El Ojo de Atlas (Las aventuras de Quim Mora 3)
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Prólogo
No soy una persona solitaria, pero sí que me gusta mantener un poco las distancias, menos con mi familia y con Lucía, claro, ella me vuelve loco.
Hace unos meses que salimos juntos. Siempre fue mi amor platónico.
Mientras yo seguía buscando el momento adecuado para invitarla a salir, ella se adelantó y dio el paso.
Y aproveché la ocasión, vaya si lo hice.
Cuando uno ha tenido pocas oportunidades como esa, te subes al tren, aunque esté en plena marcha.
De joven pasé por el mundo casi inadvertido. Yo era un niño de esos que odiaban los espejos, al que nunca le importó la moda ni lo que pensaran los demás, costumbre que sigo manteniendo.
Hoy podría, si quisiera, ser el centro de todas las fiestas gracias a un don que poseo y que es tan especial que sería la envidia de todos: puedo viajar en el tiempo. Como lo lees. Lo sorprendente no es que pueda hacerlo, sino que todavía siga vivo para contarlo.
No es tan sencillo como puedas creer. Hay un montón de cosas que me suceden cuando viajo al pasado.
Supongo que ahora es cuando debería ponerte al día de todo lo que me ha pasado en mis viajes, pero si ya conoces mis historias, sabrás más o menos por dónde van los tiros, así que no pienso repetirme ni darte la brasa.
Pero si no nos conocemos aún, tranquilo, no pasa nada. En cada concepto que no entiendas hallarás un enlace que te llevará a un glosario donde encontrarás la explicación de cada particularidad que ya he contado en aventuras anteriores.
Por cierto, lo de viajar en el tiempo es un secreto que solo saben Félix, mi padre, Lucía y dos amigos del barrio, el relojero y el librero; mi tía Rosa, por suerte, lo desconoce. Le daría un tabardillo y no me dejaría salir a la calle. Así que no digas nada.
He de confesarte que hay momentos en los que todo esto me viene un poco grande, la verdad. En el fondo solo soy un arqueólogo dominguero, un historiador por placer. Las leyes del Universo se me escapan y, por qué no decirlo, me la traen bastante al pairo.
Tengo muy en cuenta lo que me contó un afamado físico una vez, aquello del aleteo de una mariposa y que toda nuestra historia forma parte de una enmarañada estructura del Universo y sus intrínsecas energías de los cojones.
Total que tengo que ir con mucho cuidado cada vez que salto al pasado para que no cambie nada.
Como si viviéramos en un mundo perfecto, vamos...
En resumen, que este soy yo. Por cierto, no sé si te lo había dicho ya, pero me llamo Quim. Quim Mora.