuchó en silencio.
Por primera vez no intentó ofrecer soluciones.
No recurrió a argumentos.
Simplemente se sentó a su lado.
Y permaneció allí.