El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 3
22%

BLOQUE 3

El protocolo más importante apareció primero en un índice antiguo.

No era todavía el documento.

Era su referencia:

“Comparecencia de Alfonso de Valderrama sobre derechos procedentes de su padre y administración hecha durante su menor edad.”

Clara preguntó inmediatamente por el folio dieciocho.

No era aquel.

Pero podía conducir hacia él.

La signatura correspondía a un volumen cuya organización había cambiado con el tiempo.

En el siglo XIX había sido reencuadernado y parte de sus escrituras se distribuyeron entre nuevos legajos.

Otro conjunto figuraba como:

“no incorporado”

Eso no significaba automáticamente ocultamiento.

Podía deberse a una reorganización ordinaria.

Algunas piezas no quedaban integradas en los nuevos volúmenes, otras se separaban por materia o terminaban descritas de manera distinta.

La historia de los archivos estaba llena de transformaciones normales capaces de borrar el rastro de una escritura sin necesidad de ninguna maniobra.

El mismo índice contenía, apenas dos folios después:

“Doña Inés de Castañeda, por sus hijos, contradice asiento de administración.”

La fórmula era clara.

Inés se había opuesto formalmente.

Y lo había hecho en nombre de sus hijos.

Eso reforzaba la imagen de una disputa real.

Diego podía haber asumido una administración.

Pero esa administración no había sido aceptada sin objeciones por la otra rama.

La versión posterior de una transición inmediata, pacífica y absoluta se alejaba cada vez más de lo que mostraban los documentos contemporáneos.

Martín aconsejó no buscar las piezas únicamente por sus títulos antiguos.

Después de una reorganización podían haber sido descritas por el tipo de acto.

Poderes.

Tutelas.

Administraciones.

Contradicciones.

La búsqueda se ampliaba.

Pero Martín añadió algo más útil.

—Busca al notario.

Si identificaban a quien había registrado aquellas actuaciones, podían reconstruir su serie aunque las piezas hubieran cambiado de legajo.

El nombre completo apareció aquella noche:

Gonzalo de Aranda.

Escribano público activo en Burgos durante el período crítico.

Un repertorio posterior indicaba:

“Aranda intervino en las diferencias de la casa de Valderrama tocantes a administración y sucesión.”

Ahí estaba la palabra que buscaban.

No se trataba únicamente de rentas.

Las actuaciones registradas por Aranda incluían cuestiones sucesorias.

Sus protocolos estaban muy dispersos.

Parte permanecía en Burgos.

Otra había sido trasladada.

Existían copias en Valladolid.

Y un conjunto incompleto había pasado por otra custodia antes de integrarse en un fondo distinto.

La dispersión era grande.

Pero por primera vez tenían un eje estable.

Un notario.

Un período.

Una serie documental.

Adrián permaneció un rato más revisando el índice asociado con Aranda.

Una entrada casi al final de la página llamó su atención:

“Relación de lo actuado por muerte de Fernando de Valderrama, con razón de menores y orden de administración.”

Debajo aparecía una remisión:

“Véase protocolo mayor, folio 18.”

Adrián dejó de moverse.

Era la misma referencia que llevaban días persiguiendo.

Pero ahora tenía contexto.

El folio dieciocho no parecía una escritura aislada.

Formaba parte de la relación de actuaciones surgidas después de la muerte de Fernando.

La minoría de sus hijos.

La administración.

Las cuestiones sucesorias.

Todo podía converger allí.

Hasta ese momento habían seguido rastros dispersos de Alfonso.

Ahora habían llegado al hombre que había registrado el conflicto.

Y detrás de Gonzalo de Aranda, con mucha más fuerza que antes, volvía a aparecer el folio dieciocho.