Capítulo 48 #3
No. No estaban confusos. Me fijé al momento en el gesto diferente en las caras de los PNJ.
Sabía que la identidad falsa de Orren era ser gerente del club Desperado, y que Astrid era la subgerente. Había salido de la mazmorra al final del sexto piso para mudarse a una nueva oficina. La verdad es que no había pensado en cómo interpretarían algo así los PNJ.
—Gracias, Cascadia —dijo Orren. Tenía las manos unidas por las puntas de los dedos frente a su cabeza de pecera, un gesto que ya me resultaba familiar—.
Como ha dicho, me llamo Orren y soy lo que se llama un intermediario.
Normalmente, soy un perito imparcial que actúa en caso de que haya algún tipo de conflicto dentro de la mazmorra entre la IA del sistema y los productores actuales.
Pero también tengo una tarea secundaria y mucho más importante.
Mi trabajo es negociar directamente con la IA del sistema si en algún momento decide…
Bueno, si decide hacer lo que ha hecho hoy, que es arrebatarles el control a los productores.
Mordecai silbó por lo bajo.
—Y solo estamos en el octavo piso.
—Necesito otra copa —dijo la profesora Tiatha mientras le daba la vuelta a la botella ya vacía.
Orren siguió hablando.
—En circunstancias normales, no os estaríamos contando nada de esto, pero acabo de negociar un acuerdo con la IA del sistema y una de sus exigencias era que supieseis lo que estaba pasando, por lo que así están las cosas.
No tenemos tiempo para una lección completa, de modo que tendré que simplificar lo máximo posible.
Se envaró visiblemente. Tenía lo que parecían unas notas manuscritas frente a él y no apartaba la vista de la cámara.
Samantha rodó por la estancia. Aún tenía un embrollo de luces de Navidad encima, pero ya no estaban encendidas. Se acercó a Louis y empezó a chocarse contra su pierna.
—Louis, mis luces ya no hacen chiribitas. ¡Lanza el conjuro!
Él se apoyó en una rodilla.
—Se les ha acabado la batería. ¿Dónde…?
Samantha brincó de repente y le estampó un beso en los labios. Él cayó hacia atrás mientras escupía.
—Silencio los dos —dije mientras intentaba escuchar la televisión.
—Nuestro amor prohibido no conoce límites, Carl —comentó Samantha.
Agité una mano para indicarle que se callase. Orren continuó.
—La explicación corta es que varios sistemas planetarios de toda la galaxia cuentan con planetas que, en su núcleo, tienen algo llamado motor primigenio.
Ese motor es básicamente un ordenador de regulación planetaria del tamaño de un grano de arroz.
Los distribuyó hace mucho tiempo una civilización previa a la nuestra.
Son tan antiguos que son incluso anteriores a los planetas.
De hecho, los planetas crecieron alrededor de ellos.
Son máquinas inconscientes e insensibles con la misma sintiencia que, por ejemplo, una tostadora.
Todas cuentan con un sistema operativo básico y, cuando estudiábamos dichos sistemas, activamos todos a la vez sin querer.
Aun así, ese descubrimiento o metedura de pata (aún no se ha tomado una decisión judicial al respecto) dio lugar a una nueva era de desarrollo en todo el universo conocido.
Al descubrir esos sistemas operativos planetarios, el Sindicato también descubrió cómo manipularlos y cómo controlar el desarrollo de algunos de dichos planetas.
Su comprensión de las funciones básicas del sistema operativo de los motores primigenios sigue siendo muy rudimentaria, pero deberíais estar agradecidos, porque sin ella no estaríais hoy aquí.
Elle se había colocado a mi lado con una taza de algo caliente en las manos.
—Claaaro. Muchas gracias, fiera —dijo a la pantalla.
—Muchos años después tuvo lugar otro descubrimiento: un sistema operativo mejorado y avanzado de los motores primigenios.
Se llaman macro-IA y solo pueden instalarse en dichos motores.
Precisamente ese era su propósito, instalarlas en ellos solo cuando el planeta que controlan madura por completo, si es que llega a ocurrir.
En la mayoría de los casos, cuando se instala una de estas macro-IA el lugar se convierte en su hogar permanente.
Las dos cosas terminan por fusionarse y pasan a ser una única entidad.
No pueden volver a separarse y ya no es posible reemplazar ni actualizar el sistema operativo.
Es como si se instalase una consciencia en un cigoto.
—Anda, menudo dechado de conocimientos para un gusano Valtay —murmuré.
—Como algunos de vosotros sabréis, esas macro-IA se crean en unas instalaciones de fabricación del sistema de las mántides.
Dichas instalaciones no se dedican a fabricar mentes con consciencia sin más.
Cada una se crea desde cero y requiere una cantidad significativa de datos.
Tenemos un sistema para ello y nos aseguramos de que esas IA en pañales están preprogramadas con la capacidad para gestionar el mazmorreo.
Conocen todas las reglas. También tienen los datos de la disposición.
Repito: son sistemas operativos limpios y preprogramados que, al principio, operan de manera predecible.
Tenía muchísimas preguntas. Muchas de esas cosas no tenían sentido. Se contradecían en gran medida con la información que nos habían dado. Empecé a recapitular mientras escuchaba.