El pago (Losers 2) Epílogo #4
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Epílogo #4

Asentí con la cabeza, moviendo las piernas atadas y acercando mis caderas hacia él. Manson enganchó un dedo alrededor de mi collar mientras se inclinaba sobre mí.

Noté un cosquilleo en el vientre.

—Dime lo que quieres —pidió.

Tenía la polla lista para hundirse en mí y yo no quería nada más que sentir ese dolor profundo y perfecto otra vez.

—Por favor —supliqué—. Por favor, señor. Fóllame.

Manson se introdujo despacio, sin apartar la mirada de mi rostro. Estaba tan húmeda, tan llena, que me sentí sucia y lasciva mientras me penetraba. Él gimió al acomodarse en mi interior. Al principio se movió con embestidas lentas, casi perezosas.

Me dolía, pero me sentía bien. Manson retiró las caderas, me agarró por los muslos y me atrajo hacia él mientras empujaba hacia adelante otra vez. Grité, y unas palabras sin sentido salieron de mi boca.

—Me gusta mucho, me encanta, Dios, por favor…

—Mírame —me ordenó Manson y levanté la mirada.

Había toda una mezcla de hormonas correteando por mi torrente sanguíneo y esa reacción química me provocó un sentimiento de eufórica—.

No apartes la mirada. —Se salió casi por completo de mí antes de volver a penetrarme, arrancándome un grito desgarrador—. Quiero ver tu cara cuando te llene.

Aunque quería cerrar los ojos con fuerza, no lo hice. Miré a Manson, abrumada por la creciente ola de placer y dolor.

Vincent se agachó y me frotó el clítoris mientras Manson me penetraba con fuerza.

—¡No puedo volver a correrme! —grité, moviendo las piernas sin poder evitar que me tocara—. Oh, por favor, Vince, por favor, no puedo, estoy muy sensible, me duele…

—Vas a correrte de todos modos, cariño —dijo, con un tono suave pero firme, sin dejar lugar a discusiones—. Vas a ser una buena chica y te vas a correr sobre la polla de Manson, ¿entendido?

—Sí, señor —asentí, aunque con dificultad.

Mi cuerpo estaba completamente fuera de mi control y ellos me manipulaban como querían.

Cada centímetro de mi cuerpo se tensaba y temblaba.

Estaba llorando, pero las lágrimas que me corrían por las mejillas no eran algo malo, era un alivio llorar, gritar y luchar mientras el placer se apoderaba de mí.

—Eres una chica muy buena, Jess, eso es. Te gusta, ¿verdad? —dijo Jason, dándome un beso en la mejilla cuando me corrí.

—Dios, mira cómo tiemblas —observó Lucas—. Eres preciosa. Grita para nosotros, vamos, deja que salga.

Y lo hice, fue increíble. Era placer y dolor, degradación y admiración, crueldad y amor. Y yo estaba a punto de estallar. Cuando Manson se corrió dentro de mí era un manojo de nervios, deseo y necesidad saciada.

—Mm, pásame otro bombón de mantequilla de cacahuete, por favor.

Eran las cuatro de la mañana y el baño olía a chocolate y marihuana.

Estábamos tumbados en la bañera de hidromasaje, con los chorros a toda potencia y el aire lleno de vapor por el agua caliente.

Jason rebuscaba a tientas en la bolsa de los dulces, con los ojos entrecerrados y sumergido en el agua hasta la barbilla.

Me pasó el bombón y yo añadí el envoltorio al montoncito que había en el borde de la bañera, detrás de mí.

—No vas a poder dormir si sigues comiendo todo ese azúcar —refunfuñó Manson.

Tenía los ojos completamente cerrados; pensaba que se había dormido. Lucas se había quedado frito y tenía la cabeza apoyada en el hombro de Manson mientras roncaba.

—Confía en mí, podré dormir —dije—. Siento que necesito una semana entera para recuperarme después de esto.

—Deberías —dijo Vincent, pasándome el porro. Llevaba el pelo largo recogido en un moño desordenado para que no se le mojara. Atrajo a Jason hacia él y lo abrazó con un suave suspiro—. De todos modos, deberíamos salir ya. Me estoy arrugando como una pasa.

—Creo que todos necesitamos una semana para recuperarnos —dijo Jason, estirándose mientras se incorporaba—. Tienes un coño peligroso, Jess. Me ha absorbido el alma.

Intentó levantarse, resbaló y salpicó agua por todo la bañera. Empecé a reírme y Lucas parpadeó rápidamente al despertarse.

—Mierda —gimió, frotándose los ojos—. Tengo que irme a la cama. Benji va a llamar por la mañana y no quiero perderme la llamada.

Llevaba toda la semana esperando con ilusión esa llamada de su hermano.

Al parecer, existía la posibilidad de que Benji saliera antes de la cárcel por buen comportamiento.

Pero Lucas lo sabría con más detalle durante la llamada del día siguiente.

Aunque estaba muy emocionado, también estaba nervioso, evidentemente. Hacía años que no hablaba con Benji.

—Muy bien, salgamos —dijo Manson.

El agua le corrió por el pecho cuando se levantó, después salió con cuidado y se envolvió una toalla alrededor de la cintura.

Había perdido la noción del tiempo mientras nos relajábamos en la bañera de hidromasaje y el agua caliente había aliviado la tensión de todos mis músculos.

Sin embargo, entre mis piernas todavía sentía un dolor especial.

De pie frente al espejo, me recogí a toda prisa el pelo mojado en una trenza larga. Ver ese collar alrededor de mi cuello, brillante y hermoso, me hizo sonreír sin control. Me incliné hacia el espejo y recorrí el delgado aro con un dedo.

Manson me abrazó por la espalda y apoyó la cabeza sobre la mía.

—¿Te gusta? —me preguntó—. Jason estaba bastante seguro de que era el que querías.

—Es perfecto. —Me di la vuelta y lo besé—. Es exactamente lo que quería.

Sonrió.

—Es lo único que quería oír, ángel. Te queda precioso.

—Vamos. A la cama. Ya. —Lucas tiró de la mano de Manson, intentando sacarlo del baño—. Me voy a quedar dormido de pie.

Habíamos juntado dos colchones king size para formar nuestro monstruo de cama. Había mucho espacio para todos y la habíamos cubierto con mantas y almohadas. Me parecía que el tamaño era un lujo. Era un sitio cálido y cómodo, uno de mis lugares favoritos de la casa.

Jason y Vincent ya estaban en la cama. Corrí por delante de Lucas y Manson para poder saltar al colchón y aterrizar con suavidad en la montaña de almohadas.

Vincent y Jason se acurrucaron a mi lado mientras que Manson y Lucas se metían en la cama.

Ninguno de ellos se había molestado en ponerse ropa interior.

Lucas me rodeó la cintura con un brazo, suspirando por el cansancio, y Manson se acomodó detrás de él.

La cama tenía espacio suficiente para que pudiéramos estirarnos, y a lo largo de la noche acabábamos separados unos de otros.

Pero cuando nos acostábamos, casi siempre nos amontonábamos unos encima de otros.

Estaba agotada, pero antes de cerrar los ojos, tenía que preguntarlo.

—Entonces… Durante el juego de antes… Lo que dijisteis sobre dejarme embarazada… ¿Qué significaba eso?

Manson se rio entre dientes.

—Nunca pensé que me gustaran ese tipo de cosas. Pero fue muy sexy .

Vincent se rio.

—Sí, la verdad es que yo tampoco pensé que me gustaría. Pero, joder, hablarte así, llenarte hasta que te corrieras… —Soltó un suspiro largo—. Ha sido increíble.

—Me refiero a lo que dijisteis sobre dejarme embarazada…

Me parecía casi ridículo hablar de ello de esa manera, era cómicamente sexual. Nunca habíamos jugado así antes, ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Pero ahora que lo habíamos probado, me gustaba mucho más de lo que esperaba.

La idea de ampliar la familia… algún día… me parecía maravillosa.

—¿Nos estás preguntando si lo decíamos en serio? —preguntó Jason, besándome las manos mientras se acurrucaba más cerca de mí.

—Sí, supongo… Supongo que eso es lo que estoy preguntando —respondí.

—No estamos intentando que suceda nada de inmediato —dijo Manson—. Pero en un par de años… Quizá necesitemos que te quites el DIU.

—Si crees que es lo que quieres —añadió Vincent.

—Porque nosotros sabemos que es lo que queremos —dijo Lucas, y me dio un beso en la nuca—. Los niños me dan pánico, pero… Ya sabes… Estaría muy bien.

—Algún día —dijo Jason—. Creo que a todos nos gustaría mucho.

Me costaba contener lo feliz que me hacía eso. No creía estar preparada para tener hijos ahora; mi carrera acababa de empezar, los chicos tenían un negocio que llevar y que cada día iba mejor. Pero, algún día, sabía que a mí también me gustaría mucho.

—Ahora, duérmete —pidió Manson, cansado—.

Podemos hablar de bebés cuando no estemos tan agotados.

—Pero yo seguía retorciéndome de emoción, con todo el azúcar en mi torrente sanguíneo impidiéndome estar quieta.

Me revolví y me di la vuelta hacia el otro lado, y Manson murmuró—: Te dije que todos esos dulces no te dejarían dormir.

—Lo siento, lo siento —me disculpé, riéndome—. Puedes castigarme mañana. —Me senté y me incliné sobre Lucas para poder darle un beso en la mejilla a Manson y susurrarle—: Amo .

FIN