Capítulo 54 #3
—¿Me quejo y salen más? No sé ni siquiera lo que está pasando. ¿Por qué es mi culpa? ¡Si hay alguien responsable de este apocalipsis zombi, sin duda es esa chica gata monja, Carl!
—Los demonios no son muertos vivientes —expliqué—.
Las normas son diferentes. ¿Has visto algunas de las películas de Posesión infernal ?
Y que sepas que mi comentario era broma.
No es culpa tuya, pero tampoco tiene nada que ver con esa monja.
No directamente, al menos. Es la puñetera IA poniendo las cosas patas arriba y complicándonos la vida aún más.
—Pero ¿qué está pasando?
—Creo que algunos zombis van a empezar a transformarse en demonios. En lugar de morderte, intentarán arrastrarte al infierno, así que no podemos permitir que se nos acerquen.
M ORDECAI : Madre mía. Vale, chicos, atención.
Esto es algo que normalmente ocurre al final del noveno piso.
Todo volverá a la normalidad cuando bajéis por las escaleras, pero a partir de ahora ocurrirá cada vez antes en cada piso, sobre todo durante las grandes batallas.
Todo forma parte de la trama de la Ascendencia.
Si ocurre demasiado pronto en el noveno, será un problema gordo para la Guerra de Facciones.
Se supone que debía ocurrir por primera vez cuando solo quedaban dos o tres equipos.
A partir de ahora, si matáis a algo aseguraos de cortarle la cabeza o de guardar el cadáver.
Alejaos de cualquier muerto viviente débil como zombis o esquelis.
No dejéis que os agarren. Cualquier cosa que esté bien muerta también puede ser poseída por un demonio al azar, pero eso es menos habitual y solo pueden hacerlos los más poderosos.
Os enteraréis cuando ocurra, que no os quepa duda.
Son más fuertes y más rápidos que los zombis.
Y son inteligentes. Las buenas noticias son que se ven limitados por los cuerpos que poseen.
Tendrán una pequeña fracción de su verdadero poder.
Pero no los subestiméis ni os acerquéis.
Os agarrarán, abrirán un portal y os arrastrarán a Sheol.
Moriréis automáticamente, así que tened cuidado.
C ARL : La monja está aquí rodeada de muertos vivientes. No sé qué está pasando, pero parece que está bien jodida.
M ORDECAI : Si quieres salvar a Imani, tendrás que llegar hasta esa monja antes que los demonios. Si la arrastran al infierno, su cuerpo explotará y nunca conseguirás la llave.
Entré en acción.
—Dónut, prepárate —dije mientras usaba el brazo que me quedaba libre para empezar a lanzar trampas al suelo a nuestro alrededor. Encontré algunas de las que había saqueado cuando lo del caos del asesinato de Astrid y las tiré también—. Prepárate para una batalla de cartas.
—¿Qué? —preguntó ella, al borde del pánico—. ¿Ahora? ¿Aquí? ¿Por qué?
—Rápido. Lanza los conjuros. Usa Triplicado mecánico con Mongo. ¿Cambiaste el conjuro de la carta del bastón?
—¡Sí! Pero ¿qué está pasando? ¿Contra quién vamos a luchar?
C ARL : Samantha, tienes una misión muy importante. Te subirás a esa serpiente, rodarás para evitar a todos los zombis y morderás a la señora gata. Avisa cuando lo hagas. Y cuidado con los demonios. No dejes que te agarren. ¿Crees que podrías hacerlo? Acércate volando si puedes.
S AMANTHA : ME DIJISTE QUE NO TRAJESE DE VUELTA A NADIE.
C ARL : ¡He cambiado de opinión! ¡Rápido!
S AMANTHA : ERES UN PEDIGÜEÑO.
C ARL : Deprisa. Avisa cuando la muerdas.
Me giré hacia Dónut mientras ella tiraba algunas pociones por el suelo a su alrededor.
—Vale. Sabemos que tiene la carta de la foca monje y la de Paz. ¿Cuál más?
—¡Es probable que haya cambiado las cartas cuando se hizo con la llave! ¿Y qué hay de la serpiente gigante? ¿Es una carta?
—No creo que lo sea. Puede que haya usado Encanto con la criatura. De hecho, es posible que lo haya hecho con todas las criaturas gracias a esa canción.
—No es una canción, Carl. Es poetisa. ¡Está usando poesía! Los está controlando con la poesía. ¡Esto es muy poco realista!
Eso me recordó algo y, en ese momento, lancé Armadura de volutas sobre mí. Serviría para protegerme del Encanto y de algunos conjuros. Dónut lanzó Triplicado mecánico sobre Mongo, y los dos dinosaurios autómatas graznaron al aparecer, antes de apartarse a un lado y empezar a brincar de la emoción.
A pesar del pánico que había sentido en un primer momento, Dónut parecía haberse calmado. Volvió a ponerse las gafas de sol y luego cambió al gorro de marinerito, que le reducía en dos segundos el tiempo para robar cartas.
—También íbamos a usar Segunda oportunidad en algunos de los cadáveres. ¿Quieres que lo haga igualmente a pesar de esto de los demonios?
Lo sopesé durante unos momentos y decidí que no merecía la pena arriesgarse.
—Será mejor que no lo hagamos hasta que sepamos mejor cómo va esto. Prepárate.
S AMANTHA : ¡MORDIDA! VAMOS. VAMOS. ¡YA, CARL! ¡AYUDARÉ CON EL CONJURO!
—¡Allá vamos!
Le quité la extensión a la xistera , lo que hizo que Samantha volviese a mi lado. Di un brinco hacia atrás para intentar dejar espacio suficiente. No quería que me cayese encima.
Pero no me alejé lo suficiente.