BLOQUE 3
La copia de Valladolid apareció mencionada en un inventario posterior.
No estaba completa, pero conservaba más información que la transcripción vinculada con los Castañeda.
El encabezado decía:
“Árbol de la casa de Valderrama por sus dos ramas principales.”
Ya no nombraba a Fernando y Diego.
Pero todavía reconocía dos líneas.
El lenguaje empezaba a cambiar.
La rama de Fernando seguía presente.
Alfonso figuraba.
Leonor también.
Después aparecía una mención genérica a descendientes por matrimonio.
La rama de Diego, en cambio, ocupaba mucho más espacio y estaba desarrollada mediante nombres completos, enlaces familiares y referencias al patronato.
No había una eliminación repentina.
Había un desplazamiento gráfico.
Fernando seguía existiendo dentro del árbol.
Pero dejaba de ocupar el centro.
Clara observó la estructura durante unos segundos.
—Es parecido a lo que ocurrió con la piedra.
Adrián la miró.
—¿En qué sentido?
—No eliminaron todo de una vez. Cambiaron el campo de lectura.
La comparación era útil siempre que no se confundiera con una prueba de coordinación.
En la sepultura, el nuevo asiento había modificado qué parte de la piedra permanecía visible.
En la genealogía, el diseño empezaba a decidir qué rama recibía desarrollo y centralidad.
Los procedimientos eran distintos.
La consecuencia sobre la lectura podía ser semejante.
La copia aportaba además el nombre de un nuevo copista:
Pedro de Ayllón.
Una nota inferior decía:
“Sacó este árbol de otro que se tuvo por antiguo.”
Ayllón no formaba parte estable del patronato.
Había trabajado para varias familias como escribiente y genealogista ocasional.
Eso reducía la probabilidad de que él hubiera iniciado la transformación.
Si recibió una versión ya disminuida, su papel podía haber sido simplemente transmitirla.
La siguiente pieza fue una carta.
No iba dirigida a Ayllón, aunque lo mencionaba.
La frase decía:
“Mándese copiar el árbol sin extender la línea apartada más de lo necesario para claridad de parentesco.”
Adrián dejó de leer.
Clara tomó la hoja.
Línea apartada.
Por el contexto, la interpretación más probable era que se refiriera a la rama de Fernando.
La firma estaba deteriorada.
Solo se conservaba la fórmula:
“por orden de la casa.”
Aquello ya no parecía una abreviación accidental.
Había una instrucción expresa para limitar el desarrollo de una rama.
No se ordenaba inventar parentescos.
Tampoco eliminar nombres por completo.
Se pedía reducir su extensión dentro del árbol.
La fecha era anterior a la copia de Valladolid.
Eso ofrecía una explicación directa para el menor desarrollo que luego presentaba la línea de Fernando.
Quién había impartido la orden seguía abierto.
La expresión la casa podía referirse al entorno que administraba la rama de Diego, pero no permitía atribuírsela a una persona concreta.
Elena consiguió acceso técnico al expediente.
La identidad falsa también había solicitado aquella carta.
No había obtenido una reproducción completa porque el archivo había restringido el acceso por motivos de conservación.
Clara examinó el original mediante procedimientos ordinarios.
La luz oblicua permitió recuperar parte de la presión dejada por una escritura cuya tinta había desaparecido.
No apareció un nombre completo.
Solo un fragmento:
“…el de Vald…”
Había un trazo anterior que podía corresponder a una D.
Eso hacía posible pensar en Diego de Valderrama.
Pero no era suficiente.
La atribución debía permanecer abierta.
La frase demostraba una decisión documental.
No quién la había tomado.
Adrián volvió a ordenar la secuencia.
Habían encontrado una genealogía donde Fernando y Diego seguían reconocidos como líneas de la casa.
Después aparecía otra copia donde ambas continuaban presentes, pero la de Fernando empezaba a perder desarrollo.
Entre ambas existía una instrucción que ordenaba no extender la línea apartada más de lo necesario.
Más adelante, la genealogía funcional del patronato directamente dejaba aquella rama fuera de la continuidad relevante.
Las versiones generales posteriores heredaban ese resultado sin conservar ya el motivo.
No parecía una única operación.
Era una evolución documental construida mediante decisiones distintas.
Y por primera vez tenían una frase que demostraba una de ellas:
“Sin extender la línea apartada más de lo necesario.”
Clara se apoyó en la mesa.
—Entonces sabemos que hubo otra genealogía, que distinguía las dos ramas y que siguió circulando. También sabemos que, en algún momento, alguien decidió reducir una de ellas.
—Sí.
—¿Qué falta?
Adrián levantó otra reproducción.
—Saber si alguna vez modificaron físicamente una genealogía existente.
Hasta entonces, todas las diferencias podían explicarse mediante nuevas copias.
Una hoja era sustituida por otra.
El contenido cambiaba durante la transmisión.
Pero si encontraban una intervención directamente sobre un documento ya escrito, el nivel de actuación sería distinto.
Clara siguió su mirada.
Debajo de uno de los nombres había una zona ligeramente más oscura.
No bastaba para concluir nada.
La ampliación mostraba una sombra irregular y una presión que no coincidía del todo con la escritura visible.
Podían ser restos de una lectura anterior.
También podían responder a otra causa material.
La reproducción no permitía decidirlo.
Necesitaban el original.
Clara levantó la vista.
—Entonces la próxima pregunta está dentro de una sola hoja.
Adrián asintió.
Si había escritura bajo la tinta visible, la transformación documental ya no estaría únicamente en la cadena de copias.
También podía haber quedado atrapada físicamente en el documento.