V
Hipatia observaba la evolución del centro comunitario desde una mezcla creciente de inquietud y desconcierto.
Los indicadores eran excelentes.
Más presupuesto.
Más voluntarios.
Más beneficiarios.
Más cobertura pública.
Sin embargo, cuando recorría el local, algo resultaba irreconocible.
Las largas conversaciones habían desaparecido.
Ahora predominaban formularios, protocolos y procedimientos.
Todo funcionaba mejor.
Todo parecía más vacío.
Mientras cruzaba el pasillo principal, se detuvo.
En una mesa apartada, Mateo ayudaba a Laura a ordenar unos expedientes escolares antiguos.
Más allá, en una anotación del calendario de actividades, seguían figurando las visitas semanales que Tomás realizaba por su cuenta a Don Antonio.
Pequeños gestos.
Casi invisibles.
Todavía quedaban.