CAPÍTULO 10
LA MUJER QUE ÉL AMABA
Cuando finalmente me encontró, yo tenía un arma en la mano.
—Llegaste tarde —dije.
—Siempre llego tarde contigo.
—Vete.
—No.
—Adrián, esta vez hablo en serio.
—Yo también.
Se acercó.
—Dime que nunca me amaste.
No pude.
—Dímelo.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—No puedo.
Él tomó mi rostro entre sus manos.
—Entonces deja de huir.
—No puedo estar contigo.
—¿Por qué?
Lo miré.
—Porque yo maté al hombre que inició todo.
Silencio.
Adrián dejó de respirar por un segundo.
—¿Qué?
—Y tú llevas meses buscando a la asesina.
Bajé el arma.
—Soy yo.