Capítulo 26
La primera versión
—Salí de Andaraje y fui directamente al servicio de Valera. Ya os lo expliqué la semana pasada.
Rubén Cañada hablaba mirando a Irene, no a Mara.
Su abogado estaba sentado a su izquierda, con una carpeta cerrada delante, y solo había intervenido al comienzo, cuando se formalizaron las garantías de la declaración y Rubén confirmó que quería responder a las preguntas.
Nadie había dispuesto fotografías sobre la mesa ni preparado una exhibición de pruebas.
Irene llevaba una carpeta fina, Andrés tenía delante la cronología y Mara había dejado junto a ella únicamente una libreta.
Era la misma habitación en la que habían tomado otras declaraciones durante la semana, aunque la situación de Rubén había cambiado.
Ya no estaba allí como el profesional al que pedían ayuda para entender vehículos, cuadrillas y horarios, sino como una persona a la que varias diligencias relacionaban directamente con la finca donde había muerto Pilar.
Irene no cuestionó de entrada su respuesta.
—Cuéntanos el recorrido desde que saliste del patio.
Rubén se acomodó en la silla.
—Cogí la furgoneta y salí hacia la finca de Antonio. Teníamos un problema con una máquina y quería verlo antes de que empezara el calor fuerte.
—¿Hiciste alguna parada?
—No.
—¿Entraste en alguna otra explotación?
—No.
La respuesta coincidía con la versión que había mantenido desde el primer día.
Mara observó su manera de contestar sin pretender encontrar en ella una certeza que el comportamiento no podía ofrecer.
Rubén no parecía especialmente nervioso, pero tampoco conservaba la tranquilidad de la primera entrevista en Andaraje.
Cualquier persona sentada junto a un abogado, dentro de una investigación por una muerte violenta, tenía motivos suficientes para escoger con cuidado cada palabra.
Irene siguió con el recorrido.
—A las 05:11 hablaste con Pilar.
—Sí.
—¿De qué?
—De trabajo.
—Necesito algo más concreto.
Rubén miró un instante a su abogado antes de responder.
—De varios partes que estaba revisando y de cosas que quería que comprobara.
Aquello ampliaba lo que había contado inicialmente, cuando presentó la llamada casi exclusivamente como una conversación relacionada con un servicio.
—¿Mencionó los seis partes que te había enviado la tarde anterior? —preguntó Irene.
—No recuerdo si habló de los seis durante esa llamada. Llevábamos días con correcciones.
—La víspera te había escrito que no iba a seguir cerrando determinados servicios sin respaldo y que, si no quedaban aclarados, el lunes llevaría la documentación a dirección.
El abogado intervino por primera vez desde el comienzo.
—Ese mensaje está documentado, entiendo.
—Sí —respondió Irene—. No le estoy preguntando qué pensó al recibirlo. Le pregunto si Pilar habló de ese asunto a las cinco once.
Rubén tardó algo más en contestar.
—Hablamos de los partes, sí. No puedo deciros palabra por palabra qué dijo.
Mara consideró suficiente la respuesta. No existía ninguna grabación de aquella llamada y no tenía sentido reconstruirla mediante preguntas que acabaran sugiriendo un contenido.
Lo importante era que Rubén reconocía ahora que la conversación había estado relacionada con la misma revisión documental que Pilar pensaba elevar a dirección.
Irene cambió de asunto sin remarcar la diferencia.
—Después de esa llamada, según tu declaración, continuaste hasta la finca de Antonio Valera.
—Sí.
—¿A qué hora llegaste?
—A la hora que figura en el parte. Sobre las cinco y cuarto.
Andrés abrió la copia del registro, aunque no la desplazó hacia él.
—¿Miraste el reloj al entrar?
Rubén negó con la cabeza.
—No. Era temprano y llevaba toda la mañana pendiente de horarios.
—Entonces, ¿de dónde sale exactamente 05:15?
—Lo pondría después, de memoria.
—Lo pusiste después —dijo Irene—. A las 07:46.
Rubén dejó de mirar a Andrés y volvió la atención hacia ella.
—Los partes se rellenan después muchas veces.
—Eso ya lo hemos comprobado y no estamos diciendo lo contrario. La pregunta es por qué escribiste 05:15.
—Porque creía que había llegado a esa hora.
El abogado abrió por fin la carpeta y tomó una nota. Irene mantuvo el mismo tono.
—Antonio Valera te llamó a las 05:51 porque todavía no habías llegado.
Rubén necesitó unos segundos.
—No recuerdo esa llamada.
—Está registrada.
—He dicho que no la recuerdo, no que no existiera.
—Antonio sí la recuerda. Dice que te preguntó cuánto te faltaba y que le contestaste que estabas de camino.
Además, uno de los trabajadores termina una llamada personal a las 06:01 y ve entrar tu furgoneta inmediatamente después.
Los testimonios se han recogido por separado y la referencia de esa llamada está comprobada.
Rubén se volvió ligeramente hacia su abogado. Este permaneció en silencio. Después respiró despacio.
—Entonces me equivoqué al poner la hora.
—¿En unos cuarenta y cinco minutos?
—No llevaba un control exacto.
Mara intervino por primera vez.
—No necesitamos que recuerdes un minuto concreto. Necesitamos entender por qué tu parte dice que empezaste a trabajar en una finca cuando el propietario todavía estaba llamándote más de media hora después porque no habías llegado.
Rubén la miró.
—Os acabo de decir que sería un error.
—Puede ser. Por eso te lo estamos preguntando.
El abogado apoyó una mano sobre la carpeta.
—Mi cliente ya ha explicado que el registro se completó posteriormente y que la hora pudo ser aproximada. Si tienen algún elemento que convierta ese error en otra cosa, pueden plantearlo.
Irene no entró en discusión con él.
—Tenemos más elementos. Antes quiero terminar el recorrido.
Volvió hacia Rubén.
—Entre las 04:27, cuando sales de Andaraje, y poco después de las 06:01, cuando te ven llegar a la finca de Valera, ¿mantienes que no entraste en ninguna explotación?
—Sí.
—¿Y que no estuviste en Los Cárdenos?
—Sí.
La segunda respuesta salió tan deprisa como la primera, pero a Mara no le produjo ninguna satisfacción. Habían llegado a aquella declaración para fijar una versión y compararla después con lo demostrado, no para obtener una frase que pareciera incriminatoria por sí sola.
Irene abrió entonces la carpeta y sacó una fotografía de la moldura inferior derecha de la furgoneta. La imagen mostraba la zona rota después de que Criminalística la hubiera documentado, con una referencia métrica junto al hueco. La dejó sobre la mesa, orientada hacia Rubén.
—¿Reconoces el vehículo?
Él observó la fotografía.
—Mi furgoneta.
—¿Y la rotura?
—Sí. Tiene golpes por todas partes.
—Esta no te la estamos enseñando por los golpes de alrededor.
Irene colocó una segunda imagen junto a la primera. En ella aparecía el fragmento recogido junto al pilar de la salida sur de Los Cárdenos y, a su lado, la pieza del revestimiento durante la comparación.
Rubén no tocó ninguna de las fotografías.
—¿Qué es eso?
—Criminalística recogió este fragmento el jueves, durante la inspección de la finca. Estaba junto al pilar del acceso sur.
El abogado se inclinó para verlo mejor.
—¿Qué relación tiene con la furgoneta de mi cliente?
—Presenta correspondencia física con la fractura de la moldura. No hablamos solo de un plástico del mismo tipo. El fragmento encaja en la pieza rota del vehículo y la continuidad de la fractura ha quedado documentada.
El abogado miró a Rubén antes de preguntar:
—¿Pueden establecer cuándo se desprendió?
—Tenemos una referencia anterior —respondió Irene.
La tercera fotografía procedía de la cámara del patio de Andaraje y mostraba la furgoneta saliendo a las 04:27, con el lateral derecho visible durante unos segundos.
—Cuando Rubén abandona la empresa esa madrugada, el revestimiento aparece completo. No se aprecia la pérdida de material que existe ahora.
Mara vio cómo volvía a mirar la primera fotografía. Su expresión no cambió de manera brusca, aunque tardó más que antes en apartar los ojos.
—Esa salida la usa mucha gente —dijo.
—La salida sur de Los Cárdenos, sí —respondió Irene—. El fragmento no apareció en cualquier camino. Apareció junto a uno de sus pilares.
—He estado en esa finca otras veces.
Mara esperaba aquella respuesta.
—También lo hemos considerado. El problema es que la pieza seguía en la furgoneta cuando saliste de Andaraje el jueves a las 04:27.
Rubén pasó la lengua por el interior del labio.
—La cámara puede no enseñar bien la rotura.
El abogado se volvió hacia él.
—Rubén.
No sonó a reprimenda, sino a advertencia para que no improvisara una discusión técnica que desconocía. Irene tampoco la prolongó.
—La valoración de las imágenes y del fragmento está en manos de Criminalística. Si quieres discutir sus conclusiones, podrás hacerlo por los cauces correspondientes. Ahora te estoy preguntando por tu recorrido.
Rubén apartó la mirada de las fotografías.
—Yo no maté a Pilar.
Irene mantuvo la expresión.
—No te he preguntado eso. Te he preguntado si mantienes que no estuviste en Los Cárdenos.
El abogado pidió unos minutos para hablar a solas con su cliente e Irene aceptó. Los investigadores salieron sin comentar nada en el pasillo. Andrés guardó las copias que había llevado y Mara se acercó a una ventana desde la que apenas se veía una parte del aparcamiento.
No necesitaban adivinar qué versión podía estar preparando Rubén al otro lado de la puerta.
El fragmento le obligaba a explicar algo mucho más concreto que una impresión o un testimonio: una pieza de la furgoneta había aparecido en D después de que el vehículo abandonara Andaraje con el revestimiento intacto.
La reconstrucción del recorrido cerraba además la posibilidad de refugiarse en la dificultad de maniobra.
Una furgoneta larga podía atravesar la finca sin girar en B y salir por el acceso sur.
El problema para Rubén ya no era únicamente que la Guardia Civil hubiese demostrado una ruta posible, sino que una parte de su vehículo había aparecido en ella.
Andrés esperó a que Irene se alejara unos metros para atender una llamada.
—Si sigue negándolo, ya tenemos la contradicción fijada.