El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) CAPÍTULO 16 Ninguna renuncia en los protocolos
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CAPÍTULO 16 Ninguna renuncia en los protocolos

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La renuncia no apareció.

Adrián Valcárcel había pensado que sería cuestión de encontrarla.

Después de todo lo que habían reconstruido, parecía la explicación más sencilla.

Si la línea de Fernando había perdido definitivamente sus derechos, en algún momento debía haber existido un acto capaz de cerrarlos.

Podía haberlo otorgado Fernando antes de morir, Inés durante la minoría de sus hijos o Alfonso al alcanzar la mayoría de edad. Incluso Beatriz podía haber quedado vinculada con una partición o acuerdo familiar que afectara determinados derechos.

Tenía que haber algo.

Una cesión.

Una concordia.

Una sentencia.

Algún acto capaz de explicar por qué una administración nacida durante la minoría había terminado convertida en continuidad estable de la rama de Diego.

Pero no había aparecido nada semejante.

Martín Arce llevaba toda la mañana revisando repertorios notariales.

Adrián trabajaba sobre las referencias de Gonzalo de Aranda.

Clara Montalvo había ocupado un extremo de la mesa con las copias de la determinación.

La versión autorizada por Aranda.

La conservada por la línea de Inés.

La relación breve de Olmedo.

Tres recorridos documentales distintos.

La misma ausencia.

—Entonces quizá nunca renunciaron —dijo Clara.

Adrián levantó la vista.

—Todavía no podemos afirmarlo.

Martín intervino.

—Y puede que estemos buscando una fórmula demasiado concreta.

Una renuncia general podía aparecer bajo otro nombre o quizá no hubiera existido un único acto capaz de resolver todos los derechos.

Ese era el punto que empezaba a inquietar a Adrián.

Durante días habían perseguido un documento definitivo porque las genealogías posteriores presentaban una continuidad limpia.

La realidad jurídica podía haber sido mucho más fragmentaria.

Una cuestión patrimonial podía resolverse mediante un acuerdo.

La administración podía consolidarse por otra vía.

El patronato podía seguir una línea específica.

Determinados bienes podían repartirse sin que eso extinguiera todas las pretensiones de los descendientes de Fernando.

Tal vez estaban buscando un único documento que nunca había existido.

Martín encontró la primera referencia poco antes del mediodía.

No era una renuncia.

Era una consulta interna:

“Véase si hay escritura por la cual doña Inés o sus hijos se apartasen de los derechos de Fernando.”

La fecha era posterior a la mayoría de Alfonso.

Eso significaba que alguien dentro del propio entorno administrativo había buscado formalmente un instrumento capaz de demostrar ese apartamiento.

Debajo figuraba una respuesta breve:

“No se halló instrumento de apartamiento.”

Nadie habló durante unos segundos.

Aquello no demostraba que tal documento jamás hubiera existido.

Demostraba algo más preciso.

En ese momento, dentro del archivo de la propia casa, alguien intentó localizar una escritura de renuncia o apartamiento de Inés o de sus hijos.

Y no la encontró.

La ausencia, por tanto, no pertenecía solo a los investigadores del presente.

Ya había sido advertida entonces.

La nota continuaba unas líneas más abajo:

“Téngase por lo determinado en el gobierno de la casa.”

Adrián quedó inmóvil.

Ahí aparecía el desplazamiento.

Ante la falta de un instrumento de renuncia, la respuesta había sido volver a la determinación de gobierno.

No había un acto nuevo que cerrara los derechos.

Había una decisión anterior sobre administración.

Y con el tiempo esa decisión podía terminar ocupando el lugar del documento que faltaba.

Martín colocó la nota junto a la relación breve de Olmedo.

La secuencia resultaba inquietante.

Las copias extensas vinculaban el gobierno de Diego con la minoría y preservaban derechos.

La versión breve conservaba únicamente el gobierno.

Años después alguien buscaba una renuncia.

No la encontraba.

Y regresaba a la determinación como si pudiera resolver por sí sola aquello que el acto inexistente debía haber cerrado.

Si para entonces circulaba sobre todo la versión abreviada, la consecuencia podía ser enorme.

La determinación ya no parecía una administración condicionada.

Podía ser leída como fundamento suficiente de una continuidad permanente.

La relación breve no solo había perdido una cláusula.

Podía acabar ocupando documentalmente el lugar de una renuncia que nadie había localizado.