8
Vincent
No abrí los ojos hasta las diez de la mañana. Y cuando lo hice, fue solo para poder darme la vuelta, abrazar a Jason, que estaba acostado a mi lado, y acercarlo más a mí para poder volver a dormirme.
Mi estado natural era la pereza. Creía firmemente que los seres humanos estaban destinados a pasar los días tirados al sol, comiendo fruta, bebiendo alcohol y follando.
Mi corazoncito anarquista se rompía al tener que girar como otra pieza más del engranaje del sistema, trabajando muchas horas y pagando impuestos.
Pero mi sistema principal era mi familia y eso era lo que más me importaba.
Trabajaba para ellos, para que tuviéramos una vida mejor, una en la que nos tumbábamos todo el día comiendo fruta, bebiendo alcohol y follando.
Cuando volví a despertarme, fue porque Jason me había tirado su camisa mientras se vestía.
—¡Despierta, vago de mierda! Vamos. —Me dio una palmada en el culo y yo gemí, pero no me moví, y seguí tumbado con su camiseta sobre la cabeza—. Tío, si seguimos durmiendo, perderemos todo el día.
—Qué más da —murmuré—. Merece la pena dormir.
Pero aun así me senté. No solíamos venir aquí a menudo y, por mucho que me gustara dormir, me arrepentiría de no aprovecharlo si me quedaba en la cama. Unas horas conduciendo por el campo en el WRX me despertarían. Con suerte, Manson, Lucas y Jess seguirían por los senderos.
Me dejé la camiseta de Jason sobre la cabeza mientras me dirigía al baño y hacía mis necesidades, luego me lavé la cara y me recogí el pelo en un moño.
Cuanto más me crecía, más salvaje se volvía, pero no iba a cortármelo ni loco.
Ahora era parte de mí; llevaba años dejándomelo largo.
Además, Jason se volvería loco si me lo cortara.
Cuando salí del baño, tenía un mensaje de Manson esperándome.
MANSON
Oye, tráeme unos calzoncillos al muelle, ¿vale?
Riéndome, le respondí.
¿Tan mal conducía Jess que te has meado encima?
MANSON
Ja, ja, me descojono. En realidad, Jess se comió los que llevaba.
Ni siquiera iba a preguntar.
Calentamos unos burritos congelados para desayunar en el microondas y nos los comimos en el coche mientras conducía. Los caminos de tierra serpenteaban entre los árboles, algunos tan estrechos que solo podían pasar las bicicletas.
No tardé mucho en verlos, teniendo en cuenta que el Bronco estaba aparcado a un lado del camino, con la parte trasera abierta de la que asomaban tres pares de pies descalzos y sucios.
Aparqué junto a ellos, grité y di una palmada en el lateral del Bronco mientras me acercaba.
—¡Yuju, despertad, putos hippies !
Asomé la cabeza en la parte de atrás del vehículo y me los encontré tumbados uno al lado del otro, desnudos, con Jess en el medio. Tenían el pelo todavía húmedo, como si hubieran estado bañándose. Jason se acercó por el otro lado y le agarró los pies a Lucas, que colgaban del borde del todoterreno.
—¿Te ofreces voluntario para hacerme un masaje en los pies? —preguntó Lucas, abriendo un poco un ojo y levantando la pierna para poder acercar el pie a la cara de Jason—. Vamos, sabes que quieres estos dedos sucios.
Jason se rio y lo apartó de un manotazo.
—Ya te gustaría a ti. Tendrás que esforzarte más si quieres que me ponga a tus pies.
Jess se incorporó y me pidió que la ayudara a salir de la parte de atrás.
Satanás, ten piedad, parecía una diosa salvaje: sucia, con las mejillas sonrosadas y el pelo revuelto. Olía a sudor y a sexo cuando la abracé y la besé.
—Joder, mírate —le dije—. Me encanta esa mirada de recién follada que tienes en la cara. Es muy sexy .
Me incliné para poder cerrar la boca sobre su pecho, mordisqueándole el pezón hasta que gimió.
—Parece que has dejado agotados a estos dos —comentó Jason.
Lucas se incorporó y le dio un golpe en la nuca a Jason mientras salía del todoterreno. Se dirigió hacia el viejo muelle, donde tenía la ropa tirada.
—Solo estamos recuperando el aliento —dijo Manson, pasándose la mano por el pelo revuelto—. Esta chica no se rinde sin luchar.
Dicho eso, se levantó, rodeó a Jess con los brazos y le dio un beso en la sien. Ella echó la cabeza hacia atrás para mirarlo y su expresión habría podido derretir los glaciares.
Me encantaba esa mierda. Quería ver a mi gente feliz. Quería que avanzaran . El mundo era un puñetero desastre, pero mientras estuviéramos juntos, podríamos afrontar cualquier cosa que la vida nos pusiera por delante.
Quería que Jess formara parte de ese «nosotros».
En muchos sentidos, sentía que ya lo era.
Anoche, mientras estaba sentada con Jason, hablando en voz baja, vi la sinceridad en su rostro.
Jason no me contó todo lo que le dijo. Yo tampoco pregunté, no pensaba hacerlo.
Me dijo que se había disculpado por las cosas que habían pasado y eso me bastó.
Me sentí muy orgulloso de ella; había sido lo suficientemente valiente como para tener esa conversación. Pero estas cosas llevaban su tiempo. La confianza llevaba tiempo, más para algunos que para otros.
—Muy bien, me toca conducir a mí —dijo Manson, después de vestirse y sacudirse el polvo de la ropa—. Te voy a devolver ese viaje salvaje de antes, Jess, ya verás.
El WRX podía recorrer los senderos mucho más rápido que el Bronco, pero Manson seguía sorprendentemente cerca de mí mientras acelerábamos entre los árboles. Cada vez que levantaba el pie del acelerador para tomar una curva, los gritos de emoción de Jess resonaban en el aire y me hacían reír.
Esa tarde, cuando regresamos a la cabaña, estábamos empapados en sudor y cubiertos de polvo. El WRX acabó que parecía que lo habían enterrado y desenterrado, pero no me habría conformado con menos. Un día en el bosque no estaba completo a menos que acabaras pareciendo una criatura salvaje.
Lucas y Jason prepararon unos sándwiches y nos sentamos en el suelo del salón para comer, porque estábamos demasiado sucios como para sentarnos en el sofá. Nos tumbamos en el fresco suelo de madera, con las puertas trasera y delantera abiertas para que corriera la brisa.
Jess estiró los brazos al terminar de comer y suspiró cansada.
—Uf, necesito una ducha.
—Yo creo que estás sexy toda sucia —dijo Manson, y ella se giró para darle un beso en la mejilla antes de ponerse en pie.
Jason y yo la seguimos, y ella nos miró con una ceja enarcada, interrogante.
—Ellos ya han tenido su turno —dije, señalando a Manson y Lucas—. Ahora nos toca a nosotros limpiarte y ayudarte a relajarte.
—Entonces os lo vais a pasar bien —comentó Lucas, con la cabeza apoyada en las piernas de Manson mientras yacía en el suelo—. Manson no la dejó correrse antes.
Cuando volví a mirar a Jess, me dedicó una sonrisa que me provocó cosquillas en el vientre antes de desaparecer por el pasillo. Miré a Jason, pero estaba demasiado ocupado mirándole el culo como para darse cuenta.
La seguimos hasta el baño principal y ella dejó correr el agua caliente en la ducha, cuyo vapor no tardó en empañar el cristal.
Nos quitamos la ropa y entramos. La suciedad y el sudor desaparecieron al enjabonarnos los unos a los otros, con la piel resbaladiza mientras nos provocábamos con caricias prolongadas y besos largos.
—Creo que Manson debería llamarte demonio en lugar de ángel —le dije cuando Jess se pasó los dedos por el pelo mojado—. Porque esta agua está tan caliente que va a quemarme la piel.
Ella se rio, se acercó a mí y me atrajo hacia el chorro para poder besarme.
—Sufre por mí —susurró contra mis labios y, joder, se acabó la ducha.
La cogí en brazos, mojada, chorreando y riéndose. Jason cerró el grifo mientras yo abría la puerta de la ducha.
La llevé a la cama y la dejé caer sin ceremonias sobre el colchón.
—¡Estoy empapada!
Intentó protestar, pero me subí encima de ella y le di un beso lento y tierno que hizo que toda la tensión desapareciera de su cuerpo.
—Me da igual que estés mojada —dije—. No me importa si estás sucia o limpia, o lo que lleves o no lleves puesto. Eres preciosa y no puedo mantener las manos alejadas de ti.
Enredó los dedos en mi pelo, tirando ligeramente mientras me besaba.
De repente, gimió en mi boca, arqueando su cuerpo hacia mí.
Hice una pausa, miré hacia atrás y vi a Jason masajeándole los pies.
Movió los pulgares con cuidado, acariciándole el talón y el arco del pie antes de llevarse los dedos de los pies a la boca y chupárselos.
Ella volvió a gemir, esta vez más suave, y abrió mucho los ojos ante la nueva estimulación.
—Me gusta —dijo y se rio un poco, claramente sorprendida—. Nadie me había chupado los dedos de los pies.
—Lo que se han perdido entonces —dijo Jason.
Sus labios y su lengua eran increíblemente hábiles, y mientras él disfrutaba de sus pies, yo acariciaba el resto de su cuerpo.
Jess se estremeció de placer, acercándose a mi mano. Mantuvo los dedos enredados en mi cabello y tiraba de él al jadear. Cogí uno de los porros que había liado de la mesita de noche, junto con el mechero.
—¿Quieres fumar? —le pregunté—. No tienes por qué hacerlo. Sin presiones.
Ella asintió, con la cabeza apoyada en las almohadas mientras Jason adoraba sus pies.
—Sí —respondió, soltando un suspiro suave mientras se relajaba.
Encendí el porro y el olor a marihuana se extendió por la habitación.
Jess se incorporó y su mirada se suavizó por el placer mientras observaba a Jason.
Me encantaba cómo lo miraba, como si lo deseara, como si la excitara ver su rostro.
Entendía la sensación. Jason estaba buenísimo; a mí también me ponía mirarlo.
Pero era diferente ver a alguien con la persona que amabas, ver cómo la deseaban, apreciaban, adoraban, todo eso mientras respetaba el vínculo que tenía contigo.
En pocas palabras: era felicidad, era alegría, una celebración de quiénes éramos juntos y como individuos.
Unas cuantas caladas al porro me relajaron y se lo pasé a Jess.
—¿Has fumado antes? —le pregunté mientras cogía el porro entre los dedos.
No le costó nada a pesar de sus uñas acrílicas, lo que delataba su experiencia, pero se lo pregunté de todos modos; más valía prevenir que curar.
—Claro. —Me dedicó una sonrisa pícara mientras cerraba los labios alrededor del porro y daba una calada—. No fui una chica muy buena en la universidad.
Las nubes de humo que salían de sus labios me hicieron reír.
—Joder, eres perfecta.
Le acaricié la cara, atrapando el humo en mi boca y aspirándolo, respirando su aire como si fuera la vida misma.
Cuando la besé, fue exquisita, suave y cálida.
Era un mundo de cosas contradictorias, todas envueltas en una sola, un rompecabezas de deseos.
Me separé de su boca cuando acercó el porro a mis labios y le di una calada.
A continuación, se lo ofreció a Jason, que se inclinó hacia delante, observándome con sus intensos ojos azules mientras fumaba.
Nos atrajo irresistiblemente hacia ella. Nos besamos, entrelazando nuestras lenguas, mientras le acariciaba el pecho con una de mis manos y la otra se enredaba en el cabello de Jason. Sus sabores, los dos juntos como uno solo, eran perfectos. Era todo lo que quería, una unidad de sensaciones.
Nos pasamos el porro, tomándonos nuestro tiempo para hablar y reír mientras nos explorábamos mutuamente.
Se escuchaba correr el agua de la otra ducha de la casa, así que sabía que Manson y Lucas habían encontrado una forma de entretenerse.
Teníamos por delante varias horas antes de la cena y no quería precipitarme.
—Joder, te deseo —dijo Jason, sin aliento.
Sus ojos estaban clavados en mí mientras sus manos la acariciaban.
Lo acerqué a mí y lo tumbé junto a Jess, moviéndome lentamente mientras le arañaba el pecho y le dejaba besos y mordiscos en el abdomen.
Ella le agarró la mano y entrelazó sus dedos, y él apoyó la cabeza en su muslo mientras yo me metía su polla en la boca.
Olía a jabón y a limpio. El sabor de su carne me hizo salivar y me lo metí hasta la garganta. Sus muslos se tensaron y los dedos de su mano libre jugaron con mi pelo. Se pasaron el porro entre ellos, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados, relajados.
Hice una pausa y cogí el bote de lubricante de la mesita de noche. Me unté los dedos con él y separé las piernas de Jason, untándole el lubricante en el culo antes de introducirle un dedo con cuidado.
Él gimió y Jess se inclinó para darle un buen beso. Lo exploré, encontré su próstata y la masajeé. No quería aumentar la estimulación demasiado rápido, quería que saboreara cada sensación, que se entregara a la experiencia.
Su polla se sacudió cuando moví el dedo. Le agarré los testículos, apretándolos lo justo para que contuviera el aliento entre temblores. Se estremeció cuando Jess le recorrió la mejilla con las uñas, con la mirada oscilando entre su rostro y el mío.
—Sois muy sexys juntos —comentó y le recorrió el contorno de la oreja, jugueteando con las dilataciones de color verde neón que llevaba ese día—. Me gusta miraros.
Jason emitió un sonido suave, con los ojos cerrados mientras flotaba en la felicidad. Introduje un segundo dedo y su respiración se volvió más profunda. Se echó hacia atrás y Jess abrió las piernas para que él pudiera masajearle el clítoris con los dedos.
—Te han follado duro antes, ¿verdad? —preguntó y ella asintió, gimiendo suavemente mientras él la tocaba, encontrando todos sus puntos sensibles y haciéndola gemir—.
Creo que ya han usado tu coño suficiente por hoy, pero quiero hacer que te corras.
Dios, tengo tantas ganas de que te corras…
—Sus dedos se curvaron cuando enterré los míos más allá del nudillo.
Respiró lenta y profundamente, atrayendo a Jess hacia él—.
Siéntate en mi cara, princesa. Déjame gemir en ese dulce coño mientras él me folla.