Final Alternativo 2
Al abrir el portón, mi corazón dio un vuelco al ver mi camioneta intacta.
Subí rápidamente y para mi alivio arrancó al primer intento.
Salí del galpón con precaución, temiendo encontrarme con una sorpresa en el estrecho camino.
Afortunadamente, llegué a la ruta provincial sin contratiempos y puse rumbo a Caviahue.
Encontré la comisaría con facilidad, destacaba por su imponente mástil y bandera. Entré alterado, pero traté de mantener la compostura. Un joven oficial en recepción me pidió, con calma, que tomara asiento.
Tras quince minutos de espera, el comisario me hizo pasar a su oficina. Era un hombre de lentes oscuros, mirada fría y gesto impasible. Le conté todo lo sucedido, desde el secuestro hasta mi escapada. Él escuchó en silencio, fumando, apenas mostrando interés.
Cuando terminé, finalmente habló: —Gracias, muchacho. Vamos a tomar cartas en el asunto.
—Pero, oficial, ¡es un secuestro e intento de asesinato! Todavía están ahí. Puedo guiarlos hasta la cabaña.
El comisario se quitó lentamente los lentes oscuros y me miró fijamente. —Usted es un civil. Deje esto en nuestras manos. Retírese y olvide el tema.
El tono de su voz y la firmeza de su mirada hicieron que me levantara sin decir palabra. Sin embargo, decidí que, al llegar a mi ciudad, denunciaría el caso a una autoridad superior o incluso a los medios.
Al llegar a mi camioneta, encontré un papel en el parabrisas. Estaba escrito con precisión inquietante: Mi lugar de trabajo y mis horarios. Ademas el nombre competo de mi novia.
No había nadie más que yo y los agentes de policía en los alrededores. Con el corazón encogido, conduje de regreso a casa. Cuando mi novia me preguntó por la experiencia, me limité a decir: —Exigente, pero linda.
Nunca más hablé del tema.
Fin.