El Palacio de la Música Prefacio
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El Palacio de la Música

El Palacio de la Música

Por Aline Ramirez Kampfner

© inepub.com

Prefacio



Esta no es una historia de amor, aunque hable de amor.

Mi camino con la música no comenzó con un concierto ni con una partitura difícil.

Lo hizo cuando tenía nueve años, en un momento en que mi familia entera se tambaleaba al borde de la pérdida.

Uno de nosotros se debatía entre la vida y la muerte; y yo apenas alcanzaba a comprender la magnitud de lo que ocurría.

Hace poco encontré un diario que escribí en ese tiempo.

Cuando lo abrí, me di cuenta de que desde ese entonces, me gustaba escribir.

Revisando las hojas hubo una frase que me detuvo: “Hoy empecé mis clases de piano.” Escrita tan solo una semana antes de aquella tormenta que atravesamos como familia.

No recuerdo haberlo escrito, pero sí recuerdo las tardes largas, aguardando saber algo.

Yo era tan solo una niña, y lo único que podía hacer era estudiar. Ir a mis clases a la escuela y luego regresar al piano. Así que en las tardes, tocaba durante horas, porque me hacía sentir algo en medio de la incertidumbre.

Mi maestro de piano fue mucho más que un guía musical.

Me enseñó a escuchar no solo las notas, sino las capas que tiene una pieza musical, los silencios, los ritmos, las respiraciones y las frases; las voces ocultas, la emoción y la intensidad de las obras.

Me ayudó a tenerle paciencia a la música clásica.

Las repeticiones pueden ser tediosas, pero la magia está en los detalles.

Fue él quien me abrió las puertas del entendimiento de la música, y una vez dentro, supe que no saldría jamás.

Este ha sido un camino a su lado que ha durado décadas.

Tal vez él no lo sabe, pero hizo mucho más que explicar las teorías, me enseñó una forma distinta de entender el mundo.

Todo en mi familia resultó bien. Fue un largo camino, pero lo logramos. Incluso podría decir que ahora creo en los milagros.

Ese fue el momento, con apenas nueve años, que la música me salvó por primera vez. Y no fue la única.

Sé que me llamo así por una canción, bueno, por dos. Que cuando nací, mi padre le regaló a mi madre un piano. Como un presagio.

Durante mucho tiempo pensaba que todo esto había sido una coincidencia. Pero ahora entiendo que no fue casualidad, que todo tenía el propósito de convertirme en quien soy. Porque, ¿quién sería yo sin la música?

Años después otra maestra me dio mi voz, me enseñó otras tonalidades, a cantar. A expresar lo que no podía decir de otra forma. Como dice una de mis canciones favoritas: sing what you can’t say .

Este libro nace de todo eso. Es una oda a la música clásica, a su permanencia, a su maravilloso poder de transformarlo todo incluso en tiempos modernos.

Porque, ¿quién no ha viajado, aunque sea por un instante, a un lugar más amable gracias a una canción?

¿No basta a veces una sola melodía para sanar?

¿Qué otra cosa puede despertar lágrimas o memorias como lo hace la música?

En medio del ruido, la música es un faro de esperanza.

Este libro también pretende ser un acto de justicia, darle un espacio a las compositoras que han sido ignoradas y silenciadas. Mujeres brillantes, valientes y sensibles que nos dejaron obras tan profundas y conmovedoras como cualquier otra gran figura.

La música no fue mi única salvación. Fue en esa misma época, cuando la pequeña mano de una niña de diez años se extendió hacia mí, y con ella, el tipo de amistad que no se apaga con el tiempo.

Agradezco en el alma tu existencia y la fortaleza con la que me defendiste siempre.

A veces una sola amistad basta, cuando el silencio de los demás es demasiado.

Llevamos casi treinta años de ser amigas, y no solo eres mi mejor amiga, sino un corazón de oro.

Y por último, también lo fue la psicología, la terapia, porque fui en busca de respuestas y descubrí que lo más valioso era empezar a hacerme las preguntas correctas.

No siempre importa el ¿por qué pasó? , sino el ¿cómo lo arreglo?

Un hombre que me ayudó a entender mi mente, mis heridas y mis decisiones; a mirar hacia adentro con valentía y además, me dio el arma más grande ante el dolor:

Atreverme a atravesarlo.

Esta historia no se trata de quien me ha salvado una y otra vez.

Se trata de lo que sucede cuando decides salvarte a ti mismo.

Sobre cómo, incluso profundamente enamorado, a veces debes irte.

Habla de superación, de crecer, de amor propio, de lo que ocurre cuando decides soltar; y de cómo, cuando finalmente lo haces, se abre algo nuevo. Algo más grande y mucho más luminoso.

Cuando ya no estás dispuesto a aceptar el afecto a medias, la vida te da el mejor regalo. Al final, el último salvador es el amor.

Así que tal vez sí.

Tal vez esta sí sea una historia de amor, después de todo.