9 #2
—Manson y yo nos acostamos por turnos con Jason una vez —dijo Vincent, y Jason se rio de una forma que me indicó que aún no se había recuperado—. Manson besa muy bien, pero él y yo somos demasiado cuadriculados como activos para ser compatibles sexualmente. Y Jason le tiene miedo a Lucas.
—No le tengo miedo —refunfuñó Jason—. El tío tiene una puñetera barra de metal en la polla. Discúlpame por dudar antes de meterme eso en el culo. —Pero sonrió, temblando un poco—. Lucas me destrozaría.
—Oye, yo me metí su polla en el culo —dije orgullosa, y Jason hizo una mueca mientras imitaba burlonamente mis palabras—. Fue fantástico.
—Muy bien, señorita reina del anal, está claro que tienes un culo superior. —Jason puso los ojos en blanco—. ¿Qué tipo de tuberías tienes ahí abajo, son de acero o qué?
Me reí hasta quedarme sin aliento. Hacía tiempo que no fumaba. Casi había olvidado lo divertido que lo hacía todo.
—Perdonad si ha sido una pregunta rara.
—Preguntar es bueno —dijo Vincent—. Es la mejor forma de averiguar lo que necesitas saber.
Pregunta y escucha. Me crie en un entorno en el que el poliamor era algo normal, por lo que siempre me ha resultado muy natural.
Pero entiendo que a algunas personas les resulte difícil de entender, sobre todo cuando están acostumbradas a la monogamia.
—El amor es mucho más de lo que la mayoría de la gente cree —dijo Jason—.
Solía pensar que debía sentar cabeza con una mujer, no tener relaciones sexuales hasta el matrimonio y ser fiel a mi única y exclusiva pareja para siempre.
Se suponía que una sola persona debía satisfacer todas mis necesidades, y yo debía hacer lo mismo por ella.
Sin embargo, nunca encajé en ese molde. —Entrelazó sus dedos con los míos y se llevó mi mano a la boca para darme un beso—.
Es imposible comparar la forma en la que amo a Vincent con la forma en la que amo a Manson, y eso con la forma en que amo a Lucas.
La intimidad puede implicar mucho sexo, poco sexo o nada de sexo.
El amor es igual: no hay un molde específico en el que tenga que encajar. Hemos encontrado lo que nos llena.
Por cómo me miró mientras decía eso, mientras sus ojos se posaron en Vincent, una sensación cálida me surgió en el pecho.
Vincent se inclinó sobre mí para coger su móvil y lo trajo de vuelta a la cama.
—¿Quieres ver algo gracioso? —preguntó, y el brillo de sus ojos despertó mi interés.
—¿Están ahí las fotos de Jason desnudo? —dije, acurrucándome más cerca mientras Vincent trasteaba en su móvil.
Dejó de buscar un momento y pulsó una foto, abriéndola para mostrar a Jason en todo su esplendor, desnudo y flexionado delante de un espejo.
—Tendrás que disculpar la postura de chico fácil —dijo Jason con sequedad, pero yo no me quejaba.
—Dios, eres muy sexy —comenté, y Jason soltó un sonido ahogado mientras Vincent asentía con la cabeza.
—Está buenísimo. Tenemos que conseguir que lleve ropa más provocativa en casa.
—¿Quizá unos pantalones vaqueros cortos? —sugerí, y Vincent asintió con aún más entusiasmo.
—Vale, vale, centraos en el vídeo divertido en lugar de en mí —dijo Jason, aunque pude ver la sonrisa que intentaba escaparse de su rostro.
—Dios mío, espera, ¿es ese vídeo? —pregunté, emocionada—. ¿Es el vídeo de Lucas haciéndose un piercing en la polla?
Vincent asintió con la cabeza y estuve a punto de gritar.
—¡Sí, enséñamelo!
—¡Muy bien, alborotadores, se acabó el juego!
La puerta de la habitación se abrió de golpe y Manson entró tranquilamente, sonriendo al vernos, con Lucas justo detrás. Los dos se habían duchado y cambiado, Manson llevaba unos cómodos pantalones de chándal grises y Lucas solo unos calzoncillos.
—Ya basta de acaparar al juguete sexual —dijo Lucas, dejándose caer en la cama a mi lado y aplastando a Jason en el proceso, que gruñó de dolor por el peso repentino—. Dios, creía que acababais de ducharos. Estáis asquerosos.
—Aun así, estamos mucho más limpios que cuando empezamos —gruñó Jason, resoplando mientras intentaba quitarse a Lucas de encima.
Forcejearon durante un ratito, con los brazos entrelazados con tensión, ya que ninguno podía obligar al otro a moverse.
—Eh, eh, no lo acoses —dijo Vincent, guiñándome un ojo mientras observaba las travesuras que estaban haciendo—. Harás que se corra otra vez.
—Apuesto a que sí —dijo Lucas—. Apuesto a que… ¡Eh! Un momento, ¿qué es ese vídeo?
Intentó arrebatarle el móvil a Vincent, pero era demasiado rápido, incluso colocado. Sus brazos largos mantuvieron el móvil fuera de su alcance con facilidad mientras saltaba de la cama, casi chocándose con Manson.
—Ay, venga, Lucas, quiero verlo —dije, antes de chillar cuando Lucas me agarró del brazo y me arrastró debajo de él.
Me cubrió el cuello de mordiscos y besos que sonaban mucho más violentos de lo que realmente eran.
—Hueles a marihuana —gruñó, con la boca pegada a la mía—. Y a polla.
—Dos de mis cosas favoritas —dijo Vincent, que le dio un tirón a la camiseta de Manson en broma antes de decir—: Oye, hermano, tienes algo en la camiseta.
Pero cuando Manson miró hacia abajo, Vincent le dio un golpecito en la nariz antes de correr hacia la cocina, y Manson resopló. Le tendí la mano desde debajo de Lucas y él se unió a nosotros en la cama, tomándome de la mano pero sin ofrecerme ayuda.
—Me está aplastando —me quejé, pero Manson solo negó con la cabeza.
—Sí —dijo, acomodándose en las almohadas a mi lado—. No te resistas, eso lo anima.
—Me gusta cuando te resistes —dijo Lucas, que se incorporó, permitiéndome por fin respirar sin su peso sobre mi pecho—. Parece que vas muy colocada, nena. ¿Estos capullos te han drogado?
—Oh, sí —respondí, estirando mi cuerpo desnudo sobre las mantas.
Todo me parecía mucho más lujoso cuando estaba colocada: la suavidad de las sábanas, el olor de la habitación, los hombres sexys tumbados a mi alrededor…
—Ahora mismo me siento tan indefensa y vulnerable…
—Perfecto —dijo Manson, acariciándome el pelo—. Así es justo como me gustas.
—¡Poneos cómodos! —exclamó Vincent, que volvió con los brazos llenos de aperitivos de la cocina y nos tiró bolsas de patatas fritas y galletas antes de centrarse en conectar su móvil al televisor de la habitación—. Es noche de cine en familia, protagonizada por el pene de Lucas.
—Me vais a matar, joder, lo juro —se quejó Lucas.
Volvió a tumbarse sobre mí, aplastándome contra el colchón en represalia por atreverme a reírme de él.
Manson se rio al ver mi cara sin aire antes de levantarse de la cama.
—Deberíamos encender la chimenea para que se esté mejor aquí dentro —dijo, dirigiéndose a la puerta que daba a la terraza—. Voy a por leña. Ahora vuelvo.