IV
Tomás se quebró de otra manera.
Don Antonio murió una madrugada tranquila.
Sin ruido.
Sin titulares.
Sin que apenas nadie lo advirtiera.
Tras el entierro, Tomás regresó a casa y permaneció varios días encerrado.
La pregunta no dejaba de repetirse.
¿De qué había servido?
Había cuidado a la gente.
Había estado presente.
Había dedicado años enteros a los demás.
Y aun así Don Antonio había muerto solo en un piso frío.
No era una crisis de principios.
Era cansancio.
Un cansancio tan profundo que parecía ocupar todo el espacio de la habitación.