El pacto de los lobos (Lobo y Delgado 4) 9
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La sede de la UDEF ocupaba tres plantas de un edificio anodino en la calle Guzmán el Bueno de Madrid, muy cerca de la sede de la Policía Nacional.

Por fuera, nada delataba lo que se cocía dentro.

Paredes de ladrillo visto, ventanas oscuras y una puerta de acceso con lector biométrico.

En el interior, los pasillos olían a café recalentado, y los fluorescentes del techo zumbaban con una monotonía que apenas variaba entre semanas. Un lugar sin glamour. Pero eficaz.

La inspectora Patricia Andújar llegó poco antes de las ocho y media.

Cruzó el vestíbulo sin quitarse los auriculares.

Saludó con un leve gesto al agente de control de accesos, dejó la mochila en su taquilla y recogió su tarjeta identificativa con banda azul.

El ascensor la llevó hasta la segunda planta, donde estaban centralizadas las unidades de análisis financiero.

Su despacho no era más que una oficina compartida con otros tres analistas. Paredes blancas, dos pizarras llenas de anotaciones en rotulador rojo, cuatro puestos de trabajo enfrentados y una cafetera Nespresso comunitaria con cápsulas ya escasas.

Encendió el terminal. Introdujo su contraseña.

Mientras el sistema accedía a la red segura de la UDEF, abrió la carpeta que había dejado a medio revisar la tarde anterior.

Una cadena de préstamos entre bancos suizos y una constructora española.

Las cifras no cuadraban. El origen del capital tampoco. Terra Nova. Otra vez.

Apoyó el codo en la mesa y frotó el puente de la nariz.  La pantalla se iluminó con un nuevo correo. Procedía de Interpol Lyon. Asunto: Solicitud de cooperación financiera – Caso R-4581 .

Patricia tragó saliva. Abrió el archivo. Y empezó a leer.

De: [email protected]

Para: [email protected] CC: [email protected]

Asunto: Solicitud de cooperación – Caso R-4581 (Blanqueo de Capitales / Grupo Terra Nova) Prioridad: Alta

Sra. Andújar ,

Desde la Oficina Central de Interpol (Lyon) y en coordinación con la OCRGDF (Office Central pour la Répression de la Grande Délinquance Financière) y la Police Fédérale Suisse – Division des Affaires Financières, le trasladamos la solicitud formal de cooperación en relación con el expediente R-4581, abierto por indicios de blanqueo de capitales a gran escala con origen presuntamente vinculado a organizaciones criminales rusas.

Según los informes recibidos, se han identificado movimientos de capital sospechosos entre cuentas en Zurich y Ginebra que tienen como beneficiario final al Grupo Terra Nova, con sede en España.

Dado que la empresa actúa como vehículo de inversión en varios proyectos de desarrollo urbano e infraestructuras, se solicita su colaboración para:

Confirmar la existencia y estado fiscal de las sociedades vinculadas al grupo en territorio español.

Obtener extractos de movimientos bancarios, si fuera posible, mediante requerimiento judicial.

Verificar licitaciones públicas, adjudicaciones y relaciones con partidos o cargos públicos.

Evaluar el nivel de exposición del Grupo Terra Nova a entramados societarios off-shore.

Se ruega que, en la medida de sus competencias, se designe un punto de contacto para seguimiento directo del expediente. El caso está clasificado como sensibilidad alta y puede estar vinculado a actividades de corrupción política y financiación ilegal.

Agradecemos de antemano su colaboración.

Atentamente,

Claire Dumont

Inspectrice PrincipaleUnité de Lutte Contre le Blanchiment

Patricia cerró el correo, respiró hondo y giró lentamente la silla. En la pizarra blanca, el nombre "Terra Nova" ya aparecía subrayado en rojo desde hacía semanas, pero ahora tenía un código europeo, R-4581.

Tomó el teléfono interno y marcó la extensión del jefe de unidad.

—Comisario, soy Andújar. Acabo de recibir un requerimiento directo de Interpol Lyon. Se confirma blanqueo a través de Terra Nova, con movimientos desde Suiza. Solicitan punto de contacto y colaboración inmediata.

Hubo un breve silencio al otro lado.

—Tráeme todo lo que tengas. Lo quiero en treinta minutos en mi despacho. Y sí, Andújar. A partir de ahora, el caso es tuyo.

Patricia colgó sin responder. Miró un momento la pantalla, donde seguía abierto el correo. Luego pulsó el botón de impresión segura y se levantó para recoger los documentos. El hormigueo en la nuca era mezcla de tensión y oportunidad.

Patricia volvió a sentarse en su silla, aún con la mano apoyada en el respaldo. Miró la hora en la esquina inferior del monitor: 8:12. Luego buscó el móvil en el bolsillo interior de su chaqueta, desbloqueó la pantalla con el pulgar y buscó entre los contactos recientes .

Marcó el número de Lucía, su vecina del cuarto A, madre también, amiga desde hacía años. Al tercer tono, una voz algo ronca por el sueño contestó.

—Dime, Pat.

—Perdona que te llame tan pronto. Me ha salido un marrón en el curro. Gordo —dijo Patricia, con voz más baja de lo habitual—. ¿Podrías recoger tú a los críos hoy? Los dos. Tienen la merienda preparada en la mochila, y pasaría a por ellos sobre las ocho. Como muy tarde.

Lucía tardó un par de segundos en responder. Pero no protestó.

—Claro, mujer. ¿En el cole, como la otra vez?

—Sí, en la puerta de infantil.

Lucía soltó una risa dormida.

—Lo tengo todo controlado. Tú a lo tuyo.

Patricia exhaló, con un suspiro que no se había dado cuenta de que contenía.

—Gracias. De verdad.

Patricia se mordió el labio.

—Te debo una. Bueno, varias. Te invito a cenar este fin de semana y te cuento. Todo va a cambiar a partir de ahora. Ah, y vino incluido.

—Hecho —respondió Lucía, y colgó sin más.