El pago (Losers 2) 37
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Manson

Lucas temblaba como una hoja cuando lo toqué. Se esforzaba mucho, ninguno de nosotros lo dudaba, pero seguía siendo cruel consigo mismo. En realidad, no era mejor que yo a la hora de tratarse con cariño.

Pero para eso nos teníamos el uno al otro.

Algunas personas decían que no se podía ser amado por otra persona hasta que no te amaras a ti mismo, pero eso no era cierto.

Aprendí a amarme a mí mismo gracias al amor que me daban los demás.

Todavía estaba aprendiendo, siempre estaría aprendiendo.

A Lucas le costaba ver lo bueno que había en él, pero cada día iba a mejor. Solo necesitaba que se lo recordaran.

—Yo te cuidaré —le aseguré, rodeando su bulto con mi mano y apretándolo mientras él gemía.

Me estaba tomando mi tiempo y él se estaba poniendo nervioso, esperando el momento en que lo inmovilizara y fuera brusco con él.

Pero esta vez no iba a suceder, por mucho que protestara. Quería castigarse a sí mismo por necesitar consuelo, pero yo no podía permitirlo.

Tomándole de la mano, abrí la puerta del asiento trasero del coche de Jessica.

—Entra.

Me miró desconcertado, pero entró. Lo empujé hacia atrás mientras entraba detrás de él, de modo que quedó recostado contra la puerta opuesta, con una pierna sobre el asiento y la otra estirada en el suelo.

—Huele a nuestra chica, ¿verdad? —comenté.

Le desabroché el botón de los pantalones y se los quité y, luego, también los calzoncillos.

Estaba buenísimo. Completamente desnudo, con las piernas extendidas sobre los asientos de cuero rojo, la polla dura descansando contra su vientre. No había mucho espacio ahí atrás, pero estaba decidido a que funcionara.

Follar con él en el coche de Jess me parecía lo más adecuado.

—Sí que huele a ella —dijo—. Espero que no le importe que calentemos su asiento trasero.

Negué con la cabeza mientras me quitaba los pantalones.

—¿Estás de coña? Le encantará. Se va a volver loca cuando se lo cuente. —Me subí encima de él y le separé aún más las piernas, sonriendo—. Apuesto a que incluso se corre.

Escupí en mi mano, lubricando primero mi polla. Aquí no teníamos lubricante, pero daba igual, encontraría la manera de hacerlo. Lucas quería un polvo duro de todos modos, y aunque yo estaba decidido a ser cuidadoso, en realidad disfrutaba cuando me costaba meterme dentro de él.

Acercándome a él todo lo que pude, enganché su pierna sobre la mía y empujé la otra hacia arriba, de modo que su pie descansara sobre mi hombro.

Él resopló, retorciéndose contra la puerta, mirándome con ira por haberlo puesto en una posición tan ridícula.

Nos tomé a ambos con la mano, sosteniendo nuestras pollas juntas mientras empujaba contra él.

—Joder —jadeó, mostrando los dientes por el placer—. Fóllame, Manson. No me importa si duele, tú solo…

—A mí sí me importa —dije. Seguí masturbándonos juntos, embelesado por nuestra imagen—. No estoy apresurando nada. Estás tan bueno así… —Me gruñó, furiosamente petulante, y yo lo provoqué—: ¿De verdad estás en posición de gruñirme? ¿Con las piernas en el aire? ¿Abiertas como las de una puta?

—¡Entonces fóllame como a una! —exigió, sacudiendo las caderas y retorciendo todo el cuerpo.

De repente, recordé la primera vez que me lo follé. Había sido tan… insistente. Casi enfadado por lo exigente que era, como si me estuviera desafiando todo el rato a que me defendiera, a que lo pusiera en su sitio.

Ahora, podía reconocer esa desesperación en sus ojos.

—¿A qué esperas? —espetó con la voz entrecortada.

Sus dedos se crisparon cuando le presioné la pierna aún más hacia arriba, aplastándolo contra el asiento.

—Pídelo con amabilidad —le dije.

Prácticamente me enseñó los dientes.

—¿Estás de coña? ¡Venga! ¡Reed! —Empujó sus caderas hacia mí. Agresivo. Exigente—. ¡Fóllame, capullo! ¡Venga!

Sus pupilas se dilataron visiblemente cuando mi mano se movió rápidamente y le agarró la cara.

—¿Perdón? ¿Podrías repetir eso?

Tragó saliva. El asiento de cuero crujió debajo de él.

—Eh… No. No… Yo no…

—Vamos, Bent —espeté, apretándole la cara con fuerza—. Ponme a prueba, cariño. Llámame capullo otra vez. Te reto. De verdad que quiero que lo hagas. Adelante.

Negó con la cabeza, con los labios cerrados con firmeza. Temblaba como si de verdad me tuviera miedo y me sentí un poco mal por sonreír.

—Te prometí que sería cuidadoso. ¿Por qué te esfuerzas tanto en obligarme a no serlo? —le dije, aflojando el agarre en su cara.

—Te he dicho que no me lo merezco —dijo. Su voz era suplicante, como si me estuviera rogando que le creyera. Bajó la mirada, gimiendo con suavidad mientras yo seguía acariciando nuestras pollas juntas—. Por favor, Manson. Por favor… Me cuesta mucho.

—Lo sé. —Lo solté y me incliné hacia su ano. Todo su cuerpo se tensó por la expectación, pero me tomé mi tiempo—. Pero poco a poco se irá haciendo más fácil. Te lo recordaré todos los días si es necesario: lo mucho que te quiero y lo precioso que eres para mí.

Gruñó como si estuviera enfadado, agarrándome el brazo mientras me veía presionarlo contra él. Me moví despacio, empujando hacia dentro solo hasta que encontré resistencia. Entonces me detuve, dejando que sus músculos se relajaran, dándole tiempo para abrirse a mí.

Después de varios minutos estirándolo, centímetro a centímetro, pude penetrarlo por completo.

Abrió mucho los ojos, abrió la boca como para emitir algún sonido, pero cerró la mandíbula de golpe y apretó los dientes.

Me moví despacio y él estaba más que preparado para mí, pero seguía mirándome como si lo estuviera matando.

—Esto es exactamente lo que te mereces —le dije—. Te mereces que te traten con cariño. Te mereces que te amen, te den placer y te cuiden.

—Para —susurró, y yo me detuve. Tragó saliva con dificultad y parpadeó rápidamente—. Amarillo… Solo… necesito un segundo…

Cerró los ojos y respiró hondo, despacio. Esperé, completamente dentro de él. Tenía los testículos tan tensos que lo único que quería era follármelo duro y rápido. Pero asegurarme de que estaba bien era mucho más importante que el placer momentáneo.

Cuando volvió a abrir los ojos, la dureza había desaparecido de su mirada. Joder, se le veía tan vulnerable así… Con las piernas levantadas, aplastadas debajo de mí, y los ojos muy abiertos. Había sido un luchador toda su vida, rara vez había tenido la oportunidad de mostrarse vulnerable.

—Aquí estás a salvo —le dije, y él asintió con la cabeza.

Empecé a moverme, balanceándome contra él, y él dejó escapar un gemido ahogado. Estaba atrapado entre la puerta y mi polla, sin ningún sitio al que escapar, ningún sitio donde esconderse.

—Eres la hostia de sexy , Lucas. Joder, soy un hombre con suerte.

Sacudió la cabeza como si eso fuera a convencerme de que dejara de hablar. Esto lo estaba torturando, pero yo no tenía intención de parar. No necesitaba causarle dolor físico para satisfacer mi sadismo; verlo luchar tan duramente contra mi ternura era más que suficiente.

—Quiero ver cómo te corres sobre ti mismo —le dije, rodeándolo con mi mano y acariciándolo mientras lo follaba.

Se estremeció cuando le masajeé el glande con los dedos, con las piernas temblando y la respiración entrecortada—.

Quiero sentir esta hermosa polla palpitar en mi mano.

Quiero saborearte… —Me incliné sobre él, nuestros jadeos se entremezclaron, calientes—.

Esto es lo que necesitabas, ¿verdad, cachorro?

Alguien que te cuidara, que se follara todos tus pensamientos malos, que te recordara lo jodidamente sexy , fuerte e increíble que eres…

Gimió y se calló. La polla le palpitó y yo apreté, entonces sus piernas temblaron y el semen brotó sobre su barriga.

Seguí follándomelo, pero verlo era demasiado perfecto, era exquisito.

Gemí, mis movimientos se volvieron erráticos a medida que el placer aumentaba, irradiándose a través de mí.

Me corrí solo unos segundos después que él, con mi frente sudorosa presionada contra la suya.

No nos movimos durante casi un minuto. Nuestros cuerpos estaban tan apretados y pegados en la parte trasera del coche que, cuando acabé de estirarlos, me dolían los músculos.

Pero por el momento estaba muy satisfecho, apretujado en la esquina del asiento trasero de Jess aún dentro de Lucas, que tenía los ojos cerrados mientras se recuperaba.

—Hemos… Hemos dejado su coche hecho un asco —dijo en voz baja.

—Qué pena que no esté aquí para limpiarlo con la lengua —respondí, y él soltó una risa suave.

Nos movimos despacio, desenredándonos el uno del otro, estirando las extremidades mientras salíamos del coche.

Cogí un trapo limpio y nos limpié a los dos, eliminando el desastre que había sobre su vientre.

Mi lengua también ayudó un poco, lo que le hizo temblar y quejarse de que le hacía cosquillas.

—Sigue quejándote y te haré cosquillas de verdad —le dije, y eso lo calló bastante rápido.

Por el rabillo del ojo, vi a Jason abrir la puerta principal para dejar salir a los perros, estirando los brazos mientras salía arrastrando los pies al porche.

Corrieron hacia los árboles, como solían hacer para hacer sus necesidades.

Sin embargo, pronto pude oír a uno de ellos revolviendo cerca de la valla, olfateando y rascando.

—Parece que Jojo está cavando otra vez —comentó Lucas.

Me abroché los pantalones y me dirigí con dificultad hacia el lateral del garaje para detenerla. Tenía la mala costumbre de cavar en la valla y no quería que se escapara del jardín.

Pero cuando rodeé el garaje, no estaba cavando. Tenía algo en la boca, algo húmedo y viscoso, y estaba tratando de tragárselo lo más rápido posible.

—Oye, ¡eh, escupe eso…! ¡Joder! —Le rodeé el cuello con el brazo y le apreté las grandes fauces para intentar que lo soltara. Me miró con cara de culpa, pero no lo soltó—. ¡Lucas! ¡Me cago en todo, necesito ayuda!

Lucas corrió hacia mí y, mientras yo sujetaba a Jojo, consiguió abrirle las mandíbulas. Ella escupió su presa y se lamía los labios con decepción. Lo que había escupido era rojo y olía raro, y goteaba un líquido verdoso.

—¿Es un animal muerto? —preguntó Lucas.

Bo ladraba emocionado, sin saber muy bien qué estaba pasando, pero con la certeza de que quería formar parte de ello.

—Oye, ¿qué pasa? ¿Eso es…? —Jason se detuvo de golpe al salir del garaje, intentando averiguar qué estábamos mirando—. ¿Es eso un filete?

No era solo un filete. El fino corte de carne cruda estaba en un charco de líquido verde neón, cerca de la base de la valla. El olor era ácido, como de algún producto químico…

Como veneno para ratas.

—Mete a los perros dentro —pedí. Creía haber llegado a tiempo para Jojo, pero no tenía ni idea de si había conseguido tragarse algo antes de que yo llegara—. Jason, llama al veterinario de urgencia. Dile que Jojo puede haber comido veneno para ratas.

Pasamos la siguiente media hora registrando la propiedad. Encontramos más carne dentro de la valla, también envenenada. Por suerte, Jojo parecía estar bien y no se había tragado nada. Pero unos segundos más y no habría tenido tanta suerte.

—He revisado las cámaras —dijo Jason cuando Lucas y yo volvimos a entrar.

Mientras colocaba la caja de Cherry sobre la mesa del comedor, me incliné para observar la pantalla de Jason. Reprodujo el video y señaló la figura delgada que apenas se veía, fuera de nuestra cerca.

Eran más de las tres de la mañana.

—Reagan —dije, serio.

—¿Has revisado también las grabaciones más antiguas?

—pregunté, y Jason negó con la cabeza. Tenía los brazos cruzados y daba golpecitos con el pie sobre la alfombra—.

Quiero saber con qué frecuencia ha estado viniendo.

Documenta todo. —Odiaba lo que estaba a punto de decir, pero creía que ya no teníamos otra opción—.

Tenemos que denunciarlo a la policía. Aunque no hagan nada.

Necesitamos pruebas para cubrirnos las espaldas.

Necesitábamos pruebas de que habíamos intentado resolver este problema por la vía legal. Porque, con toda probabilidad, la resolución sería algo completamente distinto.