El plano denso V
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A miles de metros de altura, en el despacho blindado de la torre corporativa, el Magnate Digital presidía una reunión extraordinaria con sus directores de desarrollo.

Uno de los analistas principales mostró en la pantalla holística una pequeña inflexión en las curvas de retención en ciertos distritos de la metrópoli. Pequeños puntos negros donde el tráfico de datos había descendido ligeramente debido a iniciativas comunitarias locales e individuos desconectados.

—¿No deberíamos desplegar una campaña de reenganche agresiva en esas zonas? —preguntó el analista con preocupación—. Si el hábito de la desconexión se contagia, podríamos perder cuota de mercado.

El Magnate observó el mapa holográfico y dejó escapar una risa corta, cargada de una autosuficiencia absoluta.

—Estás sobreestimando a la especie humana —respondió el Magnate, sirviéndose un vaso de agua—.

Nadie renuncia voluntariamente a la comodidad durante mucho tiempo.

La fricción de la vida real es demasiado pesada.

Déjalos que jueguen a la ayuda comunitaria y a los paseos sin teléfono durante dos semanas.

En cuanto se cansen, en cuanto descubran lo difícil que es organizar a los humanos sin un algoritmo, volverán a nuestras pantallas pidiendo perdón.

El Magnate se giró hacia el ventanal, convencido de la infalibilidad de su imperio. Sin embargo, ya asomaba la primera grieta: el antagonista cometía el primer gran error de los tiranos al asumir que el ser humano es únicamente una bestia comodona desprovista de sed espiritual.