El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) CAPÍTULO 31 Otra versión de la sucesión
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CAPÍTULO 31 Otra versión de la sucesión

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La nueva versión no apareció en Burgos.

Eso fue lo primero que llamó la atención de Adrián Valcárcel.

Procedía de una copia conservada entre documentación familiar que había pasado por distintas custodias antes de incorporarse a un fondo privado.

Martín Arce llevaba horas comparando la transcripción con el material que ya conocían.

No dijo nada hasta estar seguro.

Después colocó dos hojas una junto a la otra.

—Tenemos otra versión de la determinación.

No estaba completa.

Pero conservaba suficiente texto para compararla con la tradición que había terminado imponiéndose en los papeles de gobierno.

La versión conocida situaba a Diego al frente de la casa durante la minoridad y conservaba, en sus formas más extensas, reservas para los hijos de Fernando.

La nueva decía:

“Por muerte de Fernando, y mientras sus hijos no puedan ejercer lo que por línea les corresponde, se encomienda a Diego el gobierno y guarda de la casa.”

Adrián volvió sobre la frase.

Aquello no hablaba únicamente de Alfonso.

Hablaba de los hijos.

Y utilizaba otra vez la palabra línea.

Era mucho más próxima a las fórmulas de reserva que habían reconstruido a través de los descendientes de Inés.

La copia añadía:

“Llegados los menores a edad suficiente, se verá nuevamente el asiento conforme a fundación, sangre y derechos probados.”

Eso cambiaba el alcance de la administración.

No garantizaba que Alfonso recuperaría el gobierno.

Tampoco anulaba la posición de Diego.

Pero demostraba que el asiento inicial no estaba concebido necesariamente como una solución definitiva.

Debía existir una revisión cuando los menores alcanzaran edad suficiente.

La posición de Diego nacía, por tanto, como un gobierno condicionado cuyo resultado posterior dependía de la fundación, de la sangre y de los derechos que pudieran probarse.

La procedencia de la copia obligaba a mantener cautela.

Había pertenecido a una rama descendiente de Leonor.

Podía contener una selección favorable a esa tradición familiar.

Por eso no bastaba por sí sola.

Necesitaban concordancias externas.

La primera apareció en una carta de Inés:

“Cuando mis hijos tengan edad, habrá de verse lo que por derecho les corresponda.”

La reclamación posterior de Alfonso decía:

“Pido que se vea nuevamente aquello que durante mi menor edad se asentó.”

Y una cuenta de la casa conservaba:

“Pendiente revisión cuando el hijo de Fernando llegue a edad.”

Las formulaciones no eran idénticas.

La idea sí.

La revisión había existido como expectativa histórica real.

La nueva versión familiar no parecía inventar ese elemento.

Lo preservaba.