2 . La falta de respeto
Dicen que las princesas solo existen en los cuentos de hadas… pero aquella tarde, sin saberexactamente por qué, Fernanda decidió aceptar una invitación que parecía tan simple y, al mismotiempo, tan extraña.
Si regresáramos unos días atrás, encontraríamos a una Fernanda como siempre: entregada a susresponsabilidades, disciplinada y aferrada a la rutina que ella misma había construido paramantener su vida en orden.
Sus pensamientos rara vez iban más allá del trabajo.
Eso era suficiente. Eso era seguro. Eso era estable.
O, al menos, eso se repetía cada mañana.
Hasta que un día recibió un mensaje inesperado.
El nombre en la pantalla hizo que su corazón se detuviera un instante: José Julián.
Fernanda frunció el ceño. No entendía por qué él le escribía. Después de todo, solo habíanintercambiado contacto por una casualidad que jamás imaginó importante.
¿Por qué ahora? ¿Y con qué intención?
La inquietud se instaló en su pecho cuando apareció otro pensamiento: ¿por qué me escribiría elhermano de José Miguel?
José Miguel y José Julián eran dos personas distintas. Miguel pertenecía a una historia anterior deFernanda; Julián era su hermano y, hasta ese momento, alguien a quien ella nunca habíaconsiderado de esa manera.
Se quedó observando el mensaje durante varios segundos, dudando entre ignorarlo o responder. Lalógica le decía que lo dejara pasar. La curiosidad terminó venciéndola.
Cuando finalmente respondió, no esperaba aquello.
Las palabras de José Julián estaban llenas de insinuaciones. No eran completamentedirectas, pero tampoco dejaban mucho a la imaginación.
Había deseo. Uno que parecía haber estado guardado por demasiado tiempo.
Fernanda sintió una mezcla peligrosa de sorpresa, enojo y algo que no quiso nombrar.
—¿Cómo se atreve? —pensó.
José Julián tenía su vida hecha, o eso parecía. Y aun así se atrevía a cruzar una línea que jamás debiótocar.
Una falta de respeto.
Porque él sabía lo que había existido entre José Miguel y ella. Sabía del dolor, del silencio y de todoaquello que nunca terminó de sanar.
Y entonces nació la pregunta que no dejó de perseguirla.
¿Por qué después de tanto tiempo? ¿Por qué mirarla así ahora? ¿Era una simple provocación? ¿Unimpulso pasajero? ¿O había algo más detrás de esas palabras?
Fernanda intentó convencerse de que debía detener aquello antes de que avanzara. Antes de quealguien saliera herido. Antes de sentir culpa por algo que todavía no ocurría, pero que ya parecíarespirarle demasiado cerca.
Y, sin embargo, había algo en José Julián que la inquietaba de una forma difícil de explicar. Unaintensidad escondida. Una seguridad que la hacía dudar.
Podía ignorarlo. Bloquearlo. Olvidar que aquello había ocurrido.
Era lo correcto.
Pero respondió.
Tal vez por curiosidad. Tal vez por orgullo. Tal vez porque necesitaba descubrir hasta dónde estabadispuesto a llegar.
Sin darse cuenta, acababa de mover la primera ficha.