El ojo de la novia frenopática (Carl el Mazmorrero 6)
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Prólogo
—Son dos deidades —gritó Odette—. ¡Preparaos!
Las monstruosidades gemelas aparecieron en ese momento, alzándose entre la niebla como un par de montañas desiguales.
Una era casi el triple de grande que la otra.
Odette no esperaba que hubiese dos deidades, pero tampoco se sorprendió.
Era algo que ocurría a veces con la caja de invocación, sobre todo en pisos tan bajos.
—¿Dos deidades? —gritó Chaco desde el lugar donde se encontraba cerca de la escalera—. ¿El plan funcionará a pesar de todo?
—Espero que sí, por los dioses… —murmuró Odette.
Su avatar incorpóreo flotaba entre sus mazmorreros y las dos deidades de la tormenta.
Amplió la imagen con su casco para intentar averiguar qué dioses eran.
El alivio se apoderó de ella cuando vio a la más pequeña de las criaturas.
Era Dodola, aquella a la que Mordecai intentaba invocar. La otra, la más grande, era Adad.
O DETTE : Tienes que volver aquí.
M ORDECAI : Eso intento. No creo que pueda volar con este chaparrón. ¿Son deidades de la tormenta? ¿Ha funcionado?
O DETTE : Ha funcionado, pero date prisa y que no te vean. Prueba con tu forma de cuervo del azogue.
Caía una lluvia ácida siseante, una que derretía todo lo que tocaba.
Odette amplió aún más la imagen y vio el aura de las dos deidades.
La silueta descomunal de Adad estaba controlada por la IA.
La más pequeña y de mujer de Dodola estaba patrocinada.
El nombre HUANXIN resplandecía con un pequeño punto verde, indicativo de que la patrocinadora grixista estaba presente y controlando a la diosa de la tormenta.
Odette abrió una nueva ventana de chat.
O DETTE : Imbuir la caja de invocación con una poción de relámpago en cadena ha funcionado. Es Huanxin, tal y como dijiste que ocurriría.
El piso casi había terminado. Habían recopilado las nueve piezas del rompecabezas. Solo necesitaban una activación más y los cuatro mazmorreros podrían bajar la escalera al undécimo piso. Odette miró el reloj con nerviosismo. Iba a ir por un pelo.
A RMITA : Esto no me huele bien.
O DETTE : Fue tu puñetera idea. No tenemos tiempo. Dile que estamos preparados y que teníamos un trato.
A RMITA : Ya lo he hecho. Me acaba de responder. Quiere un porcentaje mayor. Dice que un diez es muy poco, que tiene que ser un treinta y tres.
O DETTE : Cagonlosdioses. Pues dile a esa rica de los cojones que no la necesitamos, que se puede ir a la mierda. Hemos invocado dos deidades. Usaremos a la otra.
La bonificación que iba a recibir Odette si Mordecai llegaba al undécimo piso sería dinero suficiente como para comprar un permiso de residencia en el sistema interior.
No podría considerarse una persona rica, que es lo que ocurriría si Mordecai llegase al duodécimo, pero sí que tendría medios como para asentarse.
Se convertiría en ciudadana, tendría un refugio garantizado, oxígeno y comida, lo que le permitiría estar a salvo al fin.
También tendría acceso a una regeneración corporal completa y recuperaría las piernas.
Al fin podría dejar atrás esa pesadilla.
Seguirían quedándole cinco temporadas de contrato, eso sí, pero este tenía una cláusula para restarte nueve de ellas si uno de sus mazmorreros llegaba al undécimo piso. Si abrían las escaleras y Mordecai conseguía bajar, Odette sería libre al fin. Al fin.
Pero el dinero no iba a darle para nada si pagaba un treinta y tres por ciento de su bonificación a esa zorra inmunda.
Tendría que asentarse en cualquier lugar sin llegar a ser ciudadana y luchar por sobrevivir.
Tardaría cien ciclos más en ganar dinero suficiente, y solo si tenía la suerte de conseguir un trabajo.
Sería el cuento de nunca acabar. Hasta el diez por ciento que le había prometido ya le parecía demasiado.
Pensó en Huanxin Jinx, esa heredera grixista que patrocinaba a Dodola todas las temporadas. Odette se imaginó estrangulando a esa zorra de cuello estrecho hasta que conseguía que se le saltasen los seis ojos.
Aunque le cuadriplicasen la bonificación, para Huanxin sería más o menos la cantidad que ganaba en un solo día.
No estaba ahí por la pasta, sino para entretenerse.
Las batallas de la Ascendencia no iban a empezar hasta que los mazmorreros llegasen al duodécimo piso o hasta que muriesen todos, y la heredera había empezado a aburrirse. Esa era la única explicación.
Armita, que era amiga y antigua compañera de grupo de Odette, había conseguido trabajo como asistente de semidioses para la Ascendencia Celestial y todo el plan era obra suya.
Las subrutinas de la IA no solían monitorizar regularmente la comunicación entre los PNJ, y estaba prohibido monitorizar las comunicaciones de los patrocinadores de la Ascendencia.
Su trabajo consistía en ser la intermediaria.
Cuando tuvieron claro que el equipo de Mordecai iba a necesitar la intervención de una deidad de la tormenta para sobrevivir, había sido Armita la que había sugerido hablar con Huanxin.
Le preguntaron a la heredera rica si le gustaría controlar a Dodola hasta la ubicación de la puerta y lanzar un conjuro al rompecabezas.
Ella accedió, pero puso precio a su tiempo.
Sin el soborno, no es que fuese muy legal el hecho de que Armita se saliese del personaje y le pidiese ayuda a una patrocinadora.
Con dinero de por medio, era trampa a todas luces, sobre todo teniendo en cuenta que Odette iba a conseguir dinero de verdad si el plan salía a pedir de boca. Era trampa. Una estafa.
Pero ¿qué otra cosa podían hacer? El décimo piso en general había sido un desastre.
Al principio, los mazmorreros habían tenido que elegir uno entre cuatro caminos.
Uzzi había elegido el más complicado sin pensar.
Sabían dónde se encontraba la salida, pero tenían que cumplir varios requisitos para abrir la puerta.
Eran menos de doscientos mazmorreros los que habían sobrevivido al caos de la Guerra de Facciones, que era lo habitual.
Las temporadas de los avecelestes solían terminar con una masacre en el noveno piso.
Los idiotas siempre querían participar en los enfrentamientos.
La mitad de los supervivientes habían aceptado tratos para salir al principio del décimo.
Y luego la mitad de los restantes había muerto en el piso.
Odette sabía que, por el momento, eran unos cinco los que habían bajado las escaleras al undécimo.
Mordecai no había regresado aún. Su capacidad para cambiar de forma lo convertía en el mejor candidato para colocar la caja de invocación y activarla.
Había tenido que hacerlo lo bastante lejos como para que les diese tiempo de preparar el rompecabezas, pero lo bastante cerca como para que la deidad la viese.
Detrás de ella, Chaco, En Sus Trece y Uzzi se afanaban por preparar el ritual definitivo.
Chaco era un pterolycus con cabeza de lobo.
Los otros dos habían decidido quedarse como avecelestes, como el noventa y uno por ciento de los de su especie.
En Sus Trece hizo su magia y preparó las piezas del rompecabezas.
Chaco rasgueó las cuerdas de su târ para llamar la atención de los dioses con su magia de bardo.
Uzzi era quien los protegía a ambos. El guerrero aveceleste no tenía muchos conjuros, a pesar de pertenecer a la clase comandante de tempestades, pero contaba con uno de protección de grupo que evitaba que los afectase la lluvia ácida.
Las nueve partes titilaron en rojo unas cuantas veces antes de volverse azules.
Estaba listo. Solo quedaba un último paso.
El rompecabezas tenía que tocar físicamente a una deidad de las tormentas o recibir el impacto de un conjuro de magia de tormenta de categoría deidad.
Si ocurría alguna de esas dos cosas, empezaría a formarse la llave y terminaría por abrirse la puerta.
Pero no era tan fácil como dejar caer el disco completo del rompecabezas sobre la cabeza de una deidad desde lejos.
Este tenía que permanecer preparado, imbuido constantemente con magia, lo que requería que En Sus Trece permaneciese cerca de él.
Y, a su vez, el rompecabezas tenía que permanecer dentro del círculo de la escalera.
Esa última parte era prácticamente imposible y todos habrían preferido firmar un trato antes que arriesgarse a no conseguirlo.
Odette ya había obtenido su bonificación del décimo piso, independientemente de lo que ocurriese.
Pero los había convencido para intentarlo a pesar de la dificultad.
No había sido solo por avaricia. Todos los integrantes del grupo le caían bien, sobre todo Mordecai.
Hacer un trato para salir en el décimo piso nunca merecía la pena. Nunca. Habrían estado mejor muertos.
Ya casi lo habían conseguido. Casi.
A RMITA : No se lo voy a decir, Odette. Ya sabes que es muy mezquina.
Solo necesitaban que cualquiera de las dos deidades de la tormenta lanzase un conjuro al rompecabezas.
Si la canción Pararrayos de Chaco funcionaba como era debido, cualquier conjuro que les lanzasen terminaría por desviarse hacia el objetivo.
El problema era que los mazmorreros tenían que quedarse cerca.
El piso al completo estaba a punto de derrumbarse.
Siempre era muy mala idea quedarse cerca de una deidad. Siempre.
Huanxin tenía la capacidad de hechizar la lluvia.
Podía convertirla en agua sanadora o hacer que cada una de las gotas se convirtiese en un monstruo o muchas otras cosas.
Y ya había empezado a llover. Lo único que tenía que hacer la deidad era lanzar el conjuro, momento en el que la magia impactaría contra el rompecabezas y listo.
Los cuatro miembros del grupo llegarían al undécimo piso y volverían a evaluar las posibilidades que tenían de sobrevivir.