Capítulo 2
—Joder —le dije a Mordecai cuando entramos en la estancia segura. Él se encontraba sentado a la encimera con Bomo, el único miembro que quedaba de los cuatro guardaespaldas. Los otros tres cretinos habían bajado al noveno piso con el castillo de los altos elfos.
Mordecai había sido una criatura pequeñita y adorable en el sexto piso. Algo llamado kuma chiquito. Ahora tenía el mismo tamaño que uno de esos guardaespaldas de roca. Era grande, rosa, calvo y tenía solo un ojo que no dejaba de parpadear en el centro de su cabeza con forma de cono.
—¿Un cíclope? —preguntó Dónut, que lo miró de arriba abajo—.
¿Te has convertido en un cíclope? ¿Y por qué estás tan fornido?
Pareces una imitación con un solo ojo del tipo ese estrella de mar que sale en los dibujos animados esos, los del Krusty Krab.
Genial, ahora no voy a poder quitarme de la cabeza la canción de la introducción.
¿Tienes poderes de percepción mejorada al menos?
—Pues la verdad es que no —dijo al tiempo que se enderezaba.
Hasta la voz se parecía a la de Patricio de Bob Esponja , lo que lo volvió más absurdo aún.
Tenía la misma altura que cuando había sido íncubo, pero tal y como había dicho Dónut, ahora contaba con una buena barriga que hacía que la camiseta le quedase pequeña.
La piel era de un tono rosa chillón, y la cabeza calva, arrugada y con forma de cono brillaba tenuemente a la luz.
El único ojo marrón era del tamaño de un huevo de avestruz.
Una ceja similar a una oruga se extendía por toda su frente, y los dedos de las manos parecían salchichas arrugadas.
Solo había visto a un cíclope anteriormente en la mazmorra, un camarero en alguna parte. Mordecai era de una raza diferente. Lo examiné.
Mordecai. Cíclope de las colinas. Nivel 50.
Representante de la Princesa Dónut.
Se trata de un PNJ no combatiente.
Los ciclopes de las colinas son los más débiles y más estúpidos de todos los monstruos tipo cíclope que pululan por la mazmorra.
Estos imbéciles renqueantes suelen pasar el día trabajando como pastores con ovejas y cabras.
Siempre van desaliñados porque no ven su reflejo en los espejos.
Por la noche, van a los establecimientos donde sirven copas, se meten en peleas y hacen concursos de bebidas con los imbéciles de sus amigos.
Normalmente, son inofensivos a no ser que te metas con su ganado o con sus novias.
Iba a añadir un chiste diciendo que las dos cosas pueden ser lo mismo, pero estoy intentando ser una persona un poco más madura.
Era broma. Está claro que estos tíos se follan a sus cabras.
—Es mejor que la forma que tuve durante los diez minutos que duró el séptimo piso —comentó—. Me convertí en un limo. No tenía brazos, joder.
—Vaya, qué mierda —comenté—. No sabía que podían hacerte algo así.
Él gruñó.
—En una ocasión me transformaron en un kua-tin y tuve que pasar el piso dentro de una jarra de cristal. También he sido un espanto ululante y no dejaba de teletransportarme en contra de mi voluntad.
—¡Hey! —gritó Dónut desde el otro extremo de la estancia. Se había subido sobre el buzón que teníamos en el rincón—. ¡Solo hay un grimorio! ¡No me han dado el Grimorio por Piso del séptimo!
—Pues no —explicó Mordecai—. Si lo pierdes, desaparece.
—¡Esto es un ultraje! Carl, ¡tienes que enviarle un mensaje a tu abogado ahora mismo!
—¿Y qué te salió en este piso? —pregunté mientras me sentaba a la mesa. Estaba cansadísimo. Tenía que irme a la habitación para vaciar mi barra de agotamiento, algo para lo que solo iba a necesitar un minuto gracias a la mejora Instacatre 60 del gremio.
—Es un conjuro que se llamaba Silenciar. Suena aburrido.
—Bien —comentó Mordecai—. Está en nuestra lista. Sirve para impedir que los monstruos lancen conjuros. Apréndelo y practícalo. ¿No habías conseguido otro grimorio aleatorio en el mostrador de premios del piso anterior?
—Sí, pero está en una caja que no he abierto aún. —La gata brilló al leer el nuevo conjuro.
Dónut sacó a Mongo del transportín y el dinosaurio graznó antes de ponerse a correr por la estancia. Se acercó a la puerta que daba a la sala principal del gremio y volvió a graznar con fuerza.
—¿Qué buscas, Mongo? —preguntó Dónut—. ¡Mami está aquí!
El dinosaurio gimió con tristeza.
—Carl —dijo alguien desde la sala de entrenamiento—, ¿por qué has tardado tanto? ¡Tenemos que salir ahí fuera y buscar al papillamante!
—¡Samantha! —dije—. ¡Estás aquí! No sabía adónde habías ido.
La última vez que la había visto había sufrido explosiones y quemaduras varias veces. Ahora, parecía tener aspecto normal. Volvía a tener pelo y la piel de látex ya no estaba chamuscada, sino limpia y resplandeciente.
—Volvió a la estancia segura —explicó Mordecai—. Y llegó volando. Se abrió camino por las zarzas para llegar hasta la puerta.
M ORDECAI : Tenemos que hablar sobre ella. Le está pasando algo.
C ARL : Sí, lo sé. Dijiste que jamás sería capaz de hacer muchas de las cosas que ha hecho.
M ORDECAI : No lo entiendo, lo que la convierte en una persona muy peligrosa.
Los espíritus debilitados no deberían poder hacer nada de lo que hace.
Y no va a dejar de hablar del gólem de carne que tienes en el inventario.
No se lo des hasta que no descubramos cómo y por qué se vuelve más poderosa a cada momento que pasa.
—¡Mi prima te dio a su madre y tenemos que encontrar a un mago para reanimarla! ¡Tengo que recuperar mi cuerpo! Vamos. ¡Salgamos de aquí ya, Carl!
—Samantha, acabamos de llegar a un nuevo piso. No te preocupes. Seguro que descubrimos algo. Primero vamos a prepararnos.
—¡Mataré a tu madre!
—Y yo no te ayudaré si sigues amenazándome.
Empezó a gruñir antes de rodar y ponerse a perseguir a Mongo.
E LLE : Madre mía, fieras. ¿Habéis abierto las cajas y revisado los logros?
D ÓNUT : AÚN NO. NO ME HAN DADO EL GRIMORIO DEL PISO ANTERIOR Y ESTOY MUY ENFADADA.
E LLE : Pues qué mal, ¿eh? Deberías decirle a Carl que obligue a su abogado a denunciarlos.
D ÓNUT : ¿VERDAD QUE SÍ?
—¿Crees que le pasará algo a Prepotente?
—preguntó Dónut mientras veía a Mongo correr detrás de la cabeza de la muñeca hinchable—.
Se enfadaron mucho cuando Carl se quedó con el Portal de los dioses ferales porque creían que podía llegar a estropear un piso.
Pero Prepotente lo ha conseguido de verdad.
—Yo creo que no le pasará nada —aseguró Mordecai—.
Estaba hablando con la profesora Tiatha y me ha comentado lo que hizo esa cabra loca.
La culpa sin duda es de los ingenieros. Crearon el piso para que fuese como el cuento de hadas.
El niño del cuento hizo exactamente lo mismo que la cabra, pero él tardó miles de años en darse cuenta.
No tendrían que haberlo creado de esa manera.
No es la primera vez que un piso desaparece al principio.
Creo que ya os he hablado del incidente con la infección bacteriana de la temporada anterior de Borant.
Y hubo otra en la que los mazmorreros tenían que construir puentes a mano, pero los materiales que les dieron no servían para ello y el consejo tuvo que tomar medidas.
Creo que esa fue la primera vez en la que un piso acabó antes de tiempo.
Es muy probable que los Valtay se hayan enfadado mucho con los ingenieros Borant que diseñaron el piso, pero algo me dice que empezarán a echarse las culpas entre ellos.
Tampoco me extrañaría que hayan metido a la Boticaria y a la Abundancia en su lista negra por proporcionaros los medios para hacerlo.
Tampoco es que los productores pudiesen hacer nada al respecto.
Todo ha sido una maniobra política para que esos dos patrocinadores consiguiesen mucho dinero, a costa de los Valtay y del Sindicato.
Para ellos, no es más que un juego. Y tampoco es que haya sido una sorpresa.
—¿A qué te refieres? —pregunté—. Creía que la Boticaria y la Abundancia estaban perdiendo cantidades ingentes de pasta en enviarnos cajas de benefactor. ¿No es así?
—Tampoco puedo decir que lo entienda del todo, pero la cantidad de dinero que paga el Sindicato por usar el sistema de tunelado para retransmitir el programa en directo es una barbaridad y entrega el dinero por adelantado. Si os saltáis un piso, ese dinero no se devuelve. Además…
Se quedó en silencio antes de empezar a mirarnos a Dónut y a mí. Se había quedado contemplando la estrella giratoria que ahora Dónut tenía sobre la cabeza.
—¿Lo habéis conseguido? —preguntó Mordecai.
—Ah, sí —dije con una sonrisa pudorosa. Sabía que estábamos hablando con mi abogado y qué era lo que pretendíamos hacer.
Pero todo había ocurrido tan rápido al final del piso anterior que no habíamos tenido la oportunidad de decirle que había funcionado.
Y aquella era la primera vez que hablábamos del tema en voz alta.
—¡Hemos financiado una guerra colectivamente! —anunció Dónut—. ¿No es maravilloso?
—¿Quién es vuestro asistente de señor de la guerra? —preguntó Mordecai—. ¿Os han asignado uno?
—Pues… —empecé a decir—. La verdad es que no sé lo que es.
Mordecai gruñó y negó con la cabeza.
—Por su teta izquierda. Mira que sois… ¿Sabéis qué? Ya lo comentaremos luego. Abrid las puñeteras cajas.
Durante la Mascarada del Carnicero, había entrado en el espacio personal de forma cúbica de Prepotente durante un minuto para abrir unas pocas cajas, pero me había negado a revisar los logros, lo que seguro hubiese añadido algunas cajas más y me hubiese dejado sin tiempo para abrirlas todas.
No habíamos estado en una estancia segura de verdad desde antes de la fiesta.
Tenía decenas de logros y cajas, entre las que había una legendaria de jefe y dos de misión diferentes por La venganza de la hija y El recital .
Gran parte de los logros eran por cosas absurdas, como subir en un carruaje de los elfos o entrar en un salón de baile de la buena voluntad. Los más importantes eran: