Capítulo 101
Calculo que han pasado entre siete y ocho horas desde que salté desde la playa, junto a Lucía.
Cuatro de ida, más una hora que habré estado dentro de la Quimcueva, más las tres y pico que llevo de regreso.
Tengo un sueño que me muero. Me hubiera quedado a dormir si no fuera porque tengo ganas de volver con ella.
A ver si clavo el salto y vuelvo al minuto siguiente de haberme ido.
Sigo caminando hacia el oeste. Me guío por la silueta de la montaña de Collserola y Montjuic. Están ahí, reconocibles, aunque el mundo que las rodea nada tiene que ver con el de mi presente.
Por fin llego a la pradera desde la que debo volver a saltar.
La reconozco porque es como una alfombra de hierba verde en medio de una llanura repleta de cereales.
Me tumbo en la única zona donde no crecen flores de colores, donde solo hay césped que sospechosamente dibuja una silueta que encaja con mi cuerpo serrano.
Quizá los saltos que hago desde aquí desprenden algún tipo de energía que les impide crecer.
Miro al cielo.
Las nubes blancas pasan rápidas ante mis ojos.
La brisa es suave y agradable.
Cierro los ojos y me concentro.