El peso de los que duermen
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Prólogo
Dedicatoria
A los que no duermen.
A los que miran el techo a las tres de la madrugada y sienten un peso en el pecho que no saben nombrar.
A los que esperan.
A los que vuelven.
A Nicolás, aunque no te llamaras Nicolás.
Y a Irene, que me enseñó que la culpa también se puede desatar, como una trenza, vela por vela .