El pacto matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 16
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Capítulo 16

Elvira

LOS TERRENOS ERAN MUCHO MÁS magníficos de lo que esperaba.

Thompson había elegido bien para una excursión con temática histórica.

El hotel era un edificio histórico: una antigua mansión que había pertenecido a un general y que los soldados de la Unión habían usado durante la guerra.

Y lo parecía. Para preservar el carácter histórico de la mansión, los propietarios habían mantenido todo cuidadosamente en su estado original, salvo las comodidades modernas como la electricidad y el wifi; incluso los jardines conservaban un estilo que evocaba el siglo diecinueve.

Grandes árboles rodeaban la propiedad a modo de seto y ofrecían privacidad.

Paseé por la suave hierba para estirar las piernas.

El vuelo y después el trayecto en coche me habían entumecido los músculos, y sentaba bien notar la sangre fluyendo por el cuerpo.

Los hermosos jardines bien cuidados y las bonitas flores que rodeaban las pequeñas fuentes no lograron distraerme de mis pensamientos.

Hoy era diferente. Era uno de esos días en los que una intenta no pensar, pero haga lo que haga, la gente te lo recuerda.

Sin querer, por supuesto, aunque me alegraba de que hoy no hubiera pasado.

Pero a veces... a veces desearía poder celebrarlo.

A veces desearía poder ser feliz en un día como este sin...

Hice lo que pude para olvidar y no pensar en ello.

Mis pensamientos, en cambio, se fueron hacia Levi.

Levi era diferente. No podía precisar qué había cambiado exactamente en él, pero había algo distinto.

Resultaba desarmante. A veces me hacía preguntarme si me lo estaba imaginando.

Era como si fuera otra persona desde el incidente de la cafetería.

Incluso me atrevería a decir que desde un poco antes.

Debería protegerme de él. Al Levi frío podía manejarlo.

El Levi ardiente, en cambio, era otra historia.

Todavía no podía dormir sin revivir cada uno de nuestros besos, y cuando estaba sola en la cama, quería más.

Puede que incluso me hubiera hecho llegar al orgasmo con un fanfic sobre nosotros dos que me inventé en mi cabeza.

Daba igual: imaginarme con él de verdad era una estupidez y tenía que parar.

Por mucho que fuera amable y, me atrevía a decir, agradable, estaba fuera de mi liga.

Jugar con hombres como él me había dejado quemada.

Si algo había aprendido de mi tiempo con Wyatt, era eso. Al diablo con lo bueno que estuviera.

Mientras paseaba, me alejé del camino y me desorienté, y cuando intenté volver al hotel, ya no sabía dónde estaba.

Para colmo, con las prisas por salir de la habitación, me había dejado el móvil en el bolso.

Vaya suerte la mía. Llegué a una pequeña cabaña y aún me preguntaba cómo volver, o si debería asomarme a ver si había alguien dentro, cuando Patty y Lily aparecieron en mi camino.

No parecían tan perdidas como yo; Patty iba señalándole cosas a Lily mientras paseaban.

Lily fue la primera en verme y se le iluminó la cara.

Le dio un codazo a Patty, que estaba en plena explicación sobre un cañón pintado de blanco en el centro del jardín.

—¡Hola, Elle!

Lily me saludó con la mano, y Patty hizo lo mismo.

—¡Gracias a Dios que os encontré! ¡Pensé que estaba perdida!

Patty y Lily se acercaron.

—Un lugar encantador, ¿verdad? —dijo Patty.

—Nuestros retiros anteriores no han sido tan bonitos, así que tengo que daros las gracias a las dos —añadió Lily.

Me encogí de hombros.

—Yo no hice nada. Solo soy la esposa que vino de acompañante. A quien deberíais dar las gracias es a Levi.

—Sí, y no creo que estuviéramos aquí si no estuviera casado contigo —dijo Patty—. Por cierto, nunca te di la enhorabuena. Sabía que lo vuestro iba en serio.

Era la segunda persona que me decía esto, y empezaba a preguntarme si estarían confundiendo a Wyatt con Levi. Ambos eran los profesores más jóvenes del departamento de historia, y dudaba que esa gente tan ocupada tuviera tiempo de fijarse en lo que hacían los jóvenes de su facultad.

—Me encantó el jet, por cierto —dijo Lily con voz animada y ojos brillantes—. Vosotros dos deberíais ser fijos en el grupo. Podría acostumbrarme a esto.

Hizo un gesto abarcando lo que nos rodeaba. Patty le dio un codazo discreto en las costillas.

—Estaba pensando... —Patty se inclinó ligeramente— si a tu marido le interesa el estudio de civilizaciones antiguas.

Hay un lugar cerca de Göbekli Tepe donde se ha descubierto otro yacimiento.

Estábamos pensando, el departamento de antropología, quiero decir, si sería buena idea organizar una expedición.

Solo la investigación ya sería un hito en nuestras carreras.

Si le interesan ese tipo de cosas, ¿crees que estaría dispuesto a hablar conmigo?

Intentó ocultar la súplica en su voz, aunque se le notaba en los ojos.

A Levi no le importaba nada anterior al 1066 d.

C., e incluso entonces solo si tenía que ver con el período medieval.

Dudaba que le importara un comino un proyecto de arqueología o antropología sobre una civilización antigua de posiblemente diez mil años.

Pero Patty parecía desear de verdad esa subvención.

Había oído rumores de que había perdido la anterior cuando la organización que la financiaba quebró, lo que paralizó todo el trabajo que estaban haciendo.

Sabía lo que me estaba pidiendo. Quería que intercediera por ella para que Levi, o al menos la Fundación Hawthorne, financiara su proyecto.

—Claro. Si tiene tiempo, puede que hable contigo, pero no creo que yo tenga tanta influencia sobre él.

Patty se lo tomó como un sí rotundo. Se irguió y apretó los puños como si se contuviera para no dar un salto de alegría.

—Muchísimas gracias. Solo necesito una conversación con él.

Antes de que pudiera decirle que no se hiciera ilusiones, se lanzó a darme indicaciones para volver al hotel.

Lily sugirió que regresáramos juntas, y a partir de ahí el tema volvió a las actividades del retiro.

Esa noche habría una cena especial y un tour de fantasmas.

Si Patty era una muestra de lo que me esperaba, la cena iba a ser insoportable.

No creía que pudiera aguantar a un montón de académicos haciéndole la pelota a Levi con la esperanza de conseguir una subvención.

O peor, haciéndomela a mí con la esperanza de que hablara con Levi.

En cuanto al tour, odio los putos fantasmas.

Levi estaba en el vestíbulo hablando con el conserje cuando llegamos. Sonrió al verme, y se me revolvió el estómago cuando se acercó, me dio un beso en la mejilla y puso cara de que no podía alegrarse más de verme. Joder. Se le daba muy bien eso de fingir ser mi marido.

—¿Dónde estabas? —preguntó.

—¡La pobre se perdió! —dijo Lily entre risas—. La encontramos vagando por los jardines.

—Es un lugar precioso —añadió Patty.

Levi me rodeó la cintura con el brazo como si fuera lo más natural del mundo y les dijo:

—Gracias por encontrarla. No sé qué haría sin mi Elle.

Patty y Lily soltaron un «oooh» enternecido. Cuando les dimos la espalda para subir las escaleras, puse los ojos en blanco.

—¿No te estás pasando un poco?

A Levi se le curvó ligeramente la comisura de los labios.

—Somos recién casados. Se nos permite estar empalagosos.

—Me han dicho que esta noche hay una cena y un tour de fantasmas.

—Sí —dijo sin mirarme. Habíamos llegado al final de las escaleras de moqueta roja y ahora nos dirigíamos a nuestra habitación. Nuestros pasos resonaban en el pasillo al pisar las tablas de madera cubiertas de moqueta.

—No te preocupes —dijo mientras deslizaba la tarjeta en la cerradura de la habitación. Se oyó un clic, la luz roja del pomo se volvió verde y Levi abrió la puerta—. Tengo otras ideas.

—Oh. —Lo seguí, un par de pasos por detrás.

Se detuvo y me miró por encima del hombro.

—A menos que quieras unirte a ellos.

—Ni de coña.

Levi sonrió.

—Genial.

◆◆◆

FUIMOS A UN viejo cine que solo proyectaba películas bélicas del siglo veinte.

Por suerte, estaban poniendo una de mis favoritas, el clásico de mil novecientos cuarenta y cuatro, Tener y no tener .

Levi había conseguido asientos en el centro, aunque supongo que no fue tan difícil conseguir buenos sitios, ya que la sala estaba medio vacía.

Antes de que empezara la película, una pareja sentada unos asientos más allá hablaba sobre la programación; la mujer decía:

—Creía que habías dicho que esta semana solo ponían películas de la guerra civil.

—Eso pensaba —dijo la otra mujer—, pero parece que han hecho un cambio para la gente de aquí.

—Qué suerte tenemos —le susurré a Levi cuando volvió con dos cubos de palomitas—. Podríamos estar viendo una película de la guerra civil en vez de Tener y no tener .

—¿En serio? ¿Cómo lo sabes?

—Las he oído —señalé a la pareja de lesbianas—. Deben de ser de aquí.

Levi me pasó el cubo y las luces se atenuaron cuando empezó la película.

Aunque la había visto varias veces sola en casa, en el portátil o en la tele, verla en una pantalla grande así era maravilloso.

Me sentí transportada al año del estreno, y tal como se hacía en aquella época, hubo un intermedio.

Me levanté para rellenar las bebidas, a pesar de las protestas de Levi.

Él quería ir, pero yo necesitaba estirar las piernas después de tanto rato sentada.

La zona de confitería estaba casi vacía, y mientras esperaba mi pedido, dos trabajadores del cine charlaban.

—Matt —dijo el chico que servía las bebidas—. ¿No deberías estar en la cabina?

—¡Eh! —dijo Matt, frotándose la barriga por encima de la camiseta negra—. Proyectar películas es un trabajo duro. A veces necesito un respiro.

El otro chico se rio, negando con la cabeza.

—Pensaba que ibas a poner Los jinetes de la muerte en la cuatro.

Matt se encogió de hombros.

—Un ricachón nos pagó un pastón por poner Tener y no tener . Seguro que quiere impresionar a alguna chica. ¿Quién soy yo para negarme? Y ha resultado mejor, por lo que parece. Hay más gente ahí dentro de la que habría venido a ver Jinetes .

Volví a la sala con las bebidas, las piernas temblorosas y el corazón henchido. Tenía que haber sido Levi quien pidió el cambio.

—Gracias —le dije al pasarle su bebida.

Frunció el ceño.

—¿No debería ser yo quien te dé las gracias?

—Por esto —señalé la pantalla con la cabeza mientras la película volvía a empezar.

—Tuve suerte —susurró—. Vi que la ponían y supe que te gustaría.

—¿Cómo sabías que me gustaba esta película? —fruncí el ceño. Él y yo nunca habíamos hablado de cine. Vamos, que nunca le había importado lo que hacía con mi vida social.

Levi se llevó un dedo a los labios para hacerme callar y metió la mano en las palomitas, con la atención de vuelta en la pantalla. Intenté concentrarme en la película después de aquello, pero mi mirada no dejaba de volver al hombre sentado a mi lado. Era una caja de sorpresas.