IV
La discusión estalló en cuanto regresaron al centro comunitario.
Julián lideró el bando favorable a la aceptación.
—¡Nos ofrecen estabilidad, recursos y capacidad real de actuación! Si rechazamos esto por orgullo, estaremos perjudicando precisamente a las personas que queremos ayudar.
Tomás se puso en pie.
—No es orgullo.
Su voz era tranquila.
—Es libertad.
Apoyó ambas manos sobre la mesa.
—El día que dependamos de ellos para existir, dejaremos de decidir por nosotros mismos.
—¡Nadie ha dicho eso! —protestó uno de los colaboradores.
—Todavía no.
El silencio que siguió resultó incómodo.
Olympe permaneció callada.
Por primera vez desde que había comenzado todo aquello, no estaba segura de cuál era la decisión correcta.
Hipatia observaba la escena desde un rincón.
Tal vez aquella era la prueba que realmente importaba.
No resistir la fuerza del enemigo.
Resistir su generosidad.