Capítulo 23
Noviembre llegó con el primer aniversario de la consulta inicial de Holt en psiquiatría, otro hito silencioso que Marlow marcó mentalmente sin necesidad de decírselo a él, consciente de que su relación, ahora, estaba lo bastante asentada como para no necesitar que cada fecha simbólica se convirtiera en una conversación profunda.
Algunas fechas, había aprendido, simplemente se vivían, sin necesidad de analizarlas en voz alta.
El trabajo de Marlow en el hospital se intensificó con la llegada del invierno, las urgencias llenándose de la manera habitual con el frío y las fiestas que se acercaban, y Holt, por su parte, empezó a trabajar en un proyecto grande, la restauración de un antiguo almacén industrial en el barrio de LoDo que la constructora pensaba convertir en oficinas de diseño, un proyecto que le exigía largas horas calculando refuerzos estructurales para un edificio de más de cien años.
A pesar del ritmo exigente de ambos, encontraron una manera de mantener su rutina compartida: los miércoles por la noche seguían siendo sagrados, sin importar lo cansados que estuvieran, una cena sencilla en uno de los dos apartamentos, conversación sin prisa, y la certeza tranquila de que, pasara lo que pasara durante el resto de la semana, ese tiempo juntos era innegociable.
—Hoy he tenido un día difícil —confesó Holt, un miércoles de mediados de noviembre, mientras cenaban pasta en la cocina de Marlow, ahora que pasaban más tiempo ahí desde que Delphine había empezado a quedarse a dormir, cada vez más frecuentemente, en casa de su propio novio, dejando el apartamento de Capitol Hill prácticamente solo para Marlow y, por extensión, para Holt.
—Cuéntame.
—El edificio de LoDo tiene un problema estructural más grave de lo que pensábamos al principio.
Una de las vigas maestras está más deteriorada de lo que indicaban los planos originales, y eso significa replantear buena parte del refuerzo que ya habíamos calculado.
Es mucho trabajo extra, y el cliente está presionando porque no quiere retrasar el calendario de la obra.
—Eso suena estresante.
—Lo es. Y antes, hace un año, probablemente no te lo habría contado.
Habría llegado aquí, te habría preguntado por tu día, habría escuchado con atención, y habría guardado todo esto para mí, pensando que tú, después de un turno largo en el hospital, no necesitabas cargar también con mis problemas de trabajo.
—¿Y ahora?
—Ahora te lo cuento, porque he aprendido, gracias a ti y a la doctora Okonkwo, que compartir no es lo mismo que cargar a alguien con un peso extra. A veces es, simplemente, dejar que la persona que te quiere sepa lo que está pasando en tu vida, sin esperar que arregle nada, solo que esté al tanto.
—Me alegra muchísimo que me lo cuentes, Holt. Y quiero que sepas que escuchar tus días difíciles nunca es una carga para mí. Es, de hecho, uno de los privilegios más grandes de estar contigo: que confíes en mí lo suficiente para mostrarme también los días que no son perfectos.
Holt sonrió, ese tipo de sonrisa cansada pero genuina que aparecía después de un día largo de trabajo, y le cogió la mano por encima de la mesa.
—¿Sabes qué es lo más extraño de todo esto, Marlow?
Que hace un año, en esta misma época, estaba aprendiendo a sobrevivir a duras penas cada día, contando las horas hasta poder dormir un rato sin pesadillas.
Y ahora, un año después, mi mayor preocupación es una viga deteriorada en un edificio de LoDo.
Es un problema completamente normal, del tipo que tiene cualquier persona con un trabajo exigente, y poder tener ese tipo de problema, en vez de los que tenía antes, se siente como un regalo que no sé si voy a terminar de agradecer del todo alguna vez.
—Es un regalo que te has ganado tú mismo, Holt, con todo el trabajo que has hecho este año.
—Y contigo a mi lado, todo el camino.
Terminaron de cenar, y después, mientras lavaban los platos juntos en la cocina pequeña del apartamento de Capitol Hill, con la radio sonando bajito de fondo, una emisora de jazz que a Earl le encantaba recomendarles cada vez que bajaban a la tienda, Holt rompió el silencio cómodo con una pregunta que llevaba días pensando, según confesó después.
—Marlow, ¿alguna vez piensas en si vamos a tener hijos algún día?
Ella se quedó quieta un momento, con las manos todavía en el agua jabonosa, sorprendida por la pregunta, aunque no del todo, porque era el tipo de conversación que ambos sabían, sin necesidad de decirlo, que llegaría tarde o temprano.
—Lo he pensado, sí. ¿Y tú?
—Mucho, la verdad. Sobre todo este último año.
Hay algo en haber perdido a Reese que me ha hecho pensar mucho en la continuidad, en lo que se queda cuando alguien se va, en las maneras en que la vida sigue construyéndose hacia adelante incluso después de una pérdida tan grande.
Y cuando pienso en eso, pienso también en la posibilidad de tener una familia propia, algún día, contigo.
—Yo también lo quiero, Holt. Algún día, cuando los dos estemos listos, cuando yo haya terminado la residencia y tengamos una vida un poco más estable de la que tenemos ahora, con dos trabajos exigentes y horarios que apenas coinciden.
—No hay prisa. Solo quería saber si la idea te asustaba.
—No me asusta en absoluto. De hecho, me encanta, Holt. Pensar en un futuro contigo, con toda la complejidad que eso implica, hijos incluidos, es de las cosas que más ilusión me hacen en este momento de mi vida.
Holt la abrazó por detrás, mientras ella seguía lavando los últimos platos, apoyando la barbilla en su hombro, en ese gesto que se había vuelto tan familiar entre ellos a lo largo de los meses.
—Te quiero, Marlow Hale. Más de lo que creía que era posible querer a alguien.
—Y yo a ti, Holt Calloway. Cada día un poco más, si es que eso es posible.
Se quedaron así un rato, en la cocina pequeña, con la radio de jazz sonando de fondo y los platos ya casi terminados, construyendo, sin prisa, sin necesidad de grandes gestos ni de fechas señaladas en el calendario, la vida tranquila y profunda que ambos habían empezado a imaginar juntos desde aquella primera noche en el box tres de urgencias, cuando una mentira sobre un vaso roto había sido, sin que ninguno de los dos lo supiera todavía, el principio de todo lo que vendría después.