El Piso 68 (DC Jake Tanner 17) Capítulo 64
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Capítulo 64

J ake bajó las escaleras, tropezó, rodó por los suelos, se golpeó el hombro y volvió a levantarse, abriéndose paso a través de un dolor que lo mareaba.

Se encontraba en un estado de furia ciega, consumido por una rabia peligrosa.

Tenía prisa. Necesitaba captar la atención de Charlie Paxman antes de que este cometiera alguna estupidez.

Tenía que desviar su atención de Elizabeth, de los niños y del resto de los rehenes para centrarla en sí mismo. Era la única forma de salvarlos.

Y solo había un modo de lograrlo.

Jake llegó al piso cincuenta. Estaba a mitad de camino.

Se detuvo para descansar un momento. Necesitaba conservar las pocas energías que le quedaban.

Jake se agachó, apoyando las manos en las piernas y echando los omóplatos hacia atrás para abrir el pecho.

El oxígeno recorrió su torrente sanguíneo y revitalizó sus glóbulos rojos.

No fue una gran recuperación, pero bastaría.

No se había dado cuenta, pero el esfuerzo físico le había calentado el cuerpo y ya no sentía el frío gélido del agua que caía desde arriba.

Pero, mientras permanecía allí quieto, notó que el frío volvía a acecharle.

Le sonó el teléfono y lo distrajo.

—¿Dígame? —respondió Jake.

—¿Tanner? Soy Frances. —Parecía aliviada de oírlo.

—¿Cómo has conseguido este número?

—Por Mamadou.

—¿Dónde está? ¿Se encuentra bien?

—Está en el domicilio de Paxman. En cuarentena. —Ella vaciló—. Jake, no puedo decirte demasiado; esta línea no es segura.

—Entiendo.

—No tenemos mucho tiempo, así que seré breve. ¿Estás fuera del alcance de los oídos de alguien?

Jake miró a su alrededor. Arriba y abajo. No había nadie a la vista.

—No hay nadie.

—Bien. He salido de la reunión de CObrA.

Tengo que ser rápida, así que escucha con atención: un agente de campo, exmiembro del SAS, se dirige hacia ti ahora mismo.

Viene en un helicóptero y va armado con un rifle de precisión.

Ha recibido órdenes de liquidar a Paxman de forma limpia y discreta —dijo Frances en voz baja.

—¿Qué? ¿Cómo es posible?

—Es el tipo al que llaman cuando quieren que algo se haga de forma rápida y sencilla.

Nadie sabrá que ha sido él. El Gobierno lo manipulará todo para que parezca que fueron los valientes e intrépidos rehenes quienes derrocaron a Paxman.

Dirán que ellos le metieron la bala en la cabeza.

Lo llamarán defensa propia, pero eso los convierte en el chivo expiatorio de lo que el Gobierno está a punto de hacer.

—¿Quién lo ha autorizado?

—El primer ministro. Yo me opuse, dije que tú eras capaz de manejar la situación por tu cuenta, pero me ignoraron.

Jake suspiró profundamente. No era la primera vez que lo ninguneaban y le restaban mérito, y estaba seguro de que no sería la última. Por un momento tendría que dejar a un lado su ego o, de lo contrario, este podría nublar su juicio; había vidas que salvar. —¿Qué quieres que haga?

—Protege a Paxman, Jake. Sé que no se lo merece, pero asegúrate de que Hopkins no lo asesine. No permitiré que esta nación se rebaje a ese nivel de venganza.

Mierda. Mierda, mierda, mierda. Jake caminó de un lado a otro de las escaleras.

Reconocía el nombre. Hopkins. Kieran Hopkins.

El hombre que había asesinado a un niño pequeño ante los propios ojos de Jake en el London Eye dieciocho meses atrás.

El hombre al que Jake nunca había perdonado.

Condecorado. Veterano. Una fuerza de la naturaleza dentro de los cuerpos de seguridad.

Jamás fallaba un tiro. Cincuenta y seis casquillos gastados.

Cincuenta y seis bajas de combate. No era más que otra arma en el aterrador arsenal del Gobierno.

Frances volvió a hablar:

—Es vital que lo salves, Jake. Paxman posee las respuestas para un posible antídoto contra este virus. Quizá pueda revertir sus efectos en toda la población. Aunque no haya nada más, esa es razón suficiente para salvarlo ahora.

—Haré lo que pueda.

—Gracias. El tiempo estimado de llegada de Hopkins es de menos de quince minutos. Si él falla, enviarán al SAS. Por favor, date prisa.

—¿Para qué es el otro helicóptero que ya está fuera del edificio?

—preguntó Jake. Momentos después de la explosión, había oído un helicóptero sobrevolando la zona en algún lugar exterior; al principio no estaba seguro de si era real o si deliraba, pero luego, al prestar más atención, se dio cuenta de lo que era.

—La prensa. La BBC lleva horas sobrevolando la ciudad.

Puede que tengan que repostar pronto, pero no podemos confiar en que eso disuada a Hopkins de disparar.

Con suerte, le retrasará. El Gobierno no querrá que las imágenes del asesinato se vuelvan virales.

En fin, tengo que colgar. Ten cuidado, Tanner. Por el bien de Tyler.

Sus últimas palabras golpearon a Jake con dureza. Le dieron de lleno en el pecho. Justo donde sabía que se clavarían y permanecerían durante mucho tiempo. Tyler. Ese nombre. Las imágenes, los recuerdos, la felicidad asociados a él... todo apareció en su mente. Se le formó un nudo en la garganta.

Por primera vez en mucho tiempo, los dichosos recuerdos de Tyler pesaban más que los monstruosos recuerdos de Moshat.

Con las primeras etapas de una nueva idea formándose en su cabeza, Jake empezó a bajar las escaleras. Había vidas que salvar. Y la de Charlie Paxman era una de ellas.