El peso del Cupo (Línea de Cupo 1) Cap12 Plan B #2
55%

Cap12 Plan B #2

—Ciento cuarenta millones birlados al país en año y medio.

Con esa pasta se sostienen dos comarcas enteras en crisis industrial o se renuevan las urgencias de Cruces de arriba abajo.

Y mientras tanto, los inspectores de la séptima planta de Capuchinos de Basurto apretándole las clavijas al fontanero de Amorebieta o al taller mecánico de Iurreta por una factura de trescientos euros sin retención de IVA.

¿Y quién firmaba la conformidad técnica de semejante barbaridad?

Ainara señaló con la uña la rúbrica estampada al pie del anexo complementario:

—Iñaki Mendieta desde Lakua autorizaba los certificados de convalidación previa por silencio positivo, y Kepa Arostegui ponía el membrete de su bufete para blindar los contratos mercantiles.

Ningún inspector foral raso podía meter mano ahí sin arriesgarse a un expediente disciplinario o a un traslado forzoso a un sótano de archivos en Durango.

Mathieu no contestó de inmediato. Había pasado a la última sección del legajo negro, separada por una pestaña de cartulina roja con una sola palabra impresa: «ANEXOS CONFIDENCIALES / COLATERALES INTERNACIONALES».

Al levantar la solapa de cartulina, la mirada de Mathieu se fijó en un membrete de relieve fino impreso en tinta dorada y azul cobalto que coronaba un contrato fiduciario de prenda de acciones y custodia de fondos.

La entidad emisora del documento no pertenecía a la banca foral vasca ni al sistema financiero español.

El membrete rezaba con elegancia gélida: Atalante Capital Partners SICAV-SIF, 14 Boulevard Royal, L-2449 Luxembourg .

Mathieu sintió una punzada física en la boca del estómago, un frío repentino que le heló la sangre en los dedos enguantados.

Deslizó la hoja hacia la luz del flexo. En la cláusula de apoderamiento especial del fondo luxemburgués, como administrador único y signatario autorizado de las cuentas nodriza de compensación, figuraba una firma con trazo anguloso e inequívoco.

Sylvain Deschamps.

—Ainara —dijo Mathieu con una calma que sonó más amenazadora que un grito—.

Mira esto. El dinero no se quedaba en Chipre ni en las cuentas de Arostegui.

El bufete de Mazarredo solo era el peaje de entrada y el túnel de lavado.

El destino final de los ciento cuarenta millones era el fondo de Deschamps en Luxemburgo.

Y Deschamps responde ante alguien que no habla ni castellano ni euskera.

♦ ♦ ♦

A las cinco menos cuarto de la tarde, la sala de conferencias seguras del complejo de Larramendi había mutado en un centro de enlace de inteligencia transfronteriza.

La sala, apantallada contra emisiones electromagnéticas mediante una jaula de Faraday integral empotrada en los muros de hormigón, carecía por completo de tomas de corriente convencionales; los equipos funcionaban alimentados por baterías blindadas para impedir la captura acústica a través de la red eléctrica.

Sobre la pared frontal, una pantalla mural de alta definición parpadeó tres veces con un tono azul zafiro antes de sincronizar el canal de comunicaciones encriptado de la red SIENA —la aplicación de intercambio seguro de información de Europol—.

El icono de cifrado cuántico de doscientos cincuenta y seis bits viró al verde esmeralda y el rostro en primer plano de Jan van der Berg, analista forense principal del Centro Europeo de Delitos Económicos y Financieros de Europol, el EFECC, apareció en la pantalla desde la sede central en La Haya, en el número setenta y tres de la Eisenhowerlaan.

Van der Berg, un hombre enjuto de unos cincuenta años con cabello cano cortado a cepillo y montura metálica al aire, vestía camisa blanca remangada y auriculares con micrófono de cancelación de ruido.

Tras él se adivinaba el trasiego distante de la sala de crisis del centro de delitos económicos comunitarios.

— Goedemiddag , Mathieu —saludó el analista holandés en un inglés áspero y preciso, modulado por años de peritajes financieros transnacionales—.

Tengo en pantalla la telemetría del volcado forense que nos habéis remitido desde Bilbao hace dos horas.

El cruce de datos con la base de datos de inteligencia financiera de La Haya ha producido una colisión positiva de nivel uno en tres matrices distintas.

Lo que habéis intervenido en la Alameda Mazarredo no es una consultoría tributaria local; es un nodo de distribución mayorista.

Van der Berg tecleó en su consola y la pantalla se dividió para mostrar un gráfico tridimensional de relaciones financieras. Círculos luminosos interconectados por vectores de color amarillo, naranja y rojo trazaban la trayectoria de los fondos ilícitos a través de la geografía bancaria europea.

—Observad el grafo de dispersión —continuó Van der Berg, utilizando un puntero digital que recorría la red en tiempo real—.

Los fondos parten originalmente de la Federación Rusa y de repúblicas centroasiáticas vinculadas a tráficos de hidrocarburos no declarados y contratos de flete marítimo sancionados.

Hacen escala preliminar en entidades de Nicosia y Limassol a través del Bank of Cyprus y del Hellenic Bank .

Mediante contratos simulados de asesoría en transferencia tecnológica e intangibles industriales, el capital aterriza en Bilbao en las cuarenta y dos sociedades ETVE tuteladas por el bufete de Arostegui.

En Bilbao se blanquean al amparo de las deducciones forales de I+D y el Patent Box vasco.

Y a continuación, rebotan limpias hacia el fondo Atalante Capital Partners en Luxemburgo.

Pero el circuito no se detiene en el Gran Ducado.

El analista holandés amplió una ramificación secundaria que cruzaba los Alpes hacia la Confederación Helvética y el Principado de Liechtenstein:

—Desde Luxemburgo, mediante transferencias fiduciarias de compensación intradiaria, los rendimientos limpios se fragmentan hacia dos entidades privadas suizas: el Banque Cantonale de Genève y la casa de banca privada Pictet solo Mathieu y un puñado de analistas sabían que en su cartera destrozada faltaba el disco duro con las cuentas offshore de Sorokin.

—Sorokin —susurró Mathieu, con una voz tan baja y acerada que pareció raspar el hormigón de la sala.

Ainara posó con suavidad la mano enguantada sobre el antebrazo de Mathieu, sintiendo bajo el tejido de la chaqueta el pulso furioso y contenido del inspector.

No dijo una palabra; el contacto físico transmitió una solidaridad silenciosa e inquebrantable que Mathieu acogió cerrando los ojos durante un segundo antes de volver a mirar la pantalla.

—El mismísimo Viktor Sorokin, Mathieu —confirmó Van der Berg desde La Haya con gravedad sombría—. Pero hay algo más. Algo que vuestra policía autonómica acaba de desenterrar hace apenas treinta minutos y que hemos cotejado con las alertas reservadas de la red de inteligencia de Berlín.

Van der Berg cedió temporalmente el control de la pantalla a los peritos informáticos de la Ertzaintza que trabajaban en el laboratorio anexo.

En la pantalla apareció el informe de extracción lógica de los dos terminales móviles blindados de Kepa Arostegui, intervenidos en el registro de Mazarredo.

Eran teléfonos de seguridad Bittium Tough Mobile , equipados con encriptación multicapa por hardware y borrado remoto de emergencia.