El peso del Cupo (Línea de Cupo 1) Cap11 La Entrada #6
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Cap11 La Entrada #6

El cerrajero giró el maneral de acero cromado y abrió la pesada puerta de cincuenta kilos hacia afuera.

Ainara dio un paso al frente, con Mathieu a su hombro derecho.

El interior de la caja de caudales estaba iluminado automáticamente por dos tiras de LED blanco frío.

En el estante superior no había fajos de billetes ni lingotes de oro.

Había dos monederos fríos de hardware criptográfico Ledger Nano X en sus cajas de protección de aluminio, cuatro llaves tubulares de cajas de alquiler de seguridad de la banca privada suiza Lombard Odier en Ginebra y de la Banque de Luxembourg, y un bloque de cuadernos manuscritos con anotaciones numéricas fechadas desde dos mil diez.

Pero en el estante inferior, ocupando todo el ancho de la balda, reposaba un legajo voluminoso encuadernado artesanalmente en tafilete de cuero negro de gran formato, asegurado por un cierre de latón envejecido.

En el lomo de cuero negro, grabado con letras mayúsculas doradas de tipografía romana, figuraba un rótulo que hizo que la respiración de Ainara se detuviera un instante:

CUPO — PLAN B / EXPEDIENTE DG COMP (UE) 2015/1589 .

Ainara se calzó un par nuevo de guantes de nitrilo azul y extrajo el legajo con una veneración quirúrgica. Pesaba cerca de tres kilos. La encuadernación crujió sutilmente al abrir el cierre de latón sobre la mesa de nogal de Kepa Arostegui.

—Son exactamente las once y cuarenta de la mañana —anunció Maite Aranguren, inclinándose sobre el escritorio para levantar acta de la apertura—.

Procedo a la descripción del objeto hallado: legajo encuadernado en piel negra con carátula mecanografiada y sello de confidencialidad de la firma Arostegui & Partners.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió con rapidez y Patxi Goikoetxea entró sosteniendo una tableta rugerizada conectada a la red forense del sótano:

—¡Fiscal! ¡Mathieu! Lo tenemos. En los servidores acabamos de aislar el archivo maestro de las sesenta y cuatro sociedades pantalla y el registro bancario de la orden TARGET2 hacia Pictet.

La transferencia de dieciocho millones doscientos mil euros está vinculada al asiento contable ochocientos cuarenta y siete barra dos mil veintiséis de la sociedad Vandamme Metals SA , autorizada directamente con la firma electrónica de Kepa Arostegui y canalizada a través de la cuenta fiduciaria de Atalante Capital en Ginebra.

Ainara miró a Maite Aranguren:

—Maite, certifique el informe pericial preliminar de Patxi y Mathieu en este mismo instante. Son las doce menos cuarto. Necesitamos transmitir el testimonio judicial de embargo al juez Irazábal por vía telemática urgente antes de que el SEPBLAC libere los fondos.

La secretaria judicial no perdió un segundo.

Conectó su ordenador portátil oficial a la línea segura del Juzgado de Instrucción número cuatro, generó el certificado electrónico de la diligencia de incautación con las firmas hash de los servidores y el asiento bancario identificado, y remitió el expediente encriptado directamente al terminal del magistrado en el Palacio de Justicia de la calle Buenos Aires.

A las doce y veintidós minutos, la pantalla del portátil emitió una notificación de acuse de recibo con firma judicial digital: el juez Fernando Irazábal había emitido la providencia definitiva de embargo preventivo y aseguramiento de saldos.

A las doce y treinta y dos minutos —trece minutos antes de que expirara el plazo perentorio de las doce y cuarenta y cinco—, el sistema telemático del Banco de España y del SEPBLAC confirmó la traba judicial definitiva de los dieciocho millones doscientos mil euros en la pasarela TARGET2.

El dinero de la trama quedaba inmovilizado bajo la custodia del Estado.

Ainara dejó escapar una respiración honda, sintiendo cómo la tensión muscular de su cuello cedía por primera vez en toda la mañana. Habían vencido al reloj.

Sin embargo, al bajar la vista hacia el legajo de tafilete negro abierto sobre el nogal, la sensación de triunfo se evaporó como el vaho sobre el cristal.

Mathieu se inclinó sobre su hombro. El olor a lluvia y a lana húmeda de su abrigo la envolvió mientras ambos leían las tres primeras páginas del memorando mecanografiado.

No era un dosier de defensa jurídica. Era un artefacto de extorsión institucional masiva concebido para demoler el autogobierno económico vasco.

El documento, redactado con una erudición jurídica perversa durante más de tres años por el propio Kepa Arostegui, era una denuncia formal exhaustiva dirigida a la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea en Bruselas.

En más de cuatrocientas páginas de anexos técnicos, auditorías cruzadas y dictámenes de economistas comunitarios, el informe argumentaba con fría precisión que la totalidad del régimen de deducciones por I+D de hasta el setenta por ciento del Impuesto sobre Sociedades de Bizkaia, el Patent Box foral del artículo treinta y siete de la Norma Foral y el cálculo de la aportación del Cupo vasco constituían un sistema clandestino y sistemático de ayudas de Estado ilegales e incompatibles con el mercado interior, conforme a los artículos ciento siete y ciento ocho del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y al Reglamento comunitario dos mil quince barra mil quinientos ochenta y nueve.

El memorando invocaba de forma despiadada el precedente histórico más traumático de la economía vasca: el litigio de las «Vacaciones Fiscales Vascas» iniciado por Bruselas en los años noventa, que desembocó en las condenas del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en dos mil seis y en la multa coercitiva histórica de treinta millones de euros impuesta por Luxemburgo a España en mayo de dos mil catorce por la demora en recuperar las ayudas fiscales forales ilegales.

Arostegui lo había calculado todo con un maquiavelismo aterrador: si la fiscalía anticorrupción o la Ertzaintza se atrevían a imputarlo formalmente por el asesinato de Barandiarán y el desvío de capitales, él filtraría ese dosier demoledor a la Comisión Europea y a sus contactos en Berlín.

Bruselas incoaría un procedimiento de infracción inmediato, congelaría la Ley diez de dos mil veintitrés del Cupo aprobada en Madrid y exigiría la devolución retroactiva de miles de millones de euros a todo el tejido empresarial vasco, forzando al Gobierno de España a intervenir la autonomía financiera de las Haciendas Forales para evitar la quiebra del Estado.

Era el chantaje supremo: archivar la causa contra Kepa Arostegui o inmolar el Concierto Económico vasco en el fuego de las instituciones europeas.

Ainara leyó en voz baja, con un hilo de voz que le heló la sangre, la última línea escrita de puño y letra por Arostegui en la portadilla interior del dosier:

«Si el bufete cae, el Concierto caerá con nosotros ante Bruselas».

Mathieu permaneció en silencio, con la mano apoyada en el respaldo de la silla de nogal. Sus dedos rozaron casi imperceptiblemente el hombro de Ainara, transmitiéndole una firmeza sólida, inquebrantable, en medio del abismo que acababa de abrirse bajo sus pies.

Por el ventanal de la planta noble, las láminas de titanio del Guggenheim brillaban mojadas bajo el aguacero de Bilbao, mientras la ría fluía hacia el mar con la misma pesadez oscura del hierro que había forjado la historia del país.