Capítulo 5
Levi
Unos meses después
—¿Cómo que no puedo liquidar mis acciones? Es mi dinero, ¿no?
La gestora de fondos, Patricia Scott, sentada frente a mí al otro lado del escritorio, aparentaba edad suficiente para ser mi madre, pero eso no la hacía reconfortante en absoluto.
Todo lo contrario, de hecho. Tenía una fachada impenetrable de plástico que debía de haber cultivado durante todos sus años lidiando con los berrinches y el dinero de niños ricos malcriados.
Sus mejillas atiborradas de bótox brillaban mientras me dedicaba una sonrisa cansada.
—Lo es. Pero no puede liquidar sin cumplir los requisitos del fideicomiso.
Su voz grave y áspera resultaba aún menos reconfortante.
Pensé que después de que Ivy consiguiera que despidieran al último tipo, la cláusula dejaría de ser un problema.
Pero tras pasar una hora en esta oficina blanca, minimalista y opresiva que debía de haber sido diseñada por un decorador de pabellones psiquiátricos, sentía que estaba a punto de internarme en uno.
Llevábamos horas dando vueltas al mismo tema sin entendernos.
—¿Y qué hay de un préstamo? Puedo pedir un préstamo con mis acciones como garantía, ¿no?
—También hay restricciones al respecto. El límite del préstamo, según el fideicomiso —hizo una pausa, alzando la vista al techo para recordar la cantidad—, es de cien mil dólares. Si quiere pedir más, tiene que, ya sabe...
—¿Y si no quiero?
—Puede impugnar el fideicomiso.
Patricia cogió unas gafas enormes que descansaban sobre su escritorio blanco impoluto, se las puso y clavó la vista en el portátil.
—Podríamos llevarlo a los tribunales. Conozco a un buen abogado.
Tecleó algo con dedos ágiles.
—¿Cuánto tardaría eso?
Dejó de teclear.
—¿Todo el proceso?
Frunció el ceño.
—Si lo aceleramos, unos cuatro meses, más o menos.
—¡No tengo tanto tiempo! Necesito el dinero ahora.
Patricia volvió a mirarme.
—Entonces tendría que hacer lo que dice el fideicomiso. ¿No tiene a alguna chica maja en su vida que esté deseando que le ponga un anillo en el dedo? No parece que le fuera a costar encontrar una mujer dispuesta a casarse con usted.
Unos preciosos ojos marrones destellaron en mi mente, y enterré la imagen de inmediato.
—No quiero casarme —dije entre dientes.
—Entonces... ¿probamos suerte con los tribunales?
Enarcó las cejas.
Me levanté de la silla mullida.
—No. Veré qué puedo hacer.
Tengo varios hermanos con dinero de sobra para ayudarme sin pestañear. Por mucho que odiara suplicar, estaba seguro de que Nolan, en particular, me echaría una mano.
Su oficina no quedaba lejos. Un corto trayecto en coche y ya había llegado. Pensé que su asistente me haría esperar por presentarme sin avisar, pero me dejó pasar en cuanto llegué.
—Tienes suerte de que esté libre esta tarde —dijo Nolan cuando entré en la oficina.
Estaba de pie junto al ventanal que iba del suelo al techo, con una vista impresionante de la ciudad, de espaldas a mí. Me acerqué a él.
—¿Cómo te va la vida? —preguntó cuando me puse a su lado—. Vi tu entrevista.
—Uf.
Quería que me tragara la tierra. ¿Cómo había encontrado ese vídeo alguien tan ocupado como Nolan?
—¿También te llegó a ti?
Nolan se metió las manos en los bolsillos.
—Tengo configuradas alertas de Google para todos vosotros.
La vena controladora de Nolan no debería sorprenderme. Por supuesto que querría saber qué hacían sus seis hermanos.
—Igualito que papá.
Nolan resopló.
—Ya sabes que papá no nos quería así.
Era verdad, pero era igual de dominante.
—¿Qué te trae por aquí? —preguntó Nolan.
—¿Podemos sentarnos?
Enarcó las cejas.
—¿Tan serio es?
Fuimos a la zona de estar de su amplia oficina. Me dejé caer en el sofá marrón de dos plazas, estilo mediados de siglo, y Nolan se sentó a mi lado, girado hacia mí.
—Nada serio. Bueno, para mí sí lo es un poco.
—¿Ah, sí?
—Hay una colección que necesito adquirir. Una colección de libros y cartas que podría demostrar una teoría mía.
Nolan ladeó la cabeza.
—Interesante.
—Podría revolucionar nuestro campo.
Nolan entrecerró los ojos.
—¿Tiene algo que ver con esa entrevista? No sé nada de tu campo, pero esa mujer te dejó como un mentiroso de tomo y lomo.
—Cosa que no soy —dije entre dientes.
Nolan levantó las manos en son de paz.
—Siempre he estado de tu lado, hermano. Pero ya sabes, si hubieras aceptado la oferta de Yale, esto no habría pasado.
—No quería trabajar en Yale.
—El profesorado te habría defendido.
—¿Y que todo el mundo pensara que conseguí el trabajo porque mi hermano compró un edificio?
Nolan puso los ojos en blanco.
—Eres exalumno.
—Bueno, deberías haberme dejado conseguir el trabajo sin inclinar la balanza si iba a ser tan fácil.
Sin querer, alcé la voz al final.
—Solo intentaba ayudar.
La voz de Nolan sonó apagada. Parecía vulnerable, algo que no esperaba de mi formidable hermano.
—Lo sé. Pero a veces te pasas.
Suspiró.
—Eso mismo dice Aire.
—Deberías hacerle caso a tu mujer. Sabe de lo que habla.
—Por eso no hice nada esta vez.
Nolan y yo no éramos tan cercanos, pero sabía cuándo mentía. —Por favor, no me digas que intentaste que quitaran el vídeo.
Agachó la cabeza. —Fue más difícil de lo que pensaba.
—¡Nolan!
—¡Lo siento! ¿De qué decías que querías hablarme? —preguntó, intentando cambiar de tema, sin darse cuenta de que seguíamos con el mismo maldito asunto.
—Necesito dinero para comprar la colección, pero no puedo liquidar mis acciones porque el fideicomiso establece que tengo que estar casado.
—Ah, esa cláusula. Papá la puso porque pensaba que tu madre se lo quedaría todo. Sus palabras, no las mías. Creía que ya no existía después de que Ivy la impugnara.
La percepción que nuestro padre tenía de mi madre no andaba muy desencaminada, pero joder, ¿por qué tuvo que perjudicarnos también a mí y a mis hermanos? —La cláusula de Ivy era diferente.
—Puedes impugnarla. Estoy seguro de que a Tyler y Sebastian no les importaría. Aunque, si te soy sincero, me gusta cómo están las cosas. Me resulta más fácil si vosotros no diluís el bloque familiar de acciones.
—No tengo tiempo para impugnarla. Necesito el dinero con urgencia. Puede ser un préstamo.
—¿Cuánto?
Le dije la cifra aproximada a la que podría llegar la colección.
Nolan se rio.
—Tienes una suerte de mierda, ¿lo sabías? ¿Cabreaste a algún hada o qué?
Dios mío. ¿Y ahora qué?
—Damien y yo compramos acciones de una startup hace poco. Está en todas las noticias.
Rara vez leía noticias de negocios, y ahora me arrepentía de no haberlo hecho.
—Era una participación enorme. Usamos nuestros fondos personales más algunos préstamos, así que ahora mismo no tengo liquidez. Ando corto de efectivo. Pero dame un mes y podría sacarte algo.
—No tengo tanto tiempo.
Nolan me dio una palmadita en el brazo. —Parece que vas a tener que ponerte a buscar esposa.