Glosario
Señores del Tiempo:
Al principio pensé que eso de viajar al pasado se trataba de un don casual.
Algunos me dijeron que descendía de una de las doce tribus de Israel.
Otros juraron que mis antepasados fueron antiguos sacerdotes egipcios.
Al poco averigüé que ya en época de los sumerios se hablaba de los hombres que caminaban en el tiempo.
Seguí investigando hasta que encontré a uno de mis primeros antepasados.
Lo conocí en El Cairo, unos doce milenios antes de mi presente.
Él me contó la verdad, aunque no toda. Tenía el poder de viajar en el tiempo, pero no como yo.
Él podía viajar al pasado y al futuro. Sus descendientes solo heredamos el poder viajar al pasado.
Me contó que era debido a que éramos hijos de una mujer sin poderes.
No me quiso contar nada sobre sus padres.
Es algo que debo averiguar por mi cuenta.
Todos los primogénitos varones heredaban el don de poder viajar al pasado, pero en un momento dado de la historia, esto cambió y solo lo pudieron hacer uno de cada cinco o seis generaciones.
No había una pauta precisa. No he podido averiguar el motivo de este cambio.
Tampoco he logrado saber por qué nunca ha habido dos Señores del Tiempo a la vez. Es algo que no ha ocurrido jamás.
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Ladrones de mentes:
Antiguamente los llamaban «ladrones de almas». Me contaron que eran descendientes de Aaron y que formaron parte de la tribu levita, encargada de proteger el Tabernáculo y sus secretos.
En cierta manera también son parientes lejanos.
Todo queda en familia, como puedes ver. Mucho tiempo atrás nació una pareja de gemelos varones primogénitos.
Al parecer no había ocurrido antes. El mayor nació con el don de viajar al pasado y se convirtió en un Señor del Tiempo.
El menor, en cambio, nació con un don distinto.
Podía viajar al pasado, pero solo con la mente.
Para vivir en el pasado debía ocupar la mente de alguien que ya estuviera allí. Cuando poseían el cuerpo de una persona adquirían sus habilidades y lo manipulaban a su antojo.
Con el paso de los años descubrieron que este don causaba la locura y la muerte a aquellos que viajaban con asiduidad, ya que, al ocupar las mentes ajenas, junto con sus habilidades también recibían todos sus recuerdos y experiencias, un regalo que sus mentes eran incapaces de soportar.
Los ladrones de mentes no aceptaron jamás que su poder fuera diferente al nuestro. Nadie tuvo la culpa, porque así lo quiso el destino, pero a ellos eso no les importaba.
Llevan siglos luchando por recuperar el poder que ellos piensan que les fue arrebatado. Cuando yo perdí mi poder hace unos meses, ellos perdieron el suyo.
Lo que no saben es que yo lo recuperé al poco tiempo. No tengo claro si ellos también. Yo diría que no, porque si así fuera, no tengo ninguna duda de que hubieran vuelto para matar a alguno de mis antepasados y acabar así conmigo.
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Efecto Imán:
Tiene lugar cuando me encuentro conmigo mismo en una misma línea temporal.
Sucede cuando estoy cerca de otro yo, de otro Quim por así decirlo.
Siento un terrible dolor de cabeza causado por la mezcla instantánea de mis dos mentes con sus respectivas imágenes, recuerdos, sensaciones y vivencias.
Cuanto más cerca esté de mi otro yo, más intenso es el dolor que sufro.
Ya he sido testigo, y he comprobado in situ , que el Quim que más sufre es el último que llega.
El dolor es demasiado agudo, como si miles de agujas hirviendo perforaran mi cerebro y hurgaran en él hasta traspasarlo.
No tengo la menor duda de que si me quedara en el mismo sitio demasiado tiempo mi cerebro acabaría por explotar.
O algo por el estilo. ¿Por qué pasa esto? No lo sé.
Seguramente forme parte de alguna chorrada del equilibrio universal. No tengo ni pajolera idea. Solo sé que es muy arriesgado y que por eso solo debo volver a un lugar en el que ya estoy si no me queda más remedio. En realidad, debería volver única y exclusivamente si de ello dependiera mi vida.
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Efecto Pausa:
No es un nombre muy original, pero es pegadizo y directo.
Es una ventaja que tengo mientras estoy en el pasado.
El tiempo parece detenerse en lo que afecta a mi cuerpo, por eso casi no envejezco por muchos años que esté en el pasado.
Puedo pasar diez años y volver al presente sin que nadie vea una sola cana de más.
Es muy útil cuando me hieren o envenenan, los síntomas son mucho más lentos, lo que me ha salvado la vida muchas veces.
Otro punto interesante del efecto Pausa es que todo lo que veo y escucho queda grabado en mi memoria para siempre. Como si tuviera la memoria fotográfica más perfecta del mundo.
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Efecto Escondite:
Es el hecho de dejar un objeto oculto en el pasado y recogerlo en mi presente.
Esto mismo es lo que hago con todos los artículos que me llevo del pasado.
El paso del tiempo ha de ser testigo mudo y debe aparecer en todas las pruebas que les hagan, si no tan solo parecerían burdas falsificaciones modernas.
No es difícil llevarlo a cabo, lo importante es elegir muy bien el lugar donde lo escondes para que en el presente sea fácil de recuperar.
Si lo escondes donde luego habrá un rascacielos construido lo tienes jodido.
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Efecto Resaca:
Es un dolor intenso de cabeza que aparece cuando vuelvo de un salto al pasado. Solo ocurre cuando he estado mucho tiempo. Si estoy menos de un mes nunca lo sufro. Está provocado por la llegada instantánea de todos los nuevos recuerdos que se han creado durante mi viaje.
Don Alfonso, el relojero:
Alfonso Vera de los Ríos es el relojero del barrio. Tiene su local en el número 7 de la calle en la que todos vivimos. Ya está jubilado, pero sigue visitando su relojería casi a diario para no aburrirse. Ahora la lleva Octavi, su pupilo.
Formó parte del mejor trío de ladrones de guante blanco del país y, muy posiblemente, de Europa junto al librero y a mi difunto abuelo, Jordi. En su sótano se ideaban los robos más elegantes. Todavía sigue haciendo chanchullos, aunque a menor nivel.
Siempre viste con corbata, camisa y chaqueta. Sus gafas redondas y un bastón que usa para caminar van con él desde que lo recuerdo. Siempre habla con mucha calma y con un lenguaje digno de los cincuenta.
El relojero es como de la familia. Él conoce mi don. Se enteró en una de nuestras aventuras.
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Don Emilio, el librero:
Don Emilio Vidal Capel fue profesor de filosofía hasta que lo dejó. Después abrió la librería que tiene en el número 9 donde vende libros antiguos y de segunda mano. Está soltero y creo que nació en el norte, aunque nunca cuenta nada de su pasado.
Junto al relojero y a mi abuelo Jordi formaron el trío Calavera, como los llama mi tía Rosa. Ladrones que trabajaron con estilo en los mejores museos del mundo. Él también conoce mi don.
En el sótano, al que solo accede él y unos pocos clientes, se venden libros y manuscritos únicos, obtenidos de formas poco ortodoxas gracias a los contactos que todavía mantiene.
Tiene el pelo cano y los ojos negros. Creo que es judío o se educó en una familia judía. Sé que habla varios idiomas, es muy culto, inteligente, amable y excesivamente tranquilo. A veces me saca de quicio porque vive a menos revoluciones que el resto del mundo.
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La tía Rosa:
Rosa Mora Roca es mi tía y la matriarca del clan de los Mora.
Tiene el bar en el número 1 3 . Es el lugar en el que todos nos vemos durante el día, el centro de reuniones del barrio.
Siempre está protestando, pero nos quiere mucho.
Se preocupa por todos. Es cariñosa a su manera.
Yo la quiero como a una madre. No sabe nada de nuestros saltos en el tiempo.
Y espero que siga así o nos atará a una de sus mesas.
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Lucía:
Lucía Folch Oliva es mi novia desde hace unos meses.
Nos conocemos hace años, pero al final acabamos juntos.
Ella dio el primer paso y menos mal, porque con lo cortado que soy jamás me hubiera lanzado.
Tiene nueve años menos que yo. Vive en el barrio del Born con su hermana, aunque ahora pasa más tiempo en mi casa que en la suya.
Estudió la carrera de Historia y después de mucho esfuerzo consiguió entrar a trabajar en el Museo de Historia de Barcelona .
Aparte de dirigir varios grupos de becarios para el museo, realiza salidas guiadas por la ciudad para turistas y curiosos ya que tiene un gran conocimiento del barrio judío de Barcelona. Ella sabe mi secreto.
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Félix Mora:
Félix es mi padre. Yo no lo sabía, pero resulta que él también era un Señor del Tiempo. Perdió su don en cuanto yo recibí el mío. No tenemos ni idea de por qué. Nos imaginamos que es por esa regla no escrita de que solo puede haber un viajero del tiempo a la vez.
En teoría, según averigüé, solo aparecía un Señor del Tiempo cada varias generaciones, pero con nosotros la regla no se cumplió. Es algo que todavía estamos averiguando.
El día que yo empecé a saltar al pasado mi padre perdió su don.
Así de repente. Él estaba de picos pardos en Betania en el siglo I.
Se quedó allí atrapado durante ocho años.
Los mismos que nosotros lo dimos por desaparecido y muerto.
Cuando por fin descubrí que él también era un Señor del Tiempo y que podía estar atrapado en algún lugar del pasado busqué en sus libretas viejas y visité cada lugar en el que creía que podía estar atrapado.
Tardé meses en dar con él, pero al final lo encontré en casa de Lázaro. Tuve mucha suerte.
Ahora dirige mi tienda, que antes fue suya. Tenemos el local en el número 1 5 . Todo el inmueble es nuestro, tanto los locales como los apartamentos de arriba. Todos trabajamos y vivimos en el mismo edificio. Somos como el 13 Rue del Percebe.
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Víctor:
Es mi persona de confianza. Soy su único cliente.
Está disponible veinticuatro siete todo el año.
Nunca pregunta. Solo hace su trabajo que es tenerlo todo preparado para viajar a cualquier parte del mundo.
Me lleva, me trae y me espera el tiempo que sea necesario.
Me hace la vida mucho más fácil, la verdad.
Supongo que sospecha que algo extraño ocurre, pero nunca ha dicho nada.
Le pago mucho, pero vale cada euro que recibe.
Me ha salvado la vida más veces de las que puedo recordar.
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Familia Leviym:
Ruth Leviym es la cabeza visible en España de una ancestral familia. Ellos son descendientes de Aaron y de antiguos miembros de la tribu levita. Su antepasado fue el segundo gemelo que solo pudo viajar al pasado ocupando la mente de las personas. Somos parientes lejanos de esos que no se aguantan.
Mientras que los primogénitos son los que viajan al pasado con la mente, las mujeres se encargan de las empresas familiares y Ruth es de las más importantes de Europa. Son muy poderosos y sus tentáculos se extienden por todo el mundo.
Cada vez que intentan cambiar el pasado para beneficiarse, han estado los Señores del Tiempo para impedirlo, o al menos lo han intentado. Y me incluyo yo también.
No hemos querido acabar con ellos jamás, no somos unos asesinos ni es nuestra labor, aunque a veces me he cargado a alguno porque no me ha quedado más remedio. Ellos sí lo han intentado en incontables ocasiones.
Hoy en día son un clan muy poderoso al que hay que vigilar de cerca. Ellos saben que yo soy un Señor del Tiempo. Conocen a mi familia porque ya hemos tenido nuestros encuentros en el pasado. Por suerte, desde que perdieron su don han estado en calma.
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Sumo Sacerdote de Roma:
Azarías ben Levi es el máximo representante de los ladrones de mentes.
Tiene su sede en Roma. Desde allí mueve los hilos para que todos los ladrones de mentes del mundo y de todos los tiempos trabajen para el bien del ancestral clan.
Ansían ser la estirpe más rica y poderosa del planeta.
Aunque más que nada, desean recuperar el don de poder viajar en el tiempo como antes.
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Bernat Mercader:
Lo conocí siendo un mocoso. Vivió en Barcelona a finales del siglo XI V .
Por las noches dormía en un orfanato, por el día se buscaba la vida.
Nos hicimos amigos al instante. Gracias a él conocí al escriba Ismael.
Su familia lo adoptó y se lo llevó de Barcelona cuando se marcharon de la ciudad poco antes de que la judería fuera destruida.
Acabó en Tierra Santa. Estudió arquitectura junto a los descendientes de Hiram Abif y formó parte de una hermandad que más tarde sería conocida como los masones. Siguió siendo escriba hasta su muerte.
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Ismael:
Ismael ben Abraham fue un escriba que conocí en la Barcelona del siglo XIV.
Nos hicimos muy amigos. Viajamos juntos durante días y le salvé la vida varias veces.
Me contó que era un escriba. Fue el primero en hablarme de los Señores del Tiempo y de los ladrones de almas, como los llamaba él. Su familia adoptó a Bernat.
Los escribas son los encargados de dejar constancia escrita todo lo que el hombre normal y corriente no debería conocer jamás. Están en estrecho contacto con los protectores.
Los protectores son un grupo ancestral creado por el rey Salomón para velar y proteger los objetos sagrados que se hallaban ocultas en el Templo de Jerusalén.
Tras la destrucción del primer templo, se encargaron de custodiar cualquier objeto o reliquia que tuviera relación con la estirpe ancestral de los Señores del Tiempo y que no debería estar jamás en posesión de un solo hombre.