El humor de McGuinnes
L e entrego al comisario McGuinness una versión mejorada del mapa que ha hecho a mano Insausti. ¿Quién lo pasa a limpio? Por supuesto que la subinspectora con una app de su móvil.
—¿Cuándo cree que podría darnos las imágenes de todas esas cámaras de los días previos al robo y del mismo día?
McGuinness observa en su ordenador la imagen que le hemos mandado por email y se mesa la perilla.
—No lo sé, inspector. Son muchas cámaras.
—Lo entiendo, pero es más que probable que en esas imágenes esté el culpable de nuestro caso.
—Tendrá mismo disfraz que en vídeos del banco. ¿Por qué tan importante?
—Por eso le pedimos la de los días previos —ataja Olga—, y no solo las del día del robo.
McGuinness sigue sin estar convencido.
—Lo voy a pedir, pero llevará tiempo.
—¿Cuánto? —pregunta Olga, nerviosa.
—No sé, inspectora, no sé.
Se produce un breve silencio, que rompo.
—También necesitaría las grabaciones de la frontera.
—¿Cómo?
—Sí, de la entrada a Gibraltar. ¿Cuántos días guardan esas imágenes?
—Muchos, inspector, muchos —responde el comisario sonriendo.
—¿He dicho algo gracioso?
—Sí, inspector.
El comisario McGuinness se levanta, y me dan ganas de agarrarlo de la perilla y sentarlo de nuevo en su cochambrosa silla. He dicho algo que le provoca esa sonrisa sarcástica. Y, debido a las circunstancias del caso, exploto.
—McGuinness, es la primera vez que vengo a Gibraltar.
Debe usted saber que no estoy al tanto de todos los detalles de la zona.
Por eso hemos venido aquí en lugar de solicitar a Interpol que nos deje campar a nuestras anchas por su roca, así que haga el favor de decirme qué le provoca tanta risa o facilítenos las grabaciones que le pedimos antes de provocar un conflicto entre su cuerpo y el mío.
McGuinness se para en seco, mira a la traductora que le aclara algo que otra vez mi nivel medio no me deja comprender.
—No se enfade, inspector. No creo que ningún delincuente entre por la verja, como ustedes llaman.
—¿Entonces por dónde coño entran?
McGuinness vuelve a mirar a la traductora, que agacha la cabeza para evitar traducir la palabra.
—Por el mar.