III Ensayos en la Marienplatz #2
Lukas apoyó el vaso sobre la mesa. Una gota de café descendió por el cartón hasta formar un anillo húmedo en la superficie. Moví una servilleta bajo el vaso antes de que el líquido alcanzara el borde del cuestionario.
—Guau —dijo—. Reflejos.
—Prevención.
Volvió a observarme. Durante un instante pareció debatirse entre marcharse y quedarse. Esa pausa tenía valor. Muchas personas confunden incomodidad con daño y evitan cualquier estructura que les devuelva una imagen precisa de sí mismas. Lukas, al menos, permanecía sentado.
—Vale, profesor —dijo—. Dispare.
—Prefiero formular preguntas.
—Era otra expresión.
—Lo sospechaba.
Tomé el bolígrafo negro y escribí su nombre en la esquina superior derecha de la primera copia: LUKAS H. 10:43. Retraso: 00:11:08. Dispositivo de vapeo: presente. Actitud ante límite: acatamiento con teatralidad leve.
La máquina de café volvió a rugir. Fuera, las campanas de la Marienplatz empezaron a sonar con una puntualidad histórica que los seres humanos del presente parecían incapaces de imitar. Coloqué la primera página frente a Lukas, girada exactamente ciento ochenta grados para que pudiera leerla.
—Comenzaremos por la declaración ética inicial —dije—. Marca “acepto” solo si aceptas.
Lukas miró la casilla. Luego me miró a mí.
—Esto va a ser rarísimo, ¿verdad?
La respuesta correcta era sí. La respuesta socialmente útil probablemente exigía alguna forma de amortiguación.
—Será informativo —dije.
Y puse el cronómetro en modo vuelta.
Lukas H. aceptó la declaración ética inicial a las 10:44:32.
La marca que hizo en la casilla fue imprecisa: una equis inclinada con exceso de presión en el trazo inferior.
No era relevante para la compatibilidad, pero sí para la evaluación grafomotora general.
Algunas personas escriben como si el papel les hubiera ofendido.
Anoté: “presión manual elevada / posible impaciencia”.
—¿También vas a puntuar cómo marco las casillas? —preguntó.
—No forma parte de la puntuación primaria.
—Pero lo has apuntado.
—La observación conductual es complementaria.
—Leon, empiezo a pensar que esto no es una cita.
—Correcto. Es una entrevista preliminar para determinar si una cita sería eficiente.
Lukas se reclinó en la silla y miró hacia el ventanal empañado.
Fuera, una guía turística levantaba un cartel amarillo junto a un grupo de personas con abrigos impermeables.
La cafetería producía un sonido continuo de cerámica, vapor y conversaciones superpuestas.
El ambiente no era ideal para administrar un instrumento de trece páginas, pero los ensayos de campo rara vez ofrecen condiciones de laboratorio.
Precisamente por eso son útiles: revelan la resistencia real de un método ante humedad, ruido, cafeína, retrasos y seres humanos.
—Vale —dijo Lukas—. Hagámoslo. Pero si esto acaba siendo una performance artística, quiero que conste que no he dado consentimiento para salir en vídeo.
—No hay vídeo.
—Qué alivio.
—Solo registro escrito.
—Menos alivio.
Pasé al Bloque B porque las incidencias iniciales habían hecho prioritario verificar la fiabilidad cotidiana.
—Ítem uno. “Llego a tiempo a mis citas salvo causa justificada”. Debes puntuar del uno al cinco.
—¿En serio vas a empezar por eso?
—Sí.
—Porque he llegado tarde.
—Porque has llegado once minutos y ocho segundos tarde.
—El metro iba fatal.
—No según los datos de incidencias.
—No miro datos de incidencias antes de quedar con alguien.
—Ese es precisamente el problema.
Lukas soltó una risa corta, pero ya no era la misma exhalación nasal del inicio. Esta contenía una proporción detectable de irritación.
—Ponte un cuatro —dijo.
—No puedo ponerlo yo. Es autoinforme.
—Pues cuatro.
—¿Consideras que “cuatro” representa con precisión tu conducta si en la primera ocasión observable has llegado tarde?
—Todo el mundo llega tarde alguna vez.
—Esa afirmación es falsa. Yo no.
—Tú eres… —Se detuvo y sonrió—. Tú eres un caso especial.
La categoría “caso especial” requiere análisis contextual.
Puede significar admiración, burla, advertencia o exclusión.
En citas previas, expresiones equivalentes habían precedido al final del contacto.
“Eres muy intenso”, “eres diferente”, “no sé dónde meterte”, “me pareces fascinante pero”.
El conector adversativo “pero” debería estar regulado como sustancia tóxica en interacciones románticas.
—No busco ser especial —dije—. Busco ser compatible.
—Eso no suele decidirse con una rúbrica.
—Suele decidirse con intuición, atracción y exposición repetida a señales ambiguas. Los resultados poblacionales no son alentadores.
—¿Resultados poblacionales? ¿Tienes estadísticas sobre tus ex?
—No suficientes para inferencia robusta. Pero sí patrones.
Lukas se inclinó hacia delante.
El movimiento desplazó aire con olor a café frío y una nota sintética de menta procedente, presumiblemente, del cigarrillo electrónico.
No lo había usado, pero el dispositivo impregnaba su ropa.
La menta química no se comporta como la menta vegetal.
Carece de borde orgánico. Es una idea de menta diseñada por alguien que odia las plantas.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo.
—Después de responder el ítem uno.
—Dios.
—No es necesario introducir agentes sobrenaturales.
—Cuatro —repitió—. Y si quieres, tres coma cinco.
—La escala no admite decimales.
—Entonces cuatro. Soy bastante puntual cuando importa.
—¿Cómo defines importa?
—Trabajo, vuelos, cosas así.
—¿Una cita con posible pareja estable no importa?
Lukas abrió la boca. La cerró. Miró el cuestionario.
Ese silencio fue el primer dato interesante.
—Tienes una manera muy agresiva de hacer preguntas —dijo.
—La pregunta no contiene insulto, amenaza ni elevación de volumen.
—La agresividad no siempre va en el volumen.
Anoté esa frase porque podía tener valor para revisión del instrumento.
Anna probablemente la habría subrayado. Emma habría dicho que un hombre que necesita un formulario para averiguar si otra persona le importa es una catástrofe política con gafas.
Ambas respuestas eran previsibles. La de Lukas no.
—Reformularé —dije—. Cuando llegas tarde a una cita afectiva, ¿qué haces para reparar el tiempo perdido de la otra persona?
—¿Reparar?
—Sí.
—Pido perdón.
—Lo has hecho.
—Entonces ya está.
—No necesariamente. Pedir perdón informa de reconocimiento verbal. Reparar implica conducta compensatoria.
—¿Quieres que te devuelva once minutos?
—El tiempo no puede devolverse.
—Entonces no sé qué quieres.
La máquina de café chilló con una intensidad repentina.
Dos turistas a mi izquierda se rieron mirando un mapa, aunque el mapa no parecía contener información humorística.
Lukas bebió de su vaso y dejó otra gota en la servilleta preventiva.
La servilleta había cumplido su función.
Eso me produjo una breve satisfacción operacional.
—Quiero saber si comprendes el coste —dije.
Lukas dejó el vaso.
—Mira, yo he venido porque tu perfil me pareció raro en un sentido interesante. No ponías fotos sin camiseta, no decías “viajar y vino”, no tenías esa cosa de “masc for masc” que me da pereza. Me gustó que dijeras que buscas matrimonio. Me pareció… no sé. Serio. Pero esto…
Señaló el cuestionario con dos dedos.
—Esto parece una auditoría fiscal de mi personalidad.
—La personalidad no tributa.
—Leon.
—Sí.
—Era una comparación.
—Lo he deducido tarde.
Lukas me observó de nuevo, y durante un segundo la irritación bajó.
No desapareció. Se replegó. Algunas personas abandonan cuando descubren que mi literalidad no es una pose.
Otras intentan corregirme. Lukas parecía estar decidiendo si lo mío era ofensivo o simplemente incompatible con sus expectativas de cafetería.
—¿Qué pasa si digo que fumo a veces? —preguntó.
—El cuestionario distingue entre tabaquismo y consumo ocasional, pero la cláusula de salud número tres considera el consumo inhalado una incompatibilidad significativa.
—Es vapeo.
—La ausencia de combustión no convierte la conducta en saludable.
—Tampoco tomar café.
—Comparación inválida. La cafeína tiene efectos agudos, riesgos moderados en determinados contextos y beneficios posibles. La inhalación de aerosoles con saborizantes implica exposición respiratoria innecesaria.
—Eres divertidísimo en una forma que probablemente no controlas.
—No intento ser divertido.
—Ese es el punto.
Anoté: “percepción de humor involuntario”.
—Ítem once —dije—. “No fumo”. Del uno al cinco.
—Tres.
—Tres significa neutralidad.
—Significa que no fumo, vapeo.
—Entonces la respuesta no es tres. Es una reinterpretación estratégica del ítem.
—Vale. Dos.
—Gracias.
—No ha sonado a gracias.
—El agradecimiento no siempre modifica el tono.
Lukas miró hacia la puerta. El gesto duró poco, pero indicaba una evaluación de salida.
La primera entrevista de campo se acercaba a un punto crítico.
En laboratorio, cuando una muestra empieza a degradarse, se decide si conservar fragmentos útiles o descartar el tubo completo.
En humanos, el descarte resulta más ruidoso.
Decidí pasar al Bloque D, compatibilidad psicobiológica, porque quizá un área menos moralizada estabilizaría la interacción.
—Sueño y cronotipo. ¿Eres persona de mañana o de noche?
—Depende del día.
—La respuesta “depende” no es suficiente. ¿Cuál es tu hora habitual de dormir entre semana?
—Entre una y dos.
—¿De la madrugada?
—No, de la tarde, Leon.
Detecté sarcasmo. Decidí no procesarlo.
—Eso entra en cronotipo vespertino. ¿Tu trabajo lo exige?
—No. Me gusta.
—¿Duermes entre siete y nueve horas?
—Cuando puedo.
—¿Cuántas horas has dormido hoy?
—Cinco.
—Eso reduce regulación emocional, atención sostenida y tolerancia a frustración.
—Ah, perfecto. Entonces si te tiro el cuestionario a la cabeza, la culpa es del sueño.
—No. La privación de sueño influye pero no elimina responsabilidad.