Capítulo 52 #3
Las cuatro calaveras de asesina de jugadores habían sido un revés para ella.
Era lo mismo que habían hecho con Florin cuando Lucia Mar había matado a Ifechi.
La IA siendo una imbécil de campeonato, un horrible recordatorio de que daba igual lo que la IA les hiciese a nuestros enemigos, daba igual que me «ayudase» ocasionalmente, porque no estaba de nuestro lado.
Nos estaba asesinando. No era nuestra amiga.
No luchaba por nosotros y no había manera de que se redimiese por lo que había hecho.
Ese dicho antiguo de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo» era una chorrada. Pero eso no significaba que no fuese a aprovecharme de ello cuando tuviese oportunidad.
Por el momento y durante los próximos días, aquello iba a tener que esperar.
Lo primero que teníamos que hacer era llegar hasta esa puerta, abrirla y bajar por las escaleras.
Hasta que no lo hiciésemos, todas esas tonterías de que la IA se había vuelto primigenia, todo el postureo de cara al siguiente piso y todo lo que había descubierto gracias a Paulie iba a tener que esperar. Todo eso daba igual. Por el momento.
—¡Mira, Carl! —dijo Dónut—. Aquí dice que hay dos personas con llave en la zona. ¿Eso significa que sor Inés tiene una?
—Así es —dije mientras miraba el mapa—. No sé dónde está.
—Había usado la habilidad Encontrar mazmorrero, pero no había nadie cerca.
Tampoco esperaba encontrarlos—. Hay tres pelotones sin llave por aquí.
Aún no sabemos quiénes son. Es posible que al menos uno de ellos se haya teletransportado cerca de nuestras escaleras.
Nos estarán esperando y tendremos que enfrentarnos a ellos para pasar.
Se ha activado tu trampa de alarma.
Se ha activado tu trampa de teletransporte.
Se ha activado tu trampa de teletransporte.
Se ha activado tu trampa de teletransporte.
Respiré hondo. Había puesto esas trampas el primer día del piso junto a la escalera de salida.
Ni siquiera se me había ocurrido pensar en colocar algo más potente en aquel momento.
No habíamos vuelto a pasar por allí desde aquel primer día, y ahora supe que aquello había sido un error.
No sabía quién había activado las trampas, pero al parecer eran tres personas, que habían quedado desperdigadas.
«Tendría que haber puesto explosivos. Tendría que haberlas puesto por todo el Capitolio».
Me odiaba por pensar así. No obstante, de haberlo hecho, habríamos acabado bien rápido con todo aquello.
E LLE : Hola a todos. Aquí dice que tenemos un escuadrón más sin llave en mi zona. Nos han mandado a Olympia y ahora tenemos que regresar al parque acuático donde estaba nuestra puerta.
D ÓNUT : NOSOTROS ESTAMOS OTRA VEZ EN CUBA. Y LA SEÑORA MONJA ESTÁ AQUÍ TAMBIÉN, EN ALGUNA PARTE CON UNA LLAVE. EN NUESTRA ZONA HAY TRES PELOTONES SIN LLAVE.
K ATIA : Por aquí hemos vuelto a Islandia.
Somos los únicos con llave, pero hay otros dos pelotones en nuestra ubicación.
Algunas de las antiguas Hijas no han conseguido la llave, y sé que están en Turquía.
No sé quién más estará por ahí. Dicen que solo les dieron dos opciones. ¿No se suponía que eran tres?
L I N A : En mi zona hay veinte equipos con llaves y veinticinco sin ellas, pero uno de los pelotones ha llenado la entrada con trampas para animales y ya han matado a varios. Esto solo puede empeorar.
F LORIN : Yo estoy solo. También coloqué claymores junto a la entrada, pero por suerte no he tenido que usarlas. No tengo que enfrentarme a nadie, así que me limitaré a cruzar la puerta. Lucia Mar no está aquí, lo que significa que no ha conseguido la llave. Que alguien me avise si la ve.
P REPOTENTE : Yo he vuelto a las Bahamas junto a cuatro pelotones, que no se puede decir que hayan tenido mucha suerte. Si todo me ha salido bien, ya están dormidos y seguirán estándolo durante el resto del piso. Terminaré mi entrenamiento y bajaré al siguiente cuando sea el momento.
«Dios», pensé. Todos habían colocado trampas, pero nadie lo había mencionado antes. Eso revelaba mucho. Me pareció importante, pero no en el buen sentido.
E LLE : Imani, ¿tú dónde estás?
I MANI : Perdón. Perdón. A mí solo me dieron dos opciones.
E LLE : ¿Dónde estás?
I MANI : En Cuba.
Sentí un escalofrío. Dónut se envaró a mi lado.
I MANI : Tenía que elegir Cuba o volver y enfrentarme a ti, Elle. Y no fui capaz. Lo siento.
E LLE : Pues a la mierda.
I MANI : Sí.
E LLE : Dijiste que esa monja loca sigue ahí, ¿no?
C ARL : Sabemos lo mismo, Elle. Imani, ¿has activado alguna trampa? ¿Oíste alguna alarma? ¿Estás en el Capitolio o en una iglesia?
I MANI : Era una iglesia. Sin trampas.
C ARL : Vale. Bien. Pues no te muevas. Vamos a por ti. Estás en la puerta de sor Inés. No la dejes pasar.
I MANI : Chicos, tengo que deciros algo más. Tuve que entrar rápido en la estancia segura. Hay otro tipo por aquí y estuvo a punto de atacarme. Intentó iniciar un combate de cartas, pero atravesé la puerta a tiempo. Es ese tal Quan Ch. Y está solo.
Intercambié una mirada con Dónut.
C ARL : Aléjate de él. Vamos para allá.