El oro del Amazonas (Diego Montana 1) CAPÍTULO 1
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El oro del Amazonas (Diego Montana 1)

El oro del Amazonas (Diego Montana 1)

Por Amador Estrada

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CAPÍTULO 1

Faltaban nueve minutos para terminar las clases y para que la tormenta sobre el campus universitario se convirtiera en un embotellamiento caótico hacia el centro de la ciudad.

A sus cuarenta y dos años, la postura de Diego seguía delatando el rigor de su entrenamiento de campo en el FBI.

Los hombros anchos, la fría lógica para resolver problemas y la cicatriz casi invisible que le cruzaba el pómulo izquierdo —recuerdo de una fallida extracción geológica y caída de rocas en las minas de oro de Fort Knox en Alaska en la que fue invitado como especialista y consultor— al mismo tiempo tenía una mirada intensa y penetrante que solía desarmar a los alumnos más distantes y avezados.

Llevaba una camisa azul marino con las mangas arremangadas hasta los codos y los pantalones oscuros manchados con un leve cerco de tiza en la rodilla derecha.

—Recuerden este tema para el primer examen parcial del semestre—dijo Diego, volviéndose hacia la cuarentena de estudiantes que llenaban el anfiteatro—.

La cuenca del rio Amazonas no es una simple masa de tierra con abundante materia orgánica, ríos, bosques, pantanos y la más diversa biodiversidad del planeta, sino también estaban lleno de misterios, leyendas, mitos y ciudades perdidas;  también estaba repleto de minerales preciosos como el oro, llamado también Aurum, el amanecer brillante, las lágrimas del sol, el metal de los dioses; es el mineral más buscado y codiciado por el hombre en toda la historia de la humanidad ocasionando que miles de ellos pierdan la vida por su causa; después de una breve pausa prosiguió --Saben ustedes que la teoría más dominante afirma que el oro se formó en el espacio exterior, ya existía incluso antes de que se formara el planeta Tierra, aun antes que apareciera la vida, hace más de cinco mil millones de años, el oro nació con el Big Bang, la explosión que diseminó partículas de ese mineral magnificente a cientos de millones de kilómetros por hora; Esas minúsculas partículas se fueron compactando en la Tierra, que recién comenzaba a nacer, por eso, hoy en día partículas del mineral precioso permanecen aisladas y encubiertas entre las rocas, y está en los lugares más recónditos del mundo; esperando la mano audaz que venga por ella.

¡Le tengo una pregunta profesor…! enunció una atractiva muchacha que se sentaba en la primera fila, que mientras miraba fijamente al profesor Montana, lanzo rápidamente: ¿En cierto que se puede encontrar oro en abundancia en los lechos de los ríos?

De ninguna manera señorita contest ó inmediatamente Montana; el oro que se encuentra en los ríos siempre viene de aguas arriba, ya sea de la roca o la veta, lo que significa que el oro encontrado en el fondo de las quebradas y los ríos fue transportado por la corriente del agua y la gravedad; y por lo tanto se puede encontrar más oro en las vetas de cuarzo de las altas montañas que en los lechos de los ríos.

—Se terminaron las clases —dijo repentinamente Diego, volviéndose hacia sus estudiantes y observando a la atractiva estudiante que destacaba sobre todos los demás estudiantes.

Un murmullo de libretas cerrándose y cremalleras de mochilas resonó por el aula.

Diego dejó el trozo de tiza en el recipiente de madera de la cátedra y comenzó a recoger y guardar sus apuntes.

La docencia en la facultad le ofrecía un tipo de orden racional que apreciaba profundamente después de doce años buscando rastros de vetas de oro para grandes compañías mineras de su país y de varios países de Europa del este y también del sur de Africa; también como ex agente del FBI analizando escenas de crimen complejas para la división Forense y Geológica del Buró; era uno de los pocos especialistas en Geología forense de la academia, pero su pasión por la exploración y descubrimiento de yacimientos minerales que compartía con la docencia en la Universidad lo llevo a abandonar y renunciar al buro del FBI, en donde su talento se desperdiciaba en trámites burocráticos y desacuerdos y peleas con sus superiores.

En cambio, en el trabajo en campo sentía que era libre como el viento y era el mismo; luego de realizar exploraciones y buscar los minerales más raros y escasos en Canada, Rusia, Congo y hasta en Alaska se sentía fascinado y atraído por las inmensas riquezas minerales que ofrecía el planeta, que cubrían la codicia y las diferentes necesidades del ser humano.

El planeta tierra era como una hermosa mujer había esa similitud porque al planeta tienes que explorarla, recorrerla, y conquistarla para luego encontrar riquezas inimaginables y maravillosas; además la corteza terrestre, las capas de la tierra respondían a leyes físicas inmutables y estables, muy lejos de las miserias, inmoralidades e hipocresías de la naturaleza humana.

—¡Profesor…! El llamado enérgico de la misma lozana y sonrojada alumna de cabello castaño de ojos de color avellana como la tierra, llamada Tatiana Steele, señalándole —necesito su ayuda para la clasificación de siete muestras de minerales que traje de mi último viaje a Sudamérica y que tengo apiladas en mi biblioteca—

—Sería muy interesante observarlos señorita Steele —le contestó el profesor con tono atento, perspicaz y manteniendo la distancia profesional—. Si desea que revisemos sus minerales tráigalos a clases la próxima semana.

—¡Pero Profesor…! Le replicó la agitada estudiante e iba continuar hablando cuando de pronto la puerta de roble pesado al fondo del aula se abrió lentamente, rompiendo la escena poco peculiar del final de clase.

Ambos se detuvieron al notar la figura pesada que entraba al aula.