El Nombre Borrado (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo II) BLOQUE 2
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Martín Arce recibió las imágenes antes de que regresaran a Burgos.

Llamó casi de inmediato.

—La distribución no coincide con la frase actual.

Adrián puso el teléfono en altavoz.

Martín estaba comparando la hoja con la versión de Valladolid.

En aquel árbol, debajo de Fernando aparecían dos entradas breves.

Alfonso.

Beatriz.

La genealogía intervenida conservaba, bajo la corrección, una organización espacial compatible con dos entradas situadas en posiciones equivalentes.

Clara intervino.

—Eso no demuestra que sean esos nombres.

—No —respondió Martín—. Pero hace mucho menos probable que hubiera allí una simple anotación marginal.

La coincidencia estructural era fuerte.

Todavía no definitiva.

Martín había observado además otra diferencia.

La palabra sucesión no estaba escrita del mismo modo que en otras zonas del documento.

El copista principal utilizaba una forma bastante estable de la inicial.

En la frase corregida, la grafía era más compacta y la abreviación también cambiaba.

Podía tratarse de otra mano.

Probablemente posterior.

La intervención adquiría así mayor consistencia.

No solo existía una escritura anterior parcialmente retirada.

Había indicios paleográficos de que la frase que la sustituyó había sido añadida por alguien diferente del copista principal.

De regreso, Adrián colocó las versiones en orden.

La genealogía vinculada con Inés mostraba a Fernando con sus hijos.

La versión de Valladolid conservaba la misma descendencia.

Después aparecía aquella hoja intervenida:

Fernando de Valderrama — sin sucesión.

Y más tarde surgían genealogías donde Fernando desaparecía por completo.

Ya no estaban únicamente comparando interpretaciones entre documentos distintos.

Tenían una pieza de transición.

Primero existió una descendencia representada.

Después apareció una fórmula que la negaba.

Finalmente, determinadas genealogías dejaron de incorporar al propio Fernando.

Clara observó la secuencia.

—Hasta ahora podíamos pensar que cada escribano produjo una versión nueva para una función distinta.

—Sí.

—Aquí no.

En aquella hoja había existido un contenido previo.

Y una persona decidió modificarlo.

Eso suponía otro nivel de actuación documental.

Una nueva genealogía podía abreviar o seleccionar según su función.

Modificar físicamente una ya terminada implicaba intervenir sobre una información existente.

Elena llegó esa tarde.

Escuchó la reconstrucción y la redujo a los hechos comprobables.

Había escritura anterior.

Parte había sido retirada.

Después se añadió sin sucesión.

Lo que todavía no podían afirmar era qué decía exactamente el contenido borrado.

Clara añadió que la distribución era compatible con dos entradas y que las genealogías relacionadas incluían precisamente dos hijos.

Elena aceptó la inferencia siempre que se mantuviera formulada como tal.

No quería que una conclusión histórica más fuerte que la evidencia contaminara ninguna derivación contemporánea.

Después dejó otra impresión sobre la mesa.

Seis meses atrás, una sociedad de estudios patrimoniales legalmente constituida había solicitado aquella misma genealogía.

No había utilizado una identidad falsa.

La sociedad trabajaba para distintas colecciones privadas y había prestado servicios también a la Colección Velasco.

El investigador que realizó la consulta no era Llorca ni Raúl.

Era un tercero.

Según su declaración, recibió el encargo de buscar variantes genealógicas.

Reconocía saber de Fernando.

Negaba conocer la existencia concreta de Alfonso y Beatriz en aquella zona y también haber sabido que existía una corrección.

Pero la solicitud pedía imágenes de detalle del recuadro de Fernando.

Eso demostraba, como mínimo, que alguien había señalado dónde convenía mirar.

La indicación provenía de una nota de trabajo entregada por la sociedad.

La sociedad sostenía, a su vez, que respondía a instrucciones generales de un cliente.

La Colección Velasco figuraba entre los clientes vinculados con el proyecto.

Era una conexión.

No una atribución individual a Julián Velasco.

Julián aceptó hablar con Elena presente.

Adrián colocó delante de él la imagen.

Velasco reconoció conocer la genealogía desde hacía años.

También admitió que sabía que la frase sin sucesión podía ocultar una lectura anterior.

Clara preguntó por qué.

Julián tardó en responder.

—Porque la escritura no parecía original.

La sospecha provenía de una nota de su padre.

La generación anterior de los Velasco, que ya había investigado la fotografía de la sepultura y cuestiones de procedencia, también había trabajado sobre las genealogías.

La nota fue entregada esa misma noche.

Decía:

“Revisar copia donde Fernando figura sin sucesión. La lectura no parece original. Comparar con árbol de Castañeda.”

Otra línea añadía:

“Si debajo permanecen los hijos, cambia el valor de las genealogías posteriores.”

Aquello demostraba que la investigación era mucho más antigua de lo que Julián había reconocido al principio.

No demostraba un delito.

Investigar documentación familiar no era ilegal.

Ocultar inicialmente cuánto se sabía podía ser relevante para Elena.

Pero no convertía una búsqueda histórica en una operación criminal.