El peón que aprendió las reglas 13 . Jaque a dos reyes
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13 . Jaque a dos reyes

Fernanda pensó en cómo terminar aquello.

No quería una escena insignificante ni una despedida silenciosa. Quería cerrar aquel capítulo sinpermitir que José Julián siguiera jugando con ella.

Pero cuanto más pensaba, más preguntas aparecían.

¿Qué pasaría si Maricela descubría toda la verdad?

¿Y si ya la sabía?

¿Y si ella también estaba esperando el momento adecuado para actuar?

Por primera vez, Fernanda sospechó que José Julián no era el único jugador moviendo piezas.

A pesar de haber sido un peón en su juego, se negó a permitir que la historia terminara así.

No quería que nadie supiera cómo se había sentido utilizada. Tampoco quería pasar el resto de suvida castigándose por sus propias decisiones.

José Julián creía haber ganado.

Fernanda, en cambio, comenzó a entender que la verdadera victoria no consistía en quedarse con élni en arrebatárselo a su esposa.

Consistía en recuperar el control sobre sí misma.

Se preguntaba por qué él había llegado hasta ella. ¿Buscaba afecto? ¿Atención? ¿O simplementealimentar su necesidad de sentirse importante, deseado e indispensable?

Ahora entendía algo que antes no había querido ver: quizá José Julián no estaba interesadoúnicamente en ella, sino también en lo que ella representaba. El reto. La emoción de conquistar algoque no debía pertenecerle.

Y esa verdad la enfurecía.

Fernanda decidió seguir observando.

No porque quisiera continuar atrapada, sino porque necesitaba comprender cómo había llegadohasta allí.

Ya no creería ciegamente en una sola palabra de José Julián.

Lo comparaba con José Miguel, aunque sabía que eran personas distintas y que cada uno pertenecíaa una etapa diferente de su vida.

El pasado con Miguel le había enseñado una cosa. Lo ocurrido con Julián estaba enseñándole otra.

No.

Esta vez sería diferente.

—Esto no volverá a pasar —se dijo.

Como en una partida de ajedrez, cada movimiento debía pensarse con anticipación.

La paciencia sería su mejor arma.

Pasaron los días y Fernanda siguió comportándose como si nada hubiera ocurrido.

Sonreía. Conversaba. Observaba.

José Julián podía pensar que todavía controlaba el tablero.

Pero Fernanda ya había aprendido que no necesitaba permanecer en él para recuperar su vida.

Y comprendió algo más: no necesitaba destruir a nadie para dejar de ser un peón.

Solo tenía que dejar de jugar el juego que otros habían diseñado para ella.