El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 3
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Los folios anteriores contenían una liquidación.

No era completa.

Pero bastaba para confirmar la separación de planos.

Alfonso había recibido determinadas rentas procedentes de bienes de su padre.

La liquidación excluía expresamente:

“aquello que pende de la resolución sobre patronato y gobierno.”

Parte de la herencia estaba reconocida.

La cuestión institucional seguía abierta.

Eso desmontaba otra simplificación.

Alfonso no había perdido todo.

Algunos derechos estaban siendo ejecutados mientras otros permanecían pendientes.

La hoja siguiente se refería a Beatriz:

“A doña Beatriz se le satisfaga lo que le corresponde por dote y por derechos de su padre, sin intervención en gobierno.”

Ella también conservaba derechos patrimoniales.

La línea de Fernando no solo continuaba biológicamente.

Había reconocimiento documental de derechos económicos en ambos hijos.

Otra fórmula cerraba la liquidación:

“No se tenga esta liquidación por partición definitiva de todos los derechos.”

La reserva mantenía abierto el resto.

Clara negó lentamente.

Cuanto más avanzaban, menos podía interpretarse la genealogía posterior como reflejo de una extinción total.

Adrián mantuvo la precisión.

La genealogía del patronato podía seguir siendo correcta para representar quién había ejercido la continuidad institucional.

Lo que no podía hacer por sí sola era demostrar que todas las demás dimensiones de la línea de Fernando habían desaparecido.

Elena recibió un mensaje.

Aguirre había elaborado una lista de documentos prioritarios.

Entre ellos figuraban una “Liquidación parcial de Alfonso”, las “Reservas de Beatriz” y una “Resolución pendiente sobre patronato.”

La referencia de esta última era incompleta.

Pero terminaba en:

“Prot. suc. f. 18.”

El folio dieciocho volvía a aparecer.

Y esta vez el problema era más claro.

La pieza parecía concentrar referencias a administración, reservas, sucesión y revisión del patronato.

Martín colocó juntas las distintas fórmulas documentales que remitían hacia el mismo lugar.

No tenían por qué designar una única escritura.

Podían corresponder a varias actuaciones consecutivas dentro de un mismo protocolo.

Eso cambiaba la imagen del objeto que buscaban.

El folio dieciocho podía no ser el documento entero.

Podía ser el comienzo de una serie.

La noticia contemporánea confirmó que Aguirre seguía la misma cadena.

Aquella mañana había pedido acceso a la serie de Gonzalo de Aranda.

La signatura antigua no coincidía con la moderna, pero también había solicitado un legajo reorganizado durante el siglo XIX.

El de Landa.

Aguirre no estaba buscando al azar.

Había seguido la secuencia desde Aranda hasta la reorganización posterior.

Elena ya había pedido el mismo legajo.

La caja llegó al día siguiente.

No contenía el protocolo.

Sí conservaba un índice.

Martín encontró primero:

“Liquidaciones de herencia y rentas de la línea de Fernando.”

Después:

“Cuestión de patronato pendiente.”

Y debajo:

“Véase determinación principal.”

La remisión llevaba a:

“Protocolo de sucesión.”

Otra línea completaba la referencia:

“Folio 18 y siguientes.”

Clara señaló las dos últimas palabras.

Eso resolvía por fin una duda esencial.

No buscaban una sola hoja.

Buscaban una secuencia notarial que comenzaba en el folio dieciocho.

Las actuaciones podían abarcar la muerte de Fernando, la minoría de sus hijos y la administración establecida durante ese período, además de reservas, liquidaciones y la revisión posterior del patronato.

Por primera vez conocían la forma del conjunto.

Había una última anotación:

“Separado del legajo general para consulta.”

La fecha correspondía al siglo XIX.

A la reorganización de Landa.

El protocolo había salido físicamente del legajo.

No había constancia de su regreso.

Eso no permitía concluir que se hubiera perdido en ese momento.

Podía haber sido trasladado o incorporado a otro fondo.

Pero su recorrido material dejaba de ser abstracto.

El conjunto había existido.

Había formado parte de un legajo.

Después fue separado para consulta.

Y a partir de allí su trayectoria se volvía incierta.

Adrián regresó a las tres categorías con las que Martín había comenzado.

Herencia.

Rentas.

Patronato.

Ahora comprendía por qué la simplificación posterior había resultado tan poderosa.

Era mucho más fácil recordar una sola continuidad que una disputa formada por derechos superpuestos.

Los documentos, sin embargo, mostraban otra cosa.

Alfonso había heredado bienes y percibido rentas.

Beatriz había conservado derechos patrimoniales.

Diego había ejercido gobierno.

Y el patronato había permanecido pendiente de revisión durante un tiempo.

Ninguna de esas realidades anulaba automáticamente a las demás.

Martín cerró el índice.

Ya sabían qué clase de documentación debían encontrar.

Y sabían que había existido.

Clara miró otra vez la referencia:

Folio 18 y siguientes.

La búsqueda había dejado de ser hipotética.

Ya no perseguían un documento que quizá hubiese existido.

Buscaban una serie documental cuya existencia estaba registrada y cuyo recorrido material se había perdido después de una reorganización.