El plano denso IV
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IV

Tomás afrontaba una batalla distinta.

No era una lucha contra la seducción del poder ni contra las ventajas del prestigio.

Era cansancio.

Puro y simple cansancio.

Seguía visitando a Don Antonio.

Seguía dedicando horas a los vecinos.

Seguía recorriendo calles que cada año parecían más ajenas.

Pero empezaba a preguntarse cuánto tiempo podría continuar.

Sentado en un banco de la plaza, contempló el ir y venir de la gente.

Nadie le pedía que siguiera.

Nadie le reprocharía que se detuviera.

Por primera vez en mucho tiempo, la rendición le pareció una posibilidad razonable.