Capítulo 40
—¿ Q uién es? —preguntó Mamadou, caminando de un lado a otro en su despacho.
—Ciara Reed, señor.
—¿Quién es usted, Ciara Reed?
—Alguien que parece estar más decidida a averiguar qué está pasando en The Shard que cualquier otra persona —dijo ella.
Mamadou se detuvo en seco. Se quedó mirando por la ventana de su despacho. The Shard se divisaba a lo lejos.
—¿Qué le hace pensar que no estamos trabajando en ello? —preguntó.
—Porque no hay nadie allí. Las unidades de respuesta de emergencia se han retirado. —Ciara vaciló—. Necesitamos vehículos de respuesta armada rodeando todo el edificio. Necesitamos saber qué está pasando dentro.
—No hace falta que me diga cómo hacer mi trabajo, Ciara Reed —dijo él—. Llevo haciéndolo el tiempo suficiente.
—Es evidente que sí hace falta.
—¿Qué la hace estar tan vinculada al caso?
—Yo... —Ciara hizo otra pausa—. Conozco a alguien que está ahí dentro.
—Y yo también. Uno de los nuestros. Se llama Jake Tanner.
Tiene a su mujer y a sus hijos ahí dentro.
Sus hijas pequeñas tienen diez y siete años.
¿Y cree usted que no estamos haciendo nada al respecto?
Le aconsejaría que midiera sus palabras en el futuro, Ciara Reed.
Podría llegar a arrepentirse de las cosas que dice.
Ahora, quiero que me relate paso a paso lo que ocurrió cuando recibió la llamada inicial esta mañana —dijo Mamadou.
Mantuvo su voz neutral y calmada. Pero, en el fondo, estaba hirviendo de rabia.
No servía de nada gritarle; solo agravaría más la situación.
Ciara pasó el siguiente minuto explicándole lo que había sucedido. Él asintió e hizo ruidos de asentimiento a través del teléfono.
Una vez que ella terminó, él dijo:
—¿Cuánto tiempo tardó en llamar al equipo de respuesta de emergencia?
—Yo... eh, no lo sé.
—¿Cinco minutos? ¿Diez? ¿Veinte?
—Diez minutos. ¡No lo sé! No me puse a cronometrar. —Ciara se estaba irritando más cada segundo que pasaba.
—Diez minutos es mucho tiempo en situaciones como esta.
Puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Usted, mejor que nadie, debería saberlo.
Si le ha pasado algo a Jake, la haré responsable a usted, Ciara Reed.
Su inactividad puede haberle costado la vida... a él y a otras muchísimas personas.
Se produjo un silencio prolongado al teléfono. —Eso es... ridículo. Yo...
—Nigel ha dicho que tiene un vídeo del ataque. Quiero que lo envíe a mi despacho en los próximos cinco minutos, o volverá a recibir noticias mías en breve. —Mamadou colgó el teléfono. Estaba furioso. Respiraba con pesadez y apretaba el puño izquierdo.
Se guardó el teléfono en el bolsillo y empezó a salir de la habitación. Para cuando llegó a la puerta, el móvil vibró.
—Jefe, soy yo.