El peligroso secreto del arquero Capítulo 32 Dentro de Integridad
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Capítulo 32 Dentro de Integridad

Dentro de Integridad

* * *

La respuesta interna se fracturó antes del desayuno.

Para las siete, el club había suspendido la credencial de prueba y emitido un comunicado en el que decía que estaba en curso una revisión rutinaria de los sistemas.

Para las ocho, un segundo comunicado describía la revisión como una irregularidad técnica aislada.

Para las nueve, Ferrán le pidió a Valeria que abandonara las instalaciones hasta que el departamento legal terminara su evaluación.

Ella permaneció en la oficina de Integridad.

El cuarto había pertenecido a un coordinador de equipamiento antes de convertirse en un espacio temporal para la investigación.

Sobre el escritorio todavía colgaba un diagrama desteñido del complejo de entrenamiento.

Alguien había dibujado flechas entre los vestidores, la unidad médica y el portón de carga.

Las flechas debían representar eficiencia.

Ahora parecían rutas.

—No puedes quedarte aquí —dijo Inés.

—Puedes pedirme que me vaya.

—Eso estoy haciendo.

—¿Con qué autoridad?

—La política interna del club.

—¿Qué apartado?

Inés dejó una carpeta sobre el escritorio. —El doce.

Valeria la abrió. El apartado doce permitía apartar temporalmente a una investigadora cuando la continuidad de su acceso creara un conflicto de intereses.

—¿Qué conflicto?

—Tu relación con el capitán.

La frase había esperado en la carpeta como una hoja afilada.

Valeria la cerró. —La relación se declaró y las medidas de control quedaron documentadas antes de que me permitieras continuar con mi trabajo.

—Esas medidas no contemplaban que el capitán estuviera presente mientras realizabas una prueba con datos del equipo —dijo Inés.

—Él no autorizó la prueba, no manipuló el registro ni modificó mis conclusiones.

—Estamos revisando si esos límites siguen siendo suficientes.

Adrián entró detrás de ella. Se había cambiado y llevaba ropa de entrenamiento, pero la tensión de su mandíbula era la de un hombre que se preparaba para un choque.

—Si ella se va —dijo—, yo me retiro de la investigación.

Inés se volvió. —Tú no diriges la investigación.

—Tú tampoco.

—Yo dirijo la respuesta del club.

—Entonces responde a la vulneración, no a quien la descubrió.

Valeria lo miró. —No conviertas esto en una protesta del capitán.

—No lo es.

—Si te marchas, el club lo llamará obstrucción.

—Si me quedo mientras te apartan por estar conmigo, lo llamarán buena gestión.

Inés exhaló despacio. —Este es precisamente el conflicto.

Valeria sintió surgir el viejo reflejo: alejarse de él, volverse irreprochable, dejar constancia de que había sacrificado a la persona más cercana. Siempre había sido más fácil perder una relación que permitir que alguien la acusara de parcialidad.

Se negó a seguir ese reflejo.

—Separaremos las funciones —dijo—. Yo conservo la autoridad sobre las pruebas.

Adrián recibe únicamente la información operativa necesaria para la seguridad de los jugadores y los desplazamientos del equipo.

No aprueba mis conclusiones. No modifica el informe.

Y tú no me apartas porque la verdad sea incómoda.

Inés la estudió. —¿Y si tus conclusiones implican al capitán?

—Entonces lo informaré.

Adrián no dijo nada.

El silencio entre los dos no tenía nada de romántico. Era el espacio donde la confianza debía sobrevivir a una prueba de verdad.

Inés recogió la carpeta. —Te daré hasta el final del día.

—¿Para qué?

—Para presentar un informe preliminar.

—¿Sin nombres? —preguntó Valeria.

—Con los nombres bajo reserva.

—No.

El rostro de Inés se endureció. —No estás en condiciones de dictar qué se publica.

—Estoy en condiciones de rechazar un informe que no pueda auditarse.

La puerta se cerró tras la salida de Inés.

Adrián miró a Valeria. —Podrías haber dejado que me encargara.

—No.

—Ni siquiera me dejaste terminar.

—Porque ibas a convertir tu autoridad en un escudo.

Él asimiló la acusación.

—Y tú ibas a convertir tu independencia en un muro —respondió.

Ella apartó la mirada primero.

Para cuando Adrián se fue a entrenar, Valeria había alejado su silla del escritorio. Era una pequeña corrección, casi insultante por su sencillez. Nadie que entrara en el cuarto debía tener que adivinar si el capitán había estado leyendo por encima de su hombro.

Clara regresó con una lista de las personas que habían accedido al registro de prueba y otra de quienes tenían permiso para hacerlo. Las listas no coincidían.

—¿Cuál va en el informe preliminar? —preguntó.

—Las dos.

—Eso provocará preguntas que no podemos responder.

—Entonces el informe describirá una pregunta.

Trabajaron en extremos opuestos del escritorio.

Valeria describió la creación del registro, el consentimiento de Iker, las horas de las consultas observadas y los inconvenientes que le habían causado.

No ocultó la cita perdida bajo la expresión efecto imprevisto.

Clara no se lo habría permitido. Escribió lo sucedido con palabras que Iker reconocería si las leía.

La credencial registrada a nombre de Tomás recibió una línea propia.

Valeria escribió accedió y se detuvo antes de escribir utilizó.

Dos ubicaciones y tres dispositivos ya estaban asociados al historial más amplio de la credencial.

El registro de prueba podía mostrar una entrada.

No podía mostrar de quién había sido la mano.

—Inés te pedirá que lo identifiques —dijo Clara.

—Entonces podrá leer lo que sí podemos identificar.

Clara le deslizó una nota de seguridad. La credencial de prueba había sido suspendida esa mañana, pero la pantalla del informe aún mostraba una ruta activa dentro de la arquitectura del proveedor.

Víctor había confirmado que cerrar una cuenta no cancelaría todos los permisos heredados asociados al servicio.

—¿Puedes afirmar que la ruta sigue activa? —preguntó Valeria.

—Podemos decir que parece estar disponible. No diré que alguien la ha usado hoy si el registro no lo muestra.

Valeria cambió la línea. Era el trabajo que nadie incluiría en un comunicado de prensa: elegir un verbo lo bastante pequeño para ser cierto mientras las consecuencias crecían a su alrededor.

Al pie del borrador creó una tabla con cuatro columnas vacías: persona que custodia las pruebas, motivo de acceso, hora de entrega y corrección. Clara levantó una ceja.

—Eso hará que la gente tenga que firmar para recibir una copia.

—Sí.

—Ferrán quiere tenerlo todo antes de que lleguen los jugadores.

—Ferrán necesita saber si pueden viajar sin peligro. No necesita los expedientes privados de todos los jugadores para tomar esa decisión.

La respuesta era menos satisfactoria que entregarle el archivo.

Tendría que explicarle un límite a un hombre al que ya le habían pedido que confiara en límites establecidos por otros.

Clara quitó su nombre de la lista de distribución de la exportación completa y redactó en su lugar un informe operativo más acotado.

Dejó espacio para que él lo cuestionara.

Adrián apareció en el umbral sin cruzarlo. Quería saber si Bruno podía continuar con el plantel, y lo preguntó como capitán, no como el hombre que acababa de acusar a Valeria de levantar un muro.

—El personal médico decide si está en condiciones de jugar —dijo ella—. Víctor confirma su ruta de viaje. Si hay un cambio de seguridad que te afecte, Clara te lo dirá.

—¿Y el informe?

—Tú no lo revisas.

La mirada de él fue hasta la silla que ella había movido. —Entendido.

Podría haber convertido esa distancia en un castigo. En cambio, le dijo que Bruno había pedido enterarse de cualquier cambio en sus desplazamientos antes que el resto del equipo. Valeria añadió esa solicitud al informe operativo. Adrián se marchó sin pedirle que le mostrara la pantalla.

Cuando Inés llamó, Valeria le envió el informe preliminar con las listas comparativas y la columna de correcciones aún visibles.

No omitió ninguna conclusión de la copia independiente de las pruebas.

También adjuntó una propuesta de resumen público que describía las conductas sin imprimir datos médicos de los jugadores.

Seguía sin saberse si Inés aceptaría alguno de los documentos.

—Pusiste tu propio error en la primera página —dijo Inés después de leer hasta llegar a Iker.

—Ocurrió primero.

—No me refería a eso.

—Lo sé.

Inés no aprobó el borrador. Tampoco ordenó a Valeria que saliera de la oficina. Pidió el registro de origen que respaldaba la entrada de la credencial y terminó la llamada.

Clara miró hacia la puerta cerrada. —¿Lo tenemos?

—Tenemos lo que nos dio el sistema. Quiero la fuente de la que salió.

Fuera de la oficina, el club seguía preparándose para el partido de aquella noche. Valeria guardó el informe con sus preguntas sin resolver. Quizá el espacio que quedaba en esas líneas fuera lo único que impedía que un nombre conveniente se convirtiera en una respuesta falsa.